La politización del debate intelectual (Ariane Díaz)

Cuando Cristina se alzó con un triunfo en las elecciones para un nuevo mandato kirchnerista, al contrario de lo que pregonaban entusiastas los voceros mediáticos y los intelectuales K, consideramos que el 54% iba ser utilizado para descargar los costos de la crisis económica en curso en las espaldas de los trabajadores, recomponiendo las relaciones con los sectores patronales y atacando a los sectores del movimiento obrero antiburocrático, a los sectores sociales que en sus luchas cuestionaran el modelo de miseria, precarización laboral, falta de salud, vivienda y educación, y a la izquierda. En muy poco tiempo, la “sintonía fina” ha demostrado que lo que Carta Abierta gustó llamar “anomalías” eran los engranajes normales del modelo K, y que “lo que falta” es llamar a las cosas por su nombre y organizarse para enfrentarlo.

Los problemas estructurales, después de 9 años de crecimiento a tasas chinas, no sólo se han mantenido sino que han mostrado en estos pocos meses su peor rostro.

A la ampliación de la frontera sojera y la reconciliación con los sectores del campo que le fueran opositores, con su reguero de desplazamientos de comunidades originarias y asesinatos, el gobierno le ha sumado la defensa de la expoliación de los recursos naturales en una economía cada vez más extranjerizada. En pos de garantizar la ganancia de sendas multinacionales, el gobierno “nacional y popular” habla de soberanía mientras sostiene los negociados de los distintos gobiernos provinciales y avala la represión a aquellos que se resisten a ver sus localidades desplazadas, empobrecidas y contaminadas por una nueva fiebre del oro. El cianuro y los agrotóxicos son de nosotros, la soja y el oro, son ajenas.

El “capitalismo en serio” defendido por la presidenta, basado en la connivencia con los funcionarios y la impunidad de que gozan los empresarios amigos, beneficiados ya con la precarización laboral y los salarios de miseria que son la fuente de las ganancias patronales del último período, ha redundado en un nuevo crimen contra el pueblo trabajador con un saldo de 51 muertos y 700 heridos. Fueron los trabajadores del ferrocarril los que hace tiempo venían denunciando más que “el vago peligro que a veces se consuma”, el estado calamitoso del servicio que auguraba un nuevo Cromañón ferroviario, que podría haberse evitado. Pero la respuesta había sido causas judiciales armadas y la continuidad de los negocios entre empresarios, Estado y burocracia sindical. Las consecuencias no la pagan por supuesto ni la presienta ni los funcionarios ni los empresarios, sino los cientos de miles de laburantes que todos los días deben sufrir un servicio desguasado para llegar a sus precarios trabajos. Lo dejó claro en la apertura de las sesiones del congreso, que parece considerar un escenario ideal desplegar a quien quiera oír su plan de profundización: atacó a los docentes con argumentos menemistas, defendió el modelo de gestión empresaria de los trenes, reivindicó el tren bala y evitó extenderse sobre las responsabilidad del crimen de Once, entre otras aclaraciones de cuál va a ser su rumbo.

La “profundización” del modelo K ha requerido reforzar el aparato represivo del “gobierno de los DDHH”. A los más de 4.000 procesados por luchar y la Ley Antiterrorista, nueva arma legal promovida por la embajada norteamericana y votada por oficialistas y opositores, se le ha sumado, en estas semanas, la salida a la luz del “Proyecto X” mediante el cual la Gendarmería, fuerza estrella de la “seguridad democrática” de Garré, hace espionaje y arma causas en connivencia con la Justicia, contra los trabajadores y la izquierda. La pertenencia de los espiados (trabajadores antiburocráticos, militantes de derechos humanos, dirigentes políticos de izquierda) debe servirnos para sacar con millones una conclusión que conocemos bien: el Estado ejerce el monopolio de la violencia, cumpliendo mejor o peor sus propias reglas, contra quienes cuestionan el orden capitalista.

