Los intelectuales y el poder. Acerca de las declaraciones de Felisa Miceli sobre Osvaldo Bayer (por Raquel Ángel y Alberto Guilis)

El oportunismo político suele ser peligroso. Tanto como la conversión de los conversos. A veces –demasiadas- ambos coinciden. En nombre de una vaga militancia, que pocos conocen, los oportunistas reciclados terminan convirtiéndose en ventrílocuos del discurso del Poder. Lo que sigue es conocido: cargos, prebendas, canonjías, posicionamientos. Que siempre exigen pagar el mismo precio: la renuncia a aquello que alguna vez constituyó una certidumbre, una forma del sentido. Y, simultáneamente, la descalificación de quienes se niegan a los pactos y al ocultamiento, de aquellos que se rehúsan a ser, como pensadores, la fracción dominada de la clase dominante.

Algo de esto (o mucho, habría que decir) puede aplicarse a las declaraciones de Felisa Miceli, Directora del CEMOP, a propósito del conflicto entre las Madres y Osvaldo Bayer. Más que tomar partido, terminó enjuiciando a uno de los más altos referentes éticos del campo intelectual argentino, quizá el único que queda, tras la muerte, el año pasado, de David Viñas y León Rozitchner. Los tres (y no es casual, hay que decirlo) fueron amigos. Los tres (también hay que decirlo) defendieron toda su vida, con hechos y palabras, a las Madres de Plaza de Mayo. Los tres, además, sufrieron exilio y persecución por su enfrentamiento con los poderes de turno. En el caso de Osvaldo Bayer, su nombre pasó a integrar la lista de los condenados a muerte por la Triple A. Entonces juntó todo – vida, familia, recuerdos- y se exilió en Alemania, “la amada tierra enemiga”,  como la llamó en “Exilio”, el libro que escribió junto a Juan Gelman.

Cosas que sabemos todos, que ya forman parte de la historia trágica de los años 70. Pensar la política desde la ética fue siempre el modo-Bayer de estar en el mundo. “El intelectual tiene una situación en su época: cada palabra suya repercute. Y cada silencio también”, advirtió Sartre. Si a la luz de esta reflexión nos preguntáramos qué papel jugaron los intelectuales argentinos durante la dictadura, serían pocos los que pasarían la prueba. Pero allí, entre ellos, estaría Bayer. El sí la pasaría, y con honores, pese a las acusaciones  de Felisa Miceli, hechas desde no se sabe qué lugar, seguramente desde instituciones generosamente subsidiadas por los poderes fácticos.

¿De qué lo acusa la ex ministra de Economía? En primer lugar, de ser “un intelectual profesional progre” de esos “que no pueden comprometerse con un proyecto político” (frase que da que pensar, por venir de donde viene, ¿No estará confundiendo Miceli  política con poder?).

Hay todavía algo más grave: Bayer, según el libelo de marras, jamás pondría su “prestigioso nombre y menos su cuerpo junto a los de aquellos miles que cotidianamente ponemos nuestro empeño (¿cómo? ¿no era el cuerpo lo que había que poner?) en la confrontación con los poderes fácticos”.

En el párrafo final del documento firmado por la Directora del CEMOP, se lee “ésa es la enorme y tremenda diferencia entre el que escribe y el militante popular”. El primero “es un observador, alguien que la mira desde afuera”, no entiende “lo que pasa en su país y por eso se convierte en una contradicción andante”.

Acá, Miceli se autoriza en Rodolfo Walsh, pero como no sabe mucho sobre el enorme poder de las palabras cuando se usan como un arma, y sabe todavía menos sobre la relación entre los intelectuales y el poder, termina desbarrando. Quizá habría que recordarle que, cuando lo asesinaron, Walsh llevaba encima la “Carta Abierta a la Junta Militar”, ese texto poderoso, que aún hoy, sigue cambiando vidas y abriendo las conciencias.

Lo mismo que los libros de Bayer (“Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia” y “Los vengadores de la Patagonia trágica”, por citar sólo dos), esos libros donde se mueven hacia la muerte hombres que nunca terminan de morir. Pregunta: ¿los habrá leído Felisa Miceli?  De ser así, ¿cómo se explica que establezca diferencias entre “los que escriben” y “los que militan”? ¿Cómo puede entenderse, si no desde un populismo peligroso, ese desprecio al intelectual? Detrás del desprecio con que los nazis quemaban libros (lo mismo que los genocidas argentinos), lo que había era miedo.

Miedo a esos libros, a lo que decían, a lo que podían  despertar en las conciencias. A veces (como los opresores saben) las palabras logran efectos de indescriptible potencia en la subjetividad de los oprimidos. Algo que el Che, a quien Ricardo Piglia llamó “El último lector”, conocía bien. Cuando lo asesinaron, estaba descalzo, había perdido casi todo. Sólo conservaba su mochila. Y ahí lo único que había, lo que guardó hasta el final, como un tesoro, fueron los libros, esos que amaba y leía entre combate y combate. ¿No le dice nada esto a Felisa Miceli?

Quizá  alguien debería hablarle de un ejemplo que, sin embargo, tiene a mano: la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Muchos pasaron por sus aulas, a lo largo de sus doce años de existencia. Y se encontraron con libros, con muchos libros. Libros esenciales, “de esos que logran romper, como un pico de hielo,  el mar congelado que tenemos adentro”, como escribió Kafka. Libros que nos hacen otros de los que somos, que nos descubren lo que verdaderamente queríamos ser.

Como docentes de la Universidad de las Madres, una de las experiencias más bellas que hemos podido tener ha sido escuchar, año tras año, esa frase que repiten los alumnos. “Lo que aprendí acá, me cambió la vida”. Muchos de ellos comenzaron a militar después de su paso por la Universidad. No son pocos los que, aún terminada una carrera, vuelven para seguir escuchando clases que en otra parte no se dan, para acercarse otra vez a esos textos que, en tiempos de oscuridad, alimentaron las hogueras del odio.

Solo por ignorancia o irresponsabilidad se puede afirmar que quien escribe “no pone el cuerpo”, cuando ése que escribe se llama Osvaldo Bayer. No estamos hablando del intelectual domesticado, del que ha entrado en la edad de la razón o se ha dejado ganar por la impotencia. Estamos hablando de alguien a quien David Viñas calificó como “un sobreviviente en más de un sentido, un espejo, un testigo, una presencia que incomoda: Osvaldo Bayer”. Que asumió su destino de soledad y siguió hablando cuando todos callaban. Y fue al exilio “como quien se desangra”. Pero se fue para seguir luchando. Como podía y con las armas que tenía, siguió peleando afuera, por las Madres, por los compañeros que quedábamos acá, por los caídos, por los arrojados de la vida. Ahí lo vemos en Alemania, denunciando los crímenes de la dictadura, boicoteando el Mundial de Fútbol del 78, a través del cual el régimen genocida pretendía blanquearse. Ahí lo tenemos, un año después, arremetiendo contra el Mundial del 79, que en septiembre se jugó en Japón, pero que otra vez desató en la Argentina el mismo carnaval siniestro, en medio de los campos de concentración.

Sobre este episodio, que coincidió con la llegada a la Argentina de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, y donde las Madres fueron insultadas por turbas enardecidas, escribió un relato estremecedor. Se lo puede leer en su libro “Pequeño recordatorio para un país sin memoria”. Veamos este fragmento:

“Lo ocurrido en ese mes de septiembre puede simbolizar en toda su abyección la inmoralidad en que había caído nuestra sociedad. En una sola escena se juntaron las dos Argentinas. Fue registrada por la televisión alemana. Frente a la sede de la Comisión, estaba la larga cola de las Madres de los desaparecidos. Mujeres del pueblo. Venían a denunciar los crímenes…Ellas estaban solas. ¡Qué dignidad, Madres! Hay que poner en cámara lenta el video y observar rostro por rostro.

Cuando la cola del dolor y la dignidad hacía horas que esperaba, llegó la verdadera Argentina. Venía en colectivos, camiones y a pie, gritando eso: ¡Argentina! ¡Argentina!…Venía a demostrarle a la OEA que los argentinos eran derechos y humanos. Se ve a algunos viandantes que se muestran sonriendo vergonzantes y moviendo la manito para que los capte la cámara. Están los clásicos provocadores de los servicios de informaciones que les preguntan a las Madres: ¿”Y ahora de qué se quejan? ¿Por qué no los cuidaron antes a sus hijos?”…Las Madres ahí, sin moverse, en silencio, soportando esa saliva de los eternos lameculos del Poder. Fue el año más degradado de nuestra historia”.

Es apenas un fragmento. Pero sirve para entender quién es Osvaldo Bayer, cuál  y  cuán profundo ha sido, a lo largo del tiempo, su compromiso con las Madres. Hay múltiples pruebas de su integridad sin fisuras. Imágenes que lo muestran haciendo lo que ningún otro intelectual era capaz de hacer. Por ejemplo, plantarse solo, todas las semanas, frente al monumento a Roca para crear conciencia, con discursos que muy pocos querían escuchar, sobre el genocidio que la historia oficial llama,  eufemísticamente, la “Campaña del Desierto” y sobre la vergüenza de que esa estatua del general asesino siga estando allí, como una celebración del crimen. Ahí, en esa esquina donde se cruzan diagonales, está Osvaldo Bayer, un hombre que clama desde el barro y la sangre de la Historia. Solo.

A Bayer  nunca le importó la soledad. Sí, el ejemplo, dar ejemplo. “Alguien siempre escucha”, nos dijo alguna vez. Alguien siempre escucha. No importa si son pocos. No hay que desalentarse. Hubo otras veces, otras  pruebas de su extraordinaria tenacidad. Para citar sólo una: aquella vez de los despidos  de Página/12, cuando la empresa echó a 150 trabajadores y empezó una lucha por la reincorporación. Bayer, que escribía las contratapas, se puso a disposición de la Comisión Gremial y anunció que no escribiría una letra más mientras los trabajadores estuvieran en huelga. Fue el único. Otros intelectuales, algunos muy conocidos, no tuvieron empacho en seguir escribiendo, en la contratapa o adentro. Y con su firma al pie.

Este es Osvaldo Bayer. Un hombre moral. Alguien que puso el cuerpo en la escritura, que hizo escritura con el cuerpo, que supo siempre que “el cuerpo –como escribió David Viñas- es el lugar de la sanción”. Desde esa reflexión puede entenderse qué significa no sólo “poner el cuerpo” sino transformar la palabra en acto. O sea, hacerse cargo. Estar donde hay que estar: junto a los ofendidos y humillados, en los piquetes, en las movilizaciones, en las huelgas,  ahí se pudo ver su figura de patriarca, enfrentando al poder, defendiendo a los trabajadores que ocupaban fábricas, acompañando las luchas de  los pueblos originarios, con la misma pasión con que, en un Encuentro de Intelectuales realizado en Maryland, en 1984, alzó su voz para denunciar la complicidad de los intelectuales con la dictadura: Ernesto Sábato, el principal, el que almorzó con Videla, el que sería ungido, poco después, como líder indiscutido de los Derechos Humanos. También entonces Bayer estuvo solo. Ninguno de los presentes, figuras y figurones de la cultura nacional, se atrevió al gesto solidario.

Habría que preguntar –preguntarse- a la manera de Viñas, cómo operan los intelectuales argentinos en su relación con la muerte. O hacer lo que hizo Bayer con la Historia, con sus dolores y heridas: obligar a que el presente se revele, con sus quebraduras, sus trampas, su ferocidad.

Quienes no somos recién llegados a la lucha de las Madres sentimos la profunda necesidad de reivindicar la trayectoria de quien, a lo largo de una larga vida, se arriesgó a mantener una mirada no complaciente, a pensar contra lo que se resiste, a rechazar toda forma de conciliación. Las diferencias que hoy Bayer pueda tener con las posiciones políticas que han adoptado las Madres no pueden ser usadas por funcionarios del sentido común, por almas bellas o párrocos a sueldo. Sólo ellos –Bayer y las Madres- tienen derecho a dirimirlas.

 

Raquel Angel y Alberto Guilis

Docentes de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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3 respuestas a Los intelectuales y el poder. Acerca de las declaraciones de Felisa Miceli sobre Osvaldo Bayer (por Raquel Ángel y Alberto Guilis)

  1. Zapiola dijo:

    Cuánto melodrama… Toda la iconografía sentimental y política puesta en una discusión que no va a darse, ya que “sólo ellos –Bayer y las Madres- tienen derecho a dirimirlas.”
    Entonces, para qué me hacés leer?!
    Por supuesto que esta Felisa Miceli es una ladrona de baja estofa, igual que el gobierno que representa, pero la cuestión la supera.
    Del bando de los buenos, bien que se callaron cuando la cooptación del Estado se puso en marcha.
    Hay un montón de cartas particulares lamentando lo que no se dijo en su momento sobre los desbarranques autoritarios de Bonafini.
    En todas destacan el principio de Autoridad y la falta de debate interno. Y el arrepentimiento o la justificación de no haberlo denunciado en su momento.
    Cunado todos estaban de luna de miel con la ‘reconstrucción de la burguesía nacional’ que llevó a las Madres a la presente descomposición.
    Además, no son todas las Madres. Son las cooptadas de Carlotto y Bonafini.
    El presente artículo servirá para aliviar las conciencias eternamente sufrientes de gente mayor, pero no para esclarecer y abrir un debate sobre el papel del Estado en las organizaciones populares entre las nuevas generaciones.
    Mientras se complacían con los alumnos que decían “Lo que aprendí acá, me cambió la vida”, callaban que echaban gente de la Radio de las Madres. O la etapa de las patotas de Shocklender, armadas con dinero de la Fundación, para matar bolivianos desde el obrador de Madres.
    Terrible.
    No distinguir lo que ha sido de lo que es.
    Había que esperar la ruptura con Bayer para hablar?
    El ataque de Bonafini a Bayer -que Miceli secunda- es la etapa terminal.
    Lo que hay que hacer es un balance, sin romanticismo ni melodrama.

  2. queculpatieneeltomate dijo:

    Ante todo las buenas conciencias. La buenas formas. Estar obligado a leer es ya todo un tema. “Para que me haces leer”. Como en la escuela, cuando habia que estudiar para dar una lección, para “levantar nota”. Te acordás,Zapiola?. o siempre las tuviste altas? O sos de otra “generación”? Que triste que el debate, porque de alguna manera es un debate, nos guste o no, del rol del intelectual,o más bien, el intelectual de izquierda en esta coyuntura, parece que es cosa a dirimirse via facebook, o blog de “intelectuales”, aunque, como bien queda demostrado, cualquiera escribe y la va de opinólogo profesional, ante escritos varios.

    Melodrama. Romanticismo, Tragedia. Locura y pánico en la Asamblea. Johnny Depp está invitado.
    No voy a decir nada de Bayer, de las Madres, ni mucho menos de Raquel Angel o Alberto Guilis, en respuesta a una opinión que deja de lado las ideas de determinadas personas por considerar que “El presente artículo servirá para aliviar las conciencias eternamente sufrientes de gente mayor” y sigue “pero no para esclarecer y abrir un debate sobre el papel del Estado en las organizaciones populares entre las nuevas generaciones.” Porque es lo mismo que decir no sirve la opinión de alguien porque es distinto,simplemente, es mayor, es negro, es judío, es mujer, es del Fit.
    Me hacés acordar a “primero vinieron por los negros, pero yo no dije nada porque yo no era negro…después cerraron la Radio, pero yo era docente, y no dije nada, después bardearon a Bayer, pero yo no dije nada, porque era de izquierda, y Bayer era un viejo anarco…”Ah, no era asi? uhhh…

    El debate sobre el papel del estado en las organizaciones populares definilo vos, en las líneas que te parezcan, con la gente que decidas, en el lugar que prefieras,y sobre todo estas “nuevas generaciones” a las que pertenecemos, seguramente te agradeceremos la crítica mordaz, incisiva, peculiar, original, el análisis profundo de la coyuntura, generado a partir del desprecio por el otro, en pos de una nueva realidad dirgida a personas como vos, raza nueva, pertinaz, avanzada. Superhombre, gracias por tu aporte.

  3. Hace tiempo que me llama la atención la manera misticada con la que algunos intelecuales se refieren a las “Madres”… así con mayúsculas… como si se refirieran a una entidad metafísica, que está más allá del bien y del mal…(“Porque las ‘Madres’ piensan…” “La Universidad de las ‘Madres'”…”La Radio de las ‘Madres'”…”Las ‘Madres’ estuvieron…”)… Y de qué realidad concreta hablamos cuando hablamos de las ‘Madres’…¿Nos referimos a la ONG presidida por Hebe de Bonafini, que es un vasto emprendimiento comercial/cultural que abarca una Universidad privada, una radio, una constructora, etc? Este emprendimiento comprende a mucha gente… cuánto poder de decisión tienen dentro de esta estructura las madres reales, de carne y hueso, (o sea, las mujeres que lucharon contra la dictadura, y no los que se les arrimaron después, no siempre con buenas intenciones, como lo demuestra el caso Schoklender). ¿O nos referimos a la otra agrupación, liderada por Nora Cortiñas, con menos presencia en los medios y menos “expansión”, al menos en términos económicos? (Y también, y no creo que por casualidad, la más crítica, o la menos complaciente, con el gobierno nacional) ¿Cuantas integrantes tienen cada una de estas organizaciones? Sabemos que, lamentablemente, en estos años muchas madres han fallecido…otras se han alejado de las organizaciones que llevan esta denominación… m{as all{a del símbolo de lucha y esperanza, que ya está consagrado en el imaginario popular ¿De qué hablamos hoy cuando hablamos de las Madres?

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