La “Plataforma” trotskista del FIT (Eduardo Sartelli)

La aparición de Plataforma 2012, nucleamiento cuyo contenido político ya ha sido suficientemente expuesto por las intervenciones de Christian Castillo y Jorge Altamira, ha tenido como consecuencia no buscada (porque su objetivo no es precisamente ése sino Carta Abierta), la destrucción de la Asamblea del FIT. Que lo haya conseguido no es una expresión de la potencia intelectual del agrupamiento de Sarlo, sino de la debilidad programática del trotskismo en el campo intelectual. Esa debilidad le impide construir una fuerza intelectual propia, revolucionaria, y lo lleva permanentemente tras el carro de alguna fracción burguesa.

En efecto, la piedra de toque de toda política cultural trotskista parte de un axioma de carácter liberal que reza más o menos así: “toda la libertad al arte”. Contra el stalinismo, el trotskismo habría expresado la variante “democrática” del tronco bolchevique, por medio de una promesa de imposible cumplimiento. Va de suyo que quien no tiene algo no puede otorgarlo a otros. Por otra parte, si se tiene eso que se promete, por qué limitarlo a los artistas y el arte, en lugar de hacerlo extensivo a toda la humanidad. Más allá de que hay muchas formas de interpretar el famoso axioma, lo cierto es que la política que prescribe lleva a una alianza con la burguesía: en la medida en que hemos de tolerar cualquier cosa, todos, incluso los enemigos más acérrimos del proletariado, pueden compartir ese campo con el partido revolucionario y sus intelectuales. Como tal proposición es absurda, el trotskismo se limita a mentir descaradamente, abriendo un abismo entre sus palabras y sus actos, o bien a claudicar sin mucha resistencia. Esta contradicción está en el origen de todos los problemas en la Asamblea de Intelectuales del FIT, a la que se reivindica públicamente pero se destruye en privado.

La Asamblea se armó en apoyo a la campaña electoral del FIT, de alguna manera tratando de emular a Carta Abierta. Luego de la campaña, quedó planteada su continuidad, pero apareció rápidamente la tensión entre sus diferentes componentes. El primer punto que dividió aguas fue la posibilidad de utilizar el espacio de la Asamblea para iniciar un debate sobre la posibilidad de unificación partidaria, punto propuesto por Razón y Revolución. Como ya explicamos en otra parte, la creencia del PO en su hegemonía indiscutida en la izquierda revolucionaria lo exime de acelerar un proceso que, confía, decantará tarde o temprano hacia su posición. El PTS teme ser absorbido por el PO e IS por cualquiera de los dos. Consecuentemente, todo el “debate” sobre la unificación partidaria fue un saludo a la bandera. En tanto no hay voluntad de profundizar el camino que abrió el frente, se concluye que éste sólo tiene una función puramente electoral. Si el frente tiene sólo esa función, qué sentido puede tener una asamblea de intelectuales del frente. En sentido estricto, para los tres participantes mayores del FIT, la Asamblea ya cumplió su cometido, alcanzando el cenit de su participación en el spot televisivo en el que se ve a cuatro o cinco de sus miembros llamando a votar Altamira-Castillo.

El problema, sobre todo para el PO, es cómo desmontar la Asamblea luego de haberla lisonjeado sistemáticamente durante su etapa “útil”. Para peor, hay dos cuestiones espinosas que hacen difícil el desmontaje: la aparición de Carta Abierta recreó la función mediática del intelectual “que se pronuncia”. Cada una de sus “cartas” y su vida interna suelen constituirse en parte de las noticias políticas nacionales, de modo tal que tener un agrupamiento propio de esas características no viene mal; por otra parte, el PTS siempre ha visto bien este tipo de experiencias, con la idea de que ello le permite ampliar su influencia, de modo que no tiene ganas de que la Asamblea desaparezca. IS no tiene idea de hacia dónde va y, por lo tanto y como reza el dicho, para quien no tiene rumbo, todos los caminos son adversos. Para colmo, no tiene el desarrollo intelectual del PTS, por lo tanto no puede pretender convertirse en polo de atracción para los arrimados por la Asamblea, ni tiene la envergadura militante del PO, que le otorgaría esa sensación de “contacto real” con la clase obrera que a muchos “intelectuales” les resulta atractiva por cuestiones sicológicas propias de su origen pequeño-burgués.

Tratando de darle algún contenido a la Asamblea, propusimos la edición de una revista común dedicada al debate interno. La iniciativa no prosperó bajo esa forma sino bajo la idea de una revista “hacia fuera”. El PO, que quisiera vernos, efectivamente, afuera del FIT lo más rápido posible, vetó nuestra participación en ella con la idea de que no podía crearse una publicación “confusionista”, dejando participar a quienes no compartían no sólo el programa del FIT sino la campaña realizada y la evaluación de sus resultados. Era obvio que con ese criterio habría que prosternarse ante el PO por cualquier detalle y que, a la corta o a la larga, la amenaza de expulsión pendía sobre todos, de modo que el asunto no avanzó.

El siguiente episodio que puso en jaque a la Asamblea fue el “affaire” Alabarces/CONICET. Como se sabe, el CONICET inició un feroz proceso de ajuste que, como suele suceder cada vez que hay que repartir menos entre más, dio lugar a la aparición de mecanismos de selección no sólo arbitrarios sino abiertamente discriminatorios. La movilización de los becarios y la discriminación ideológica contra nuestro compañero Fabián Harari por su condición de militante político, exigían una intervención enérgica. Pero la Asamblea sacó un comunicado completamente lavado, que no sólo dejaba de lado muchas de las reivindicaciones de los becarios en lucha, sino que ni siquiera mencionaba a Fabián. Su modificación (a instancias de RyR) llegó un mes después, cuando ese combate ya había finalizado. La Asamblea como tal, tampoco se movilizó por los becarios, como correspondía a su naturaleza de organismo intelectual. Peor aún, Pablo Alabarces, cara del FIT durante la campaña y participante del famoso spot, se manifestó en contra del penoso comunicado. Se inició una discusión en la cual el mentado personaje llegó a negar su pertenencia a la Asamblea (a pesar de que participaba de su vida interna) y a burlarse de sus integrantes, amén de insultar a varios compañeros. En ese trayecto, no se privó de defender la política del CONICET y la discriminación contra Fabián. La Asamblea, contra todas nuestras manifestaciones en ese sentido, no hizo nada, con el argumento del PTS de que no se podía echar a nadie. No hizo falta tampoco, porque poco después Alabarces aparecía como uno de los firmantes de Plataforma. Ni siquiera en ese caso, a pesar de que en sendos artículos Altamira y Castillo llamaban a delimitarse del agrupamiento de Sarlo, se hizo nada contra el fulano.

El asunto Plataforma vino a superponerse a este hecho, mostrando que el FIT no tiene programa sino excusas electorales. Porque lo primero que hizo IS fue saludar la aparición de Plataforma y llamar a un trabajo común, porque se trata de un pronunciamiento de intelectuales progresistas con los que compartiremos “luchas”. IS también niega que el agrupamiento de Sarlo tenga que ver con Binner, algo que salta a la vista de todo el que no está ciego. Un último punto reivindicaba a Plataforma porque allí había incluso compañeros que “habían votado al FIT”, como el señalado Alabarces, Diego Rojas o Roberto Gargarella, a quienes la rauda imaginación de José Castillo llega a comparar con Sartre, Einstein, Galeano y Chomsky. Si no fuera grave lo que están diciendo, habría que tomárselo a broma.

Digamos que, si estos son los argumentos, no hay ninguna razón para no hacer lo mismo con Carta Abierta, salvo que la relación con el oficialismo nacional coloque a un agrupamiento más a la derecha que la relación con un oficialismo provincial. Además, hay que decir de Plataforma que no se ubica en la “izquierda” por criticar al gobierno. En sentido estricto y si se atiende a lo fundamental, está a la derecha de Kirchner. Como se han cansado de repetir Altamira y Castillo, Binner es el hombre de la patria “sojera”, que en el 2008 se movilizó para evitar que el gobierno se quedara con una porción mayor de renta agraria. Ahora bien, la masa del desempleo no fue desagotada con trabajo genuino (es decir, que alcanza la media de la productividad mundial y es, por lo tanto, competitivo) sino por formas de subsidios directos (los “planes”) o indirectos (empleo estatal o privado subvencionado estatalmente). De modo que la masa de la población sobrante se sostiene con renta. Lo mismo sucede con el subsidio al consumo popular que representa el retraso tarifario. Plataforma es de Binner. Binner quiere devolverle la renta a la burguesía agraria. La única forma de hacerlo es con un ajuste mayor que el de Cristina. Por su base social, Plataforma defiende un programa abiertamente reaccionario.

Pero el problema no es lo que IS propone, que es, si se quiere, coherente y sincero. Coherente con el seguidismo de los intelectuales que surge de la máxima trotskista que enunciamos más arriba. Y sincero, porque no lo esconde, como el PO, que critica a IS pero se apura a llevar adelante su política, haciendo intervenciones públicas con intelectuales de Plataforma. O como el PTS, que no quiso pronunciarse sobre el caso Alabarces (y por lo tanto, comparte espacio con Plataforma) mientras en público y por boca de Christian exigía demarcaciones terminantes. Dicho de otra manera: la máxima enunciada más arriba lleva a los partidos trotskistas a una claudicación ante la burguesía (IS), a una relación histérica con los intelectuales (PTS) o a una hipocrecía calculada con resultados nefastos (PO). Más allá de los dichos, los hechos hablan por sí solos.

IS está dispuesta a entrar a una alianza con Binner. Eso es la propuesta de trabajo común con Plataforma: si uno no se demarca de la burguesía es porque se encuentra en su campo. El PTS quiere esa demarcación tajante con Plataforma, pero está dispuesto a tolerar a Plataforma si esta se desarrolla dentro de la Asamblea del FIT: el problema no es, entonces, el programa del grupo Sarlo, sino que está dirigido por otros (Binner). El PO desarrolla la política del “forro” o del “caretón”: usa a los intelectuales según le sirvan. El problema es que la inversa también se produce: Altamira defiende a León Ferrari como artista revolucionario, León Ferrari se sube al palco de Ibarra para defenderlo durante la crisis Cromañón; Altamira reivindica la tarea revolucionaria de la SEA, la SEA se pasa a Macri; Altamira elogia el trabajo militante de Diego Rojas, Diego Rojas firma en Plataforma 2012. En el medio, se pierde la oportunidad de desarrollar intelectuales revolucionarios, a los que relega en nombre de la figurita del momento.

El resultado es que el trotskismo no puede tener una relación honesta y revolucionaria con los intelectuales, porque si es honesta no es revolucionaria y si es revolucionaria no es honesta. Una relación honesta implica decir claramente qué es lo que se quiere. Una relación revolucionaria implica el fomento de la crítica revolucionaria, no la claudicación ante el “confusionismo” democratizante. Si el PO dijera: el FIT no es más que una alianza electoral, no hay condiciones para ningún proceso de unificación partidaria y nos oponemos a él, la función de la Asamblea del FIT ya fue cumplida, ahora sólo quiero que refrenden todo lo que yo digo firmando donde yo les indico y haciendo eco a mis palabras, propondría una relación honesta. No revolucionaria, porque así no se construye nada. Pero al menos sería honesta. Si el PTS dijera: queremos que la Asamblea del FIT reúna a todos los que quieran acercarse por las razones que fueran, queremos editar una revista sin programa, no estaría proponiendo una tarea revolucionaria, pero al menos sería más honesto que criticar a IS por claudicación ante Plataforma mientras se niega, no ya a expulsar, sino incluso a criticar públicamente a un miembro de Plataforma que participa de la Asamblea del FIT. Si IS dijera: no somos nada, no tenemos nada, acerquémonos donde se junta algo que se parece, siquiera remotamente, a lo que queremos, no haría una tarea revolucionaria, pero sería honesta. Cuando los tres pretenden demarcarse de Binner y reivindicar la independencia de clase del proletariado, hacen tarea revolucionaria pero, en el campo intelectual, no son honestos.