La oposición burguesa, que busca aprovechar estas crisis del gobierno para reposicionarse después de los fracasos electorales, cínicamente acusa al gobierno por las mismas políticas que ejercen en su propio pago o que ellos mismos contribuyeron a establecer, como ex funcionarios o legisladores (eso sí, con un sueldo “autorrecompuesto” en un 100% mientras las paritarias quieren mantenerse en un 20% que no hace ni cosquillas a la inflación, aún la publicada por el INDEC).

Entretanto, el panorama intelectual que prometía, con el surgimiento de nuevos agrupamientos opositores y respuestas oficialistas saludando la ampliación de los debates, críticas por izquierda y aportes a “lo que falta”, ha mostrado su esterilidad ideológica y su política limitada a los marcos del régimen burgués.

La intelectualidad opositora intentó jugar por centroizquierda, atacando los puntos más reaccionarios de la política gubernamental. Pero pronto mostró sus primeras fisuras, y casi a la par que se sacaba el maquillaje de su breve racha mediática, dejó ver un núcleo duro, más liberal que de izquierda, alrededor del debate sobre Malvinas. Si el gobierno pretendió utilizar el cercano aniversario de la guerra para darse una pátina nac&pop con que tapar sus favores a las multinacionales que saquean el continente, eso sí, sin descuidar tampoco el buen trato con las multinacionales inglesas; encontró en la oposición de los social-liberales un oportuno complemento que apelando cínicamente a la “autodeterminación” de los isleños, no hace más que explicitar las pretensiones inglesas. Varios de los intelectuales que han propuesto una “visión alternativa” sobre Malvinas, han declarado incluso que es a la guerra a la que debemos la salida de la dictadura. Lo dijo Sarlo públicamente cuando fue a 678, sin que ninguno de los ofuscados y combativos panelistas, metiera cuchara en ese punto.

La discusión tiene sentido histórico pero también actual: la opresión imperialista sigue siendo una realidad para Argentina y para toda la región. Seamos claros: fue una guerra lanzada de manera aventurera, y sin duda la cobarde dictadura genocida no podía tomar las medidas necesarias para un triunfo. Se trataba de levantar una política independiente para una guerra que pese a su inicio, y a su conducción, tenía una causa justa: sobre todo, era necesario romper los pactos con el imperialismo e impulsar la movilización internacionalista. Presentar la derrota a manos de una potencia imperialista como el mal menor, evita dar cuenta de que se reforzó así más, y no menos, la subordinación del país, a la par que sirvió a la Thatcher para recuperar fuerzas para plantearse junto con Reagan, la ofensiva capitalista que hoy conocemos como neoliberalismo.

Hacen bien los que firman la declaración en titular una “visión” alternativa, porque lo cierto es que en cuanto a políticas, aunque haciendo gárgaras con argumentos y tradiciones de la izquierda (el antiimperialismo unos, la autodeterminación de las naciones oprimidas otros), por lo demás, ratifican la apropiación de las islas en beneficio de los intereses de del Estado y las empresas inglesas. Ni antes ni ahora, esos intereses se tocan. Pero sí da un respiro para hablar de algo en lo que el propio gobierno no es el que muestre la posición más de derecha: la crítica al histórico colonialismo inglés y la desestimación de posibles acuerdos que sólo tengan como sustento las “estructuras abstractas de las grandes empresas tentaculares” (aunque la política para el gran “acto recuperatorio que cambiaría la historia de Latinoamérica” no es afectar los intereses tentaculares, sino en prepararse para aceptar la integración idiomática y folklórica de los isleños).

Es que por lo general, la intelectualidad progresista K está ocupada en justificar lo injustificable o edulcorar las políticas a derecha del gobierno: o bien reescribe con la derecha lo que ha escrito con la izquierda, o bien no logra articular palabra. Para quienes atribuyen al kirchnerismo “la repontencialización de la lengua política como centro de las genuinas decisiones de un gobierno de raíz popular y democrática”, y pretenden disputar el discurso de la “máquina mediática que captura palabras” y las vