Miércoles 4 de julio: ACTO CONTRA LAS CESANTÍAS frente al RECTORADO.

Tras el multitudinario acto en el auditorio de la Facultad de Sociales (ver video:http://player.vimeo.com/video/44063993), la AGD UBA y la comisión de docentes amenazados convocan para el miércoles 4 de julio, a las 11hs., a un gran acto, clase pública, frente al Rectorado (Viamonte 444). Para que los decanos y el Rectorado cumplan con la Ley 26508. No, a las cesantías docentes.

El equipo jurídico de AGD ha vuelto a presentar un amparo colectivo y una medida cautelar ahora con el listado completo de los 642 compañeros docentes a quienes pretenden cesantear ahora el 31 de julio.

Lo hemos reiterado en varios comunicados e intervenciones: si vulneran un derecho conquistado, todos los demás derechos están amenazados. Por eso convocamos a todos los compañeros y compañeras docentes a acompañar y participar de la clase pública con este reclamo. Y al mismo tiempo hacemos extensiva esta convocatoria al movimiento estudiantil y los no docentes.

Porque no vamos a dejar que cesanteen a ningún docente. Porque vamos a seguir exigiendo que se cumpla con la Ley. El miércoles 4, vamos todas y todos al Rectorado de la UBA.

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El Frente de Izquierda convoca a la jornada del miércoles 27

En la tarde de este sábado, la Mesa del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) se reunió para fijar posición sobre la jornada convocada para este miércoles 27 de junio. Al cabo de la reunión, se emitió el siguiente comunicado.

 

El Frente de Izquierda y de los Trabajadores adhiere y convoca a la jornada de movilización y paros del próximo miércoles 27 de junio con el siguiente programa, que debe imponerse con un plan de lucha nacional de todos los sindicatos:

-Derogación del impuesto al salario.

-Asignaciones familiares para todos los trabajadores.

-Paritarias sin techo.

-Salario igual a la canasta familiar, indexado con la inflación.

-Pago en término de salarios y del medio aguinaldo.

-Por el fin de las tercerizaciones y el trabajo precario.

-Ni despidos ni suspensiones. Que la crisis la paguen los capitalistas.

Denunciamos la escalada represiva del gobierno kirchnerista, que envió a la Gendarmería contra la huelga camionera. Esa huelga, que despertó la simpatía de amplios sectores de la clase obrera, fue cerrada por Moyano con un aumento anualizado de sólo el 19%, dentro del “techo” pactado entre el gobierno y la UIA. La política de la burocracia sindical, de colocar a los reclamos obreros a la cola de los Kirchner, por un lado, o de los Scioli, Macri, Alfonsín o Binner, por el otro, conduce a nuestras reivindicaciones a una vía muerta.

Por eso vamos a la Plaza a defender un programa del conjunto de la clase obrera y la independencia política de los trabajadores.

Llamamos a todo el sindicalismo combativo, antiburocrático y clasista a confluir con estas banderas el próximo 27.

Frente de Izquierda y de los Trabajadores

Partido ObreroPartido de los Trabajadores SocialistasIzquierda Socialista

www.po.org.ar
www.pts.org.ar
www.izquierdasocialista.org.ar

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TRES MIL FIRMAS PARA PARAR LAS CESANTÍAS EN LA UBA



”PAREMOS LAS CESANTÍAS MASIVAS EN LA UBA!!!

Para adherir ingresar en  http://cor.to/cesantias

ACTO CLASE MAGISTRAL

Viernes 8 de Junio – 19 hs

Hall de la Facultad de Ciencias Sociales (sede Constitución)

Santiago del Estero 1029

 ¡ NO A LA DESTRUCCIÓN DE LA UBA !

VER TODAS LAS FIRMAS

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Paremos las cesantías masivas en la UBA – Viernes 8: clase magistral

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Carta pública a (todos) los miembros de la UBA (Eduardo Grüner)

Compañeros, colegas, amigos, conocidos, “público en general”:

El conflicto por los horriblemente llamados “jubilables” de la UBA podría estar alcanzando en las próximas semanas un punto culminante. Ya ha habido notas en los medios, programas de radio, circulan solicitadas y petitorios, hay miles de firmas en solidaridad con los afectados, y el 8 de junio se está preparando un gran acto bajo el formato de “clase magistral” a cargo de algunos / as afectados / as, deseablemente con presencia de los medios y de legisladores que votaron la Ley 26508 del año 2009, y que el rectorado desobedece con argumentos francamente deleznables.

Todo esto, sin embargo, con ser mucho, todavía no es suficiente. Ni siquiera todos los afectados, menos aún todos los miembros de la comunidad universitaria, no digamos ya la sociedad argentina en general –que es la que sostiene a la UBA con sus impuestos-, tiene una idea acabada de lo que se está jugando, de la ferocidad inaudita de esta embestida contra la mayor casa de educación superior del país (y probablemente del mundo: sí, del mundo , puesto que con nuestros 320 000 estudiantes ya somos más grandes que la UNAM, que tiene 14 veces más presupuesto que la UBA). La posible “liquidación”, por medio de una acción ilegal, de alrededor de 650 docentes de todas las categorías es una amenaza que de ninguna manera  pierde su vigencia por el hecho de que sus designaciones hayan sido precariamente renovadas hasta el 31 de julio. Más bien al contrario, esta “renovación” se vuelve harto sospechosa justamente porque  ha trascendido la promesa “extraoficial” de que luego se extenderá hasta el 31 de diciembre (y no al 31 de marzo, como es la costumbre académica): ¿por qué entonces no hacerla directamente  hasta esa fecha (lo cual de todos modos sería improcedente, pues debería hacerse al menos por cinco años más)? ¿Se está especulando con un “retroceso” motivado en nuevas “esperanzas” que permita seguir con las acciones? En todo caso, es un método que bien puede calificarse de sembrador de terror: crea incertidumbre, nadie está seguro de si le va a tocar o no, etcétera. Y no son solamente los mayores de 65 años los que de pronto han sido sumidos en ese túnel de inseguridad: ya los que hoy tienen 63 o 64 tienen que ir poniendo “las barbas en remojo”.

Sea como sea, de lo que se trata es de un gigantesco ajuste, no solamente económico, sino integral. Ya sería suficientemente catastrófico que se lograra echar (porque eso es lo que es: un despido sin preaviso ni indemnización, disfrazado de “jubilación” forzada e –insistamos en esto- ilegal ) a la “materia gris” más probada y de mayor experiencia de la Universidad, hombres y mujeres en plena actividad productiva en los campos de la enseñanza, la investigación, la extensión y la transferencia de saberes de todo tipo, la publicación de libros y artículos, y a la cual se la maltrata y humilla de la manera más desconsiderada haciéndole saber vía Banelco que no existe más para la Universidad, después de haber servido lealmente a la UBA durante décadas, y sin considerar la situación particular de tantos de ellos / as que por la propia historia del país de la cual fueron víctimas (exilio, imposibilidad de trabajar durante la dictadura) no ha podido sumar los años de aporte necesarios para recibir una jubilación digna, o que aún sumándolos, y creyéndose “amparados” por una Ley (votada por unanimidad del Congreso de la Nación en 2009), no ha iniciado sus trámites de jubilación, con lo cual de un día para el otro y sorpresivamente se los deja en la calle en el más pleno desamparo –situación doblemente grave en las facultades “no profesionalistas” donde la mayoría de los afectados vive exclusivamente de la docencia-. Hasta la peor de las empresas privadas está legalmente obligada a dar un mes de preaviso y la indemnización correspondiente al empleado que despide.  La UBA, evidentemente, no.

Pero aún al margen de tales consideraciones “humanitarias”, esta política intempestiva atenta de manera brutal contra la normalidad del trabajo académico en general. Significa  el desmantelamiento de cátedras enteras, de equipos de investigación, de  colectivos de producción científica e intelectual en todos los campos del conocimiento. Vale decir: no se trata tan sólo de los directamente golpeados, lo que ya sería suficientemente grave. Es toda  la comunidad universitaria (docentes y estudiantes), es toda  la práctica vinculada a la creación de saber la que sufrirá un empobrecimiento desastroso.

Pero este es sólo un  aspecto. Este “ajuste” viene a sumarse a los tantos otros “ajustes” permanentes  con los que tenemos que convivir, y que en cierto modo hemos “naturalizado”: por ejemplo, la existencia de algo así como un 30 % de docentes de la UBA llamados ad honorem , que sostienen las “trincheras” de la enseñanza, y a los que se les hace el “honor” de permitirles trabajar sin cobrar un centavo (o sea, poniendo plata de su bolsillo para trasladarse, comprar libros y materiales y demás), en lo que significa de hecho un sistema de trabajo cuasi-esclavo; o la existencia, entre los que sí cobran un magro salario, de algo así como un 70 % de docentes “interinos”, no-concursados, vale decir “inestabilizados” por la desidia, el atraso o el desinterés (desinterés bien interesado , en muchos casos) en el llamado y sustanciación de los concursos (vale la pena recordar que uno de los argumentos contra los “jubilables” que sí están concursados es que sus concursos están vencidos, como si su no renovación fuera culpa de las víctimas).

Es decir: bastan estos datos rápidos para advertir que la UBA es hoy la institución estatal con el índice más alto de precariedad laboral en todos los sentidos. Algo que debería ser absolutamente intolerable que ocurriera en cualquier lado –sobre todo en épocas en que tanto se nos señala la “recuperación de derechos”-, y con mucha más razón para una institución consagrada a la formación científica, intelectual y cultural de miles y miles de jóvenes que constituyen, también se nos dice, el denominado “futuro de la nación”.

Sin embargo –seamos sinceros con nosotros mismos- en general lo estuvimos tolerando. Aunque tenemos nuestras agrupaciones gremiales, nuestros sindicatos y nuestros ámbitos de reunión colectiva, la propia dispersión de nuestra presencia física en las facultades (que en sí misma es una consecuencia del “ajuste permanente”, ya que nuestros edificios no cuentan con los espacios adecuados, en muchos casos ni siquiera los espacios adecuados para trabajar ), sumado a que estamos obligados a correr de un lado a otro para juntar de manera dislocada el dinero para llegar a fin de mes, y a cierto “individualismo competitivo” característico de la naturaleza de nuestro trabajo –muchas veces solitario- ha provocado esa “naturalización” del desastre que estamos describiendo.

Pero estamos llegando, al mismo tiempo, al límite de lo soportable. Entendámonos, por favor: se trata de la UBA, un lugar al que muchos amamos sinceramente y le hemos dedicado una buena parte de nuestras vidas. La docencia no es un trabajo de oficina, burocrático, rutinario, donde marcamos el reloj a la entrada y la salida, y de puro tedio nos escapamos a tomar un cafecito cuando el jefe no mira. La docencia es para el docente (primario, secundario o universitario) su existencia misma. Lo que le pase a la UBA nos pasa a nosotros mismos, en nuestras cabezas y en nuestros cuerpos.

Entonces, ¿nuestras cabezas y nuestros cuerpos van a seguir fingiendo que todo esto es “normal”, que quizá tiene sus problemitas y sus molestias, pero nada que no suceda en cualquier trabajo? No, no podemos. Nuestra dignidad humana y la dignidad de la UBA como institución están en la picota.

La cuestión es, por otra parte, profundamente política, en el más alto y noble sentido de la palabra. Es hora, en la UBA y en todas partes, de devolverle a esa palabra toda su altura y su nobleza. De no permitir que se la bastardee para los intereses mezquinos de camarillas semiocultas e irresponsables, que producen estos verdaderos atentados, incluso contra el propio lenguaje. Por ejemplo, al invocar nada menos que la “autonomía” (esa gran conquista de la Reforma de 1918) para producir este “ajuste” salvaje contra las propias condiciones mínimas de trabajo en la institución para cuyo trabajo fue conquistada esa autonomía. Es, esa invocación, una obscenidad perversa.