Esta relación delirante es coherente con lo que exigen de la Asamblea algunos de sus miembros “independientes” (no todos): son los que están allí sólo por el deseo de figurar, de obtener una pantalla en la cual mostrarse, por lo menos hasta el momento en el que se tenga fama suficiente para emigrar a campos más productivos. Son los que están más preocupados por la suerte de la revista del FIT que por el FIT mismo. Obviamente, si esta relación es asumida honestamente, no es revolucionaria; si es revolucionaria, no es honesta.

Finalmente, ¿qué hay que hacer con la Asamblea del FIT? Aceptar su existencia y su autonomía relativa del frente. Si la Asamblea no puede tomar ninguna decisión que no sea consensuada por los tres partidos, que se reservan el derecho a veto sobre todo lo que no les gusta, entonces, no existe. Si ha de existir, tiene que tener autonomía dentro del marco del programa del FIT. Dicho de otra manera, los debates deben saldarse, como siempre sucede en la política, en la ciencia y en la vida en general, provisoriamente, mediante el voto simple de los presentes. Va de suyo que quien no comparta el programa (como todos los que hoy firman en Plataforma) debe abandonar la Asamblea. Va de suyo también, que el derrotado en una votación, se calla la boca y ejecuta lo que la mayoría decidió. Esta es la tarea más urgente que tiene hoy la Asamblea: rechazar el dogma trotskista de una libertad quimérica y ganar una libertad real en el marco de un programa y una organización. Pero si los partidos trotskistas no abandonan esa política, que lleva a las consecuencias que ya vimos, y se avienen a un relación honesta con los intelectuales, no hay forma de construir una organización revolucionaria en el campo de la lucha cultural.

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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3 respuestas a La “Plataforma” trotskista del FIT (Eduardo Sartelli)

  1. Leonardo Grande dijo:

    Compañeras/os, terminemos con la crisis de los intelectuales trotskistas rápidamente, pongamos a Eduardo Sartelli como presidente director del politburó de la AICARDLTPDF (Asamblea de Intelectuales Con Autonomía Relativa De Los Tres Partidos Del FIT) y hagamos lo que nos diga.

  2. Juan dijo:

    Vicente Zito Lema
    -Bueno y con esto yo termino porque no quiero entrar en debates con compañeros a los que quiero y respeto

    Leonardo Grande:
    - Me parece que el debate es válido y las pasiones también pero hay que…

    Vicente Zito Lema
    -Si, si, pero no decir traidor de golpe a León Ferrari

    Leonardo Grande:
    Me parece que León Ferrari avaló públicamente al asesino de cromañón. Estamos movilizados por eso y entonces es jodido. No creo que hay que tenerle respeto a cualquier compañero porque haya tenido un pasado o hijos desaparecido. No vamos a ponernos a hablar de que León Ferrari tenía una beca Gugenhaim y hacía de eso alharaca, no pasa por ahí. Yo no tengo la militancia que tenés vos. Yo estuve en el mismo puente que estuvo Darío Santillán y creo que Darío Santillán en su vida le perdonaría un traidor, a alguien que se pasó de bando nada, ni que lo respetaría. Me parece que por eso llega a donde llega. Ahora, me parece que esto explica las pasiones de esta mesa. Y en ningún momento me parece que la idea fue cuestionarte a vos…

  3. Diego dijo:

    Estoy de acuerdo con Sartelli. Así no construimos nada. Asambleas de “intelectuales” pequeño-burgueses preocupados por el “consenso”, pidiendo que se queden a los que la denigran en vez de echarlos, buscando figuritas del momento por algún voto más, felicitando las campañas en busca de milagros para PODER PARTICIPAR, saludando cosas supuestamente “nuevas” sin ver más allá de su superficie, etc,.. Así no vemos para ningún lado! y lo pienso con dolor, porque no estamos a la altura de la circunstancias.

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