La sociedad para la cual trabajamos, la que paga nuestros salarios, no se merece este tipo de afrentas. Es ya en este primer sentido que decimos que la cuestión es profundamente política: en el sentido de que la polis, la comunidad de los ciudadanos, es aquella ante la que debemos rendir cuentas, y es la que en su conjunto  debe tomar riendas en el asunto. Pero para que eso sea posible, debemos empezar por informarla y convocarla.

Hay también otros sentidos más precisos y “concretos” en los que esta es una cuestión política. Otro de los argumentos “perversos” que se nos da es que los docentes “mayores” deberían dejar el lugar a los más jóvenes que vienen “empujando”.  O sea, encima de perjudicarlos abusivamente desconociendo el derecho  que les otorga una Ley nacional que contempla la opción por cinco (cinco, no veinte) años más, se los acusa de “taponar” el ascenso de los jóvenes, así como de estar “reteniendo” salarios que podrían usarse para rentar a una parte de los ad honorem . El viejo truco de dividir para reinar. Pero –aparte de expresar una ideología canallescamente neoliberal basada en una competencia “generacional” por el acceso a los recursos escasoseste argumento mezquinamente “administrativista” no resiste el menor análisis de política académica racional: con la mayoría de las cátedras sobresaturadas de estudiantes y subdotadas en términos de recursos humanos (pocos auxiliares sobreexplotados trabajando en la precariedad que ya vimos), lo racional sería desdoblarlas, crear nuevas cátedras para las mismas materias, sustanciar concursos, así “haciendo lugar” para los docentes jóvenes, y al mismo tiempo respetando los derechos de los actualmente al frente de esas cátedras.

Por supuesto, ello implicaría la decisión política de pugnar por un sustantivo incremento de presupuesto para la UBA (cuyos recursos están atrasadísimos no solamente en términos salariales, sino infraestructurales, edilicios, etcétera), y esto es lo que la actual conducción de la UBA no está dispuesta a hacer, sustituyendo esa política justa por una verdadera “guerra del cerdo” contra los docentes “mayores”.

¿Por qué no está dispuesta a hacerlo (como tantas otras cosas que harían falta)? Esta es una segunda dimensión de política “precisa y concreta”. La conducción de la UBA es hoy una estrecha entente  entre sectores cercanos al gobierno nacional, sectores de la UCR y sectores vinculados al PRO. Los que en el plano de la política nacional aparecen como adversarios irreconciliables conforman al interior de la UBA una bien coordinada SRL (Sociedad de Responsabilidad Limitadísima) cuya función principal, más allá de los posicionamientos políticos individuales, parece ser la de garantizar la autoreproducción in aeternum  de ese círculo de poder, de una suerte de “oligocracia” superestructural ajena a la vida cotidiana, material y concreta de las “bases” (docentes, estudiantes, no-docentes) que sostienen el trabajo universitario día a día, hora tras hora.

Discutir a fondo cuestiones como la presupuestaria significaría, para este grupo, entrar en estado de potencial conflicto con el gobierno y los partidos o grupos políticos que los sostienen. Eso –que además implicaría una movilización masiva del conjunto de la comunidad universitaria en apoyo a los reclamos- no pueden permitírselo: pondría en riesgo aquella autoreproducción permanente y su aferramiento al poder. No es verdad que en la UBA haya hoy “democracia”. En los hechos es una ínfima minoría la que está en posición de tomar las decisiones importantes, ya que por ejemplo –en otra vuelta de esta espiral hecha de círculos viciosos- la inmensa mayoría constituida por los docentes “interinos” no tiene derecho a formar parte de los consejos directivos de las facultades sino a través de la muy discutible ficción de los “graduados”. Ni hablemos de un sistema de representación “indirecta” que permite un férreo control de los padrones electorales (y esa es una razón nada menor del “cajoneo” de los concursos, sean puros o de renovación), de tal modo que hace ya décadas que se llega a las Asambleas universitarias sin las potenciales sorpresas proporcionadas por un auténtico debate plural, sino con todo bien “atadito” por los cabildeos desarrollados entre unos pocos en los pasillos y las oficinas oscuras.

Hace ya mucho tiempo que se requiere imperiosamente de una transformación profunda de los estatutos de la UBA, y muy particularmente de sus formas de gobierno, una transformación orientada a otorgar una auténtica ciudadanía universal  a todos sus miembros, incluso poniendo en discusión muchas características del sistema de “claustros”. Para decirlo sucintamente: en la UBA ya resulta indispensable una gran segunda Reforma Universitaria, que la ponga “al día” con la “democracia radical”. Desde ya: para hacer esto –para hacer algo que no significa ninguna extrema “revolución maximalista”, sino sencillamente poner a la UBA “dentro de la ley”, como cuando se le pide que simplemente acate la Ley 26509- va a haber que pelear; el anquilosamiento en el poder de la SRL es pétreo, y no va a ser fácil sacudirlo.

Finalmente, y ampliando el círculo, hay una responsabilidad política del Estado nacional que no puede ser soslayada. La autonomía de las universidades nacionales lo es por supuesto respecto del gobierno, de los partidos políticos, de las empresas y corporaciones privadas y demás. No puede serlo de ninguna manera  respecto de la sociedad que la sostiene y para la cual, como ya hemos dicho, la Universidad trabaja. Por otra parte, la UBA no es  económicamente autónoma: siendo estatal y gratuita –y esta es una condición que debe ser mantenida y defendida a rajatablas- depende financieramente del Estado nacional. Es también a él, y no solamente al gobierno de la UBA, al que hay que exigirle que se haga cargo racionalmente de su mantenimiento, su crecimiento y su adecuado funcionamiento. Así como es el Estado nacional el que debe garantizar –a través de los mecanismos judiciales y / o parlamentarios que correspondan- que una institución estatal  como la UBA acate las leyes del Congreso y el Estado, como en el caso de la 26509. No se puede permitir que nada menos que la Universidad más grande de la Argentina (y probablemente del mundo, como decíamos) esté lisa y llanamente fuera de la ley.

Habría muchísimo más que discutir, incluso desde una perspectiva “filosófica” muy amplia. ¿Qué significa en la sociedad actual haber alcanzado la eufemísticamente llamada “tercera edad”? Por poner un ejemplo grosero, ¿significa lo mismo, digamos, para un trabajador minero o un peón rural sometido a intenso desgaste físico, que para un docente universitario o un intelectual en general, que en condiciones normales a esa edad conserva y aún puede acrecentar los recursos de su trabajo mental? El hecho de que el sistema capitalista global esté estructurado sobre una rígida e irracional división entre el trabajo “manual” y el “intelectual” –algo que además en las últimas décadas ha cambiado sustancialmente, por lo menos en las ramas más tecnificadas de la economía- ¿significa entonces que no  debemos tomar en cuenta los efectos de esa diferencia, cuando al mismo tiempo nada hacemos para transformar de raíz ese sistema?

También podríamos discutir qué significa hoy producir  intelectualmente dentro de una institución como la UBA. Desde luego, no es siempre imprescindible ser un universitario diplomado, o ser profesor universitario, para tener una producción intelectual crítica e interesante. Maquiavelo, Spinoza, Marx, Freud, jamás dieron clase en una universidad. A Walter Benjamin le fue rechazada su tesis de habilitación (que se transformaría en ese extraordinario libro titulado El Origen del Drama Barroco Alemán) para la Universidad de Berlín. Entre nosotros, Jorge Luis Borges no alcanzó nunca el título universitario. Ahora bien: ¿pueden esos casos excepcionales ser tomados como ejemplos para negar que gran parte del mejor trabajo intelectual es desarrollado por quienes son también  docentes universitarios, y lo es hasta mucho después  de los famosos 65 años (en algún otro lado hemos citado casos canónicos como los de Claude Lévi-Strauss o Hans-Georg Gadamer, fallecidos respectivamente a los 101 y 104 años en pleno ejercicio de la docencia y la escritura; en la propia UBA podemos citar ejemplos recientes como los de David Viñas o León Rozitchner, ambos fallecidos a los casi 90 años en plena actividad)? Y que no se nos diga que los profesores “mayores” de la UBA pueden ser contratados o declarados consultos. En primer lugar, eso no soluciona el problema de los docentes mal llamados “auxiliares” que hace años y años que esperan sus concursos cuando han alcanzado su edad “provecta”. En segundo lugar, aún los profesores (titulares, asociados o adjuntos) son contratados o consultos con una renta paupérrima que en la mayoría de los casos se reduce a una dedicación “simple” sin consideración de la antigüedad. Es decir: volvemos al debate presupuestario y todas sus ramificaciones políticas  que ya hemos enumerado.

Y de todas maneras, para volver a la pregunta: ¿qué significa realmente  nuestro trabajo intelectual en la UBA? No es un secreto que el mismo está cada vez más constreñido por un sistema crecientemente “productivista”, tecnocrático y burocrático (“kafkiano” en el sentido vulgarizado del concepto) bajo el cual se termina “premiando” (es una manera de decir) con becas, subsidios e “incentivos” –otro eufemismo perverso para hablar de compensaciones “en negro” a los salarios insuficientes- se termina “premiando”, decíamos, la repetición o el reciclaje anodino y rutinario de siempre los mismos papers  para congresos inconducentes o revistas “indexadas”, los resultados de enjundiosas investigaciones Ubacyt son sepultados en algún archivo mohoso al que nadie jamás tendrá acceso, mientras muchos que escriben voluminosos e importantísimos libros no reciben el más misérrimo “puntaje” con el cual engrosar su curriculum vitae .

En fin, ¿para qué abundar? Por donde le busquemos la vuelta, la conclusión es siempre, dramáticamente, la misma: la UBA está en franca crisis. Así, no da para más, y sólo puede retroceder hacia un tobogán de patética decadencia. Hemos llegado al punto en que se nos obliga a decir –con un lenguaje anacrónicamente reminiscente de la filosofía de las Luces del siglo XVIII- que este embate contra los “jubilables” es el síntoma de una política de barbarie, oscurantismo y sinrazón. No obstante, la UBA sigue siendo –casi exclusivamente por el trabajo apasionado y “a pulmón”, en las peores condiciones, de aquellos docentes, estudiantes y no-docentes que la siguen amando pese a todo- una de las dos o tres universidades más prestigiosas de América Latina. Es nuestra tarea defenderla, allí donde sus desautorizadas autoridades no lo están haciendo (y al contrario, consciente o inconscientemente están contribuyendo a su catástrofe).

Afortunadamente, la comunidad universitaria ha demostrado tener aún capacidad de reacción. El escándalo de los “jubilables” ha operado como el emergente de un malestar estructural que parece estar encontrando en ese pre-texto  (en el mejor y estricto sentido del término) una vía para volver a poner en el tapete las cuestiones profundas de su malfuncionamiento. Más allá de que puedan “solucionarse” (ni siquiera sabemos bien qué querría decir esto) los injustos casos particulares, el actual “encrespamiento” de las aguas debería servir para ahondar en el debate de una buena vez, para “patear el tablero” en la más saludable de las acepciones de esa expresión.

La acción más inmediata que podemos realizar es la de aportar de todas las formas que se nos ocurra para hacer que el acto político-académico del 8 de junio sea, como dijimos, un acontecimiento multitudinario y radicalmente democrático de denuncia y reflexión crítica. Distribuyamos esta convocatoria entre todos nuestros amigos, colegas, conocidos, familiares, contactos personales, políticos, mediáticos o lo que fuere, tanto dentro como afuera de la UBA e incluso de los ámbitos educativos, ya que, repetimos, este debería ser un tema de interés general y urgente para toda la sociedad nacional y, si fuera posible, internacional. Pero además, el acto del 8 de junio debería ser tan solo un punto de partida. Si queremos aunque sea orientar el proceso hacia los problemas de fondo, deberemos seguir bregando más allá de él y continuadamente por los medios más intelectual y políticamente rigurosos y consecuentes, pero también los más creativos y plurales. ¿Conocemos artistas, escritores, grupos de teatro, cineastas, poetas, científicos, periodistas, músicos, diseñadores, bailarines, “graffiteros”, lo que sea? Activémoslos. Convoquémoslos a que, haciendo lo que mejor saben hacer, “inventen” modos múltiples de hacer llegar esta problemática y este debate al espacio público, por supuesto los universitarios, pero también las calles, las plazas, los medios de transporte, los lugares de trabajo y reunión.  Transformemos el debate sobre la UBA en una gran movilización de las más creativas energías sociales. Desde ya, hay infinidad de otras situaciones sociales, políticas y culturales que pueden ser tanto o más importantes que la crisis de la UBA. Pero ahora es esto lo que tenemos entre manos. Y es una causa más que justa, que seguramente sensibiliza a una sociedad que fácilmente y por excelentes razones puede sentirla como suya. No desperdiciemos la oportunidad de una discusión importante, bajo la consigna más general pero también más estricta posible: No a la destrucción de la UBA.

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Declaración de intenciones de la revista de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT

La revista que con estas líneas inauguramos tiene un origen particular que le asigna un propósito político definido. Nace de la actividad de un numeroso agrupamiento de hombres y mujeres del quehacer intelectual, universitario, científico y artístico, quienes desde 2011 nos convocamos en asamblea para dar nuestro apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT). Desde entonces, los militantes de los partidos que conforman el FIT –el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores por el Socialismo e Izquierda Socialista–, junto a diversos colectivos y compañeros independientes, venimos trabajando en conjunto en este espacio de la Asamblea que, con esta publicación, se da un nuevo modo de expresión.

Nos ha impulsado la convicción de que una izquierda que merezca tal nombre tiene que ofrecer una alternativa política autónoma, clasista y socialista; y no ir a remolque, como las diversas alternativas de centroizquierda, de las opciones burguesas en disputa, sean éstas las del gobierno kirchnerista, las de la llamada “oposición” o las de cualquier variante frentepopulista. El rasgo en común a los programas de todas ellas reside en una impotencia: el no poder dejar de ser intentos de readecuación del capitalismo en crisis.

El desarrollo del Frente de Izquierda se ubicó como un punto de referencia para un amplio conjunto de intelectuales que decidieron colocar sus ideas, energía y compromiso al servicio de los trabajadores, luchando contra los capitalistas y su régimen social. Pocas semanas después de la conformación del Frente, surgió la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas saludando el surgimiento del FIT, que planteaba como perspectiva política: que la crisis la paguen los capitalistas y no los trabajadores, y por el desarrollo de una alternativa anticapitalista. La Asamblea se planteó no sólo como un agrupamiento de apoyo electoral al FIT, sino que en todas sus reuniones abrió también sus deliberaciones para que se expresaran las luchas y representaciones del nuevo sindicalismo combativo.

Transitamos un tiempo en el que el mundo de la intelectualidad y de la cultura local no ha podido evadir la asunción de posiciones políticas más o menos explícitas. No es casual.

Nuestra realidad está atravesada por una crisis del sistema capitalista de magnitud histórica, que ha planteado en una nueva escala las posibilidades para la crítica y la acción socialistas. Entendemos que la actividad crítica debe estar dirigida contra el orden social existente y sus diversos defensores.

Mientras la burguesía y sus representantes estatales discuten medidas que se revelan impotentes para controlar la crisis, lo que se muestra con mayor realismo es que las “salidas posibles” consisten en una mayor explotación de los trabajadores y las masas populares. Esto es lo que está incentivando la generalización de levantamientos, focos de resistencia y movilizaciones obreras y populares, reavivando la lucha de clases a nivel internacional: desde la “primavera árabe”, pasando por los fenómenos de lucha juvenil y estudiantil que han despuntado en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, hasta las huelgas que se multiplican en Europa.

Mientras en todas las latitudes se observa como los Estados utilizan el monopolio del poder para operar un rescate transitorio del régimen social afectado alterando todas las relaciones sociales, nuestro objetivo es la conquista de un gobierno de los trabajadores mediante la movilización revolucionaria de la clase obrera y el conjunto de los explotados.

El rol del Estado burgués, como garante de las relaciones capitalistas, se evidencia ante esta crisis del capital. En contraposición, reafirmamos la defensa de la dictadura del proletariado y de los organismos de autodeterminación de las masas, apuntamos a la destrucción del Estado burgués y el establecimiento de la dominación política de la clase obrera, expropiando a los capitalistas. La dictadura del proletariado que Marx supo oponer a la dictadura del capital, significa también la consideración de una política progresiva hacia la anulación de toda forma de Estado a través de la permanencia de la revolución.

La perspectiva de esta alternativa de poder no puede darse en los marcos limitados de los Estados nacionales, la crisis del capital a escala mundial marca el carácter internacional necesario de la revolución socialista.

En el contexto de la crisis capitalista se profundiza la opresión imperialista. La imposición de brutales planes de ajuste por parte de Alemania y Francia a los eslabones débiles como Grecia es una muestra de esta dinámica, al tiempo que las burguesías de todos los países apelan al racismo y la xenofobia como medio para enfrentar a los trabajadores entre sí y desligar la responsabilidad de los capitalistas y sus Estados. Asumimos como punto de partida la defensa incondicional de todas las nacionalidades oprimidas en sus enfrentamientos con el imperialismo y el apoyo a las guerras de liberación nacional.

En este marco, y al servicio de organizar y elevar a los trabajadores a la lucha por su propio gobierno, se presenta como perspectiva política la integración en una Federación Socialista de América Latina ante los bloques capitalistas.

En nuestro país los espectros de la crisis perfilan su sombra: el gobierno de Cristina Kirchner procede a descargar la crisis mediante la modalidad del ajuste y los tarifazos. El proceso electoral estuvo condicionado por una fuga de capitales galopante a favor de los monopolios financieros, industriales y exportadores. No había pasado un mes de las elecciones presidenciales de octubre y ya se habían producido suspensiones, recortes de horas extras y despidos de contratados en diversas empresas y reparticiones del Estado. La mandataria inauguró las sesiones legislativas atacando a los docentes y defendiendo el modelo privatizador de los noventa en los trenes, dando cuenta de que su mentado “capitalismo en serio” está basado en bajos salarios y la connivencia de funcionarios y empresarios; unos días antes, ese modelo había provocado un nuevo crimen contra el pueblo trabajador en Once; pocas semanas después volvió a mostrar su rostro en las consecuencias para nada naturales del temporal de Semana Santa que sufren aun miles de familias trabajadoras.

Entretanto, el otrora discurso de los DDHH pasó a ser la abierta defensa del espionaje, la persecución y la criminalización de la protesta social a través de la Ley Antiterrorista, el Proyecto X, las causas judiciales abiertas a delegados sindicales, luchadores sociales y dirigentes estudiantiles, y los más de 5.000 procesados por luchar. Se ha abierto una etapa política decisiva en la experiencia popular respecto del kirchnerismo, como también un debate crucial respecto de la salida a la crisis que debe encontrar al Frente de Izquierda con planteos políticos de fondo.

Los distintos sectores de la intelectualidad alineados con el gobierno nacional persisten en la defensa del “modelo kirchnerista”, ya sea justificando cada una de sus medidas a rajatabla, aunque ello signifique desdecirse hoy de lo dicho ayer, o bien transformando las regularidades en “anomalías” y las restauraciones en cambio, para terminar de expropiarle a su práctica intelectual la necesaria dimensión crítica.

Pretendidos adalides del debate político y de una presunta batalla cultural, en verdad, plantean un debate anacrónico, despolitizado y, en no pocas ocasiones, encubridor de las peores miserias del régimen de turno. También es parte de nuestra delimitación política una diferenciación clara con otros intelectuales que, desde una perspectiva opositora al gobierno nacional, no pasan de una “moderada crítica” en clave liberal. Son ajenos a los reclamos de la clase trabajadora y en muchas ocasiones terminan como caja de resonancia de las aspiraciones de fracciones capitalistas que ocasionalmente pueden aparecer enfrentadas al gobierno nacional.

La reciente discusión sobre Malvinas mostró claramente las características de los contendientes. Mientras las cartas y los argumentos se mantienen con el gobierno, que pretendió utilizar el aniversario de la guerra para dar una pátina “nac&pop” a sus favores a las multinacionales que saquean el continente, entre ellas varias inglesas; quienes pretendieron ser “críticos por izquierda” del gobierno no solo mostraron la endeblez de su plataforma sino que apelaron a la “autodeterminación” de los isleños, el mismo argumento con que los ingleses justifican su ocupación. En ningún caso son afectados los intereses de los capitales ingleses.

La posterior decisión del gobierno de tomar el 51% de YPF es una medida de emergencia tomada por los mismos que impulsaron la privatización, ante la evidencia de un colapso en el esquema energético y la incapacidad de seguir pagando la factura por importación de combustibles, en un cuadro de fuga de capitales y escasez de dólares. La medida busca echar mano de la caja de YPF y, al mismo tiempo, mantiene un planteo privatizador abriendo la puerta a nuevos monopolios imperialistas. Planteamos que el 100% de YPF debe ser expropiada, sin compensación alguna, y pasar a manos del Estado bajo el control y la gestión de los trabajadores; nos oponemos a que se pague un solo centavo a Repsol y nos delimitamos claramente de todas las críticas que se colocan en el campo de defender los intereses de Repsol y el imperialismo.

Es en este escenario que se ha desarrollado la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores. En numerosos encuentros con centenares de compañeros en las aulas de distintas facultades, en declaraciones públicas, jornadas de debate y polémicas y en su blog, la Asamblea formó parte del desarrollo del FIT, que dejó planteado de cara a la ciudadanía popular la construcción efectiva de una oposición de izquierda no sólo al gobierno sino al conjunto del régimen social y político existente.

Si la campaña electoral realizada por el FIT expresó el apoyo de un significativo sector de trabajadores y jóvenes, así como la atención de sectores más amplios que sin votarlo escucharon con simpatía sus propuestas, también en el debate político, ideológico e intelectual la Asamblea mostró que a izquierda del kirchnerismo no había, como pretendería el gobierno, “una pared”. La situación política en que nos encontramos no sólo hace necesaria la ampliación de esta experiencia, sino que le abre mayores posibilidades de intervención para enfrentar el conformismo que atraviesa a la intelectualidad progresista.

El desarrollo de un programa revolucionario anticapitalista y la construcción de una fuerza que exprese materialmente la independencia política de los trabajadores con relación a los representantes de sus explotadores suponen, entonces, un desafío y la continuidad de una tarea en la situación presente. Al servicio de estos propósitos estratégicos surge nuestra revista: queremos desenvolver la crítica de los discursos dominantes contribuyendo a desarrollar una oposición clasista a las variantes de un orden capitalista sumido en una crisis sistémica.

No nos proponemos “renovar la palabra” con la finalidad de encubrir la realidad sino recuperar la lengua de un combate histórico. La del socialismo, la del proletariado, la de una transformación social revolucionaria, la de la aspiración a acabar con la explotación del hombre por el hombre.

Estas páginas se encuentran abiertas a todos quienes se planteen colaborar con estos objetivos y trabajar en esta perspectiva, a quienes estimen posible una polémica clarificadora, a quienes quieran sumarse a la tarea de denunciar los límites insalvables del orden existente.

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Los intelectuales y el poder. Acerca de las declaraciones de Felisa Miceli sobre Osvaldo Bayer (por Raquel Ángel y Alberto Guilis)

El oportunismo político suele ser peligroso. Tanto como la conversión de los conversos. A veces –demasiadas- ambos coinciden. En nombre de una vaga militancia, que pocos conocen, los oportunistas reciclados terminan convirtiéndose en ventrílocuos del discurso del Poder. Lo que sigue es conocido: cargos, prebendas, canonjías, posicionamientos. Que siempre exigen pagar el mismo precio: la renuncia a aquello que alguna vez constituyó una certidumbre, una forma del sentido. Y, simultáneamente, la descalificación de quienes se niegan a los pactos y al ocultamiento, de aquellos que se rehúsan a ser, como pensadores, la fracción dominada de la clase dominante.

Algo de esto (o mucho, habría que decir) puede aplicarse a las declaraciones de Felisa Miceli, Directora del CEMOP, a propósito del conflicto entre las Madres y Osvaldo Bayer. Más que tomar partido, terminó enjuiciando a uno de los más altos referentes éticos del campo intelectual argentino, quizá el único que queda, tras la muerte, el año pasado, de David Viñas y León Rozitchner. Los tres (y no es casual, hay que decirlo) fueron amigos. Los tres (también hay que decirlo) defendieron toda su vida, con hechos y palabras, a las Madres de Plaza de Mayo. Los tres, además, sufrieron exilio y persecución por su enfrentamiento con los poderes de turno. En el caso de Osvaldo Bayer, su nombre pasó a integrar la lista de los condenados a muerte por la Triple A. Entonces juntó todo – vida, familia, recuerdos- y se exilió en Alemania, “la amada tierra enemiga”,  como la llamó en “Exilio”, el libro que escribió junto a Juan Gelman.

Cosas que sabemos todos, que ya forman parte de la historia trágica de los años 70. Pensar la política desde la ética fue siempre el modo-Bayer de estar en el mundo. “El intelectual tiene una situación en su época: cada palabra suya repercute. Y cada silencio también”, advirtió Sartre. Si a la luz de esta reflexión nos preguntáramos qué papel jugaron los intelectuales argentinos durante la dictadura, serían pocos los que pasarían la prueba. Pero allí, entre ellos, estaría Bayer. El sí la pasaría, y con honores, pese a las acusaciones  de Felisa Miceli, hechas desde no se sabe qué lugar, seguramente desde instituciones generosamente subsidiadas por los poderes fácticos.

¿De qué lo acusa la ex ministra de Economía? En primer lugar, de ser “un intelectual profesional progre” de esos “que no pueden comprometerse con un proyecto político” (frase que da que pensar, por venir de donde viene, ¿No estará confundiendo Miceli  política con poder?).

Hay todavía algo más grave: Bayer, según el libelo de marras, jamás pondría su “prestigioso nombre y menos su cuerpo junto a los de aquellos miles que cotidianamente ponemos nuestro empeño (¿cómo? ¿no era el cuerpo lo que había que poner?) en la confrontación con los poderes fácticos”.

En el párrafo final del documento firmado por la Directora del CEMOP, se lee “ésa es la enorme y tremenda diferencia entre el que escribe y el militante popular”. El primero “es un observador, alguien que la mira desde afuera”, no entiende “lo que pasa en su país y por eso se convierte en una contradicción andante”.

Acá, Miceli se autoriza en Rodolfo Walsh, pero como no sabe mucho sobre el enorme poder de las palabras cuando se usan como un arma, y sabe todavía menos sobre la relación entre los intelectuales y el poder, termina desbarrando. Quizá habría que recordarle que, cuando lo asesinaron, Walsh llevaba encima la “Carta Abierta a la Junta Militar”, ese texto poderoso, que aún hoy, sigue cambiando vidas y abriendo las conciencias.

Lo mismo que los libros de Bayer (“Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia” y “Los vengadores de la Patagonia trágica”, por citar sólo dos), esos libros donde se mueven hacia la muerte hombres que nunca terminan de morir. Pregunta: ¿los habrá leído Felisa Miceli?  De ser así, ¿cómo se explica que establezca diferencias entre “los que escriben” y “los que militan”? ¿Cómo puede entenderse, si no desde un populismo peligroso, ese desprecio al intelectual? Detrás del desprecio con que los nazis quemaban libros (lo mismo que los genocidas argentinos), lo que había era miedo.

Miedo a esos libros, a lo que decían, a lo que podían  despertar en las conciencias. A veces (como los opresores saben) las palabras logran efectos de indescriptible potencia en la subjetividad de los oprimidos. Algo que el Che, a quien Ricardo Piglia llamó “El último lector”, conocía bien. Cuando lo asesinaron, estaba descalzo, había perdido casi todo. Sólo conservaba su mochila. Y ahí lo único que había, lo que guardó hasta el final, como un tesoro, fueron los libros, esos que amaba y leía entre combate y combate. ¿No le dice nada esto a Felisa Miceli?

Quizá  alguien debería hablarle de un ejemplo que, sin embargo, tiene a mano: la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Muchos pasaron por sus aulas, a lo largo de sus doce años de existencia. Y se encontraron con libros, con muchos libros. Libros esenciales, “de esos que logran romper, como un pico de hielo,  el mar congelado que tenemos adentro”, como escribió Kafka. Libros que nos hacen otros de los que somos, que nos descubren lo que verdaderamente queríamos ser.

Como docentes de la Universidad de las Madres, una de las experiencias más bellas que hemos podido tener ha sido escuchar, año tras año, esa frase que repiten los alumnos. “Lo que aprendí acá, me cambió la vida”. Muchos de ellos comenzaron a militar después de su paso por la Universidad. No son pocos los que, aún terminada una carrera, vuelven para seguir escuchando clases que en otra parte no se dan, para acercarse otra vez a esos textos que, en tiempos de oscuridad, alimentaron las hogueras del odio.

Solo por ignorancia o irresponsabilidad se puede afirmar que quien escribe “no pone el cuerpo”, cuando ése que escribe se llama Osvaldo Bayer. No estamos hablando del intelectual domesticado, del que ha entrado en la edad de la razón o se ha dejado ganar por la impotencia. Estamos hablando de alguien a quien David Viñas calificó como “un sobreviviente en más de un sentido, un espejo, un testigo, una presencia que incomoda: Osvaldo Bayer”. Que asumió su destino de soledad y siguió hablando cuando todos callaban. Y fue al exilio “como quien se desangra”. Pero se fue para seguir luchando. Como podía y con las armas que tenía, siguió peleando afuera, por las Madres, por los compañeros que quedábamos acá, por los caídos, por los arrojados de la vida. Ahí lo vemos en Alemania, denunciando los crímenes de la dictadura, boicoteando el Mundial de Fútbol del 78, a través del cual el régimen genocida pretendía blanquearse. Ahí lo tenemos, un año después, arremetiendo contra el Mundial del 79, que en septiembre se jugó en Japón, pero que otra vez desató en la Argentina el mismo carnaval siniestro, en medio de los campos de concentración.

Sobre este episodio, que coincidió con la llegada a la Argentina de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, y donde las Madres fueron insultadas por turbas enardecidas, escribió un relato estremecedor. Se lo puede leer en su libro “Pequeño recordatorio para un país sin memoria”. Veamos este fragmento:

“Lo ocurrido en ese mes de septiembre puede simbolizar en toda su abyección la inmoralidad en que había caído nuestra sociedad. En una sola escena se juntaron las dos Argentinas. Fue registrada por la televisión alemana. Frente a la sede de la Comisión, estaba la larga cola de las Madres de los desaparecidos. Mujeres del pueblo. Venían a denunciar los crímenes…Ellas estaban solas. ¡Qué dignidad, Madres! Hay que poner en cámara lenta el video y observar rostro por rostro.

Cuando la cola del dolor y la dignidad hacía horas que esperaba, llegó la verdadera Argentina. Venía en colectivos, camiones y a pie, gritando eso: ¡Argentina! ¡Argentina!…Venía a demostrarle a la OEA que los argentinos eran derechos y humanos. Se ve a algunos viandantes que se muestran sonriendo vergonzantes y moviendo la manito para que los capte la cámara. Están los clásicos provocadores de los servicios de informaciones que les preguntan a las Madres: ¿”Y ahora de qué se quejan? ¿Por qué no los cuidaron antes a sus hijos?”…Las Madres ahí, sin moverse, en silencio, soportando esa saliva de los eternos lameculos del Poder. Fue el año más degradado de nuestra historia”.

Es apenas un fragmento. Pero sirve para entender quién es Osvaldo Bayer, cuál  y  cuán profundo ha sido, a lo largo del tiempo, su compromiso con las Madres. Hay múltiples pruebas de su integridad sin fisuras. Imágenes que lo muestran haciendo lo que ningún otro intelectual era capaz de hacer. Por ejemplo, plantarse solo, todas las semanas, frente al monumento a Roca para crear conciencia, con discursos que muy pocos querían escuchar, sobre el genocidio que la historia oficial llama,  eufemísticamente, la “Campaña del Desierto” y sobre la vergüenza de que esa estatua del general asesino siga estando allí, como una celebración del crimen. Ahí, en esa esquina donde se cruzan diagonales, está Osvaldo Bayer, un hombre que clama desde el barro y la sangre de la Historia. Solo.

A Bayer  nunca le importó la soledad. Sí, el ejemplo, dar ejemplo. “Alguien siempre escucha”, nos dijo alguna vez. Alguien siempre escucha. No importa si son pocos. No hay que desalentarse. Hubo otras veces, otras  pruebas de su extraordinaria tenacidad. Para citar sólo una: aquella vez de los despidos  de Página/12, cuando la empresa echó a 150 trabajadores y empezó una lucha por la reincorporación. Bayer, que escribía las contratapas, se puso a disposición de la Comisión Gremial y anunció que no escribiría una letra más mientras los trabajadores estuvieran en huelga. Fue el único. Otros intelectuales, algunos muy conocidos, no tuvieron empacho en seguir escribiendo, en la contratapa o adentro. Y con su firma al pie.

Este es Osvaldo Bayer. Un hombre moral. Alguien que puso el cuerpo en la escritura, que hizo escritura con el cuerpo, que supo siempre que “el cuerpo –como escribió David Viñas- es el lugar de la sanción”. Desde esa reflexión puede entenderse qué significa no sólo “poner el cuerpo” sino transformar la palabra en acto. O sea, hacerse cargo. Estar donde hay que estar: junto a los ofendidos y humillados, en los piquetes, en las movilizaciones, en las huelgas,  ahí se pudo ver su figura de patriarca, enfrentando al poder, defendiendo a los trabajadores que ocupaban fábricas, acompañando las luchas de  los pueblos originarios, con la misma pasión con que, en un Encuentro de Intelectuales realizado en Maryland, en 1984, alzó su voz para denunciar la complicidad de los intelectuales con la dictadura: Ernesto Sábato, el principal, el que almorzó con Videla, el que sería ungido, poco después, como líder indiscutido de los Derechos Humanos. También entonces Bayer estuvo solo. Ninguno de los presentes, figuras y figurones de la cultura nacional, se atrevió al gesto solidario.

Habría que preguntar –preguntarse- a la manera de Viñas, cómo operan los intelectuales argentinos en su relación con la muerte. O hacer lo que hizo Bayer con la Historia, con sus dolores y heridas: obligar a que el presente se revele, con sus quebraduras, sus trampas, su ferocidad.

Quienes no somos recién llegados a la lucha de las Madres sentimos la profunda necesidad de reivindicar la trayectoria de quien, a lo largo de una larga vida, se arriesgó a mantener una mirada no complaciente, a pensar contra lo que se resiste, a rechazar toda forma de conciliación. Las diferencias que hoy Bayer pueda tener con las posiciones políticas que han adoptado las Madres no pueden ser usadas por funcionarios del sentido común, por almas bellas o párrocos a sueldo. Sólo ellos –Bayer y las Madres- tienen derecho a dirimirlas.

 

Raquel Angel y Alberto Guilis

Docentes de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

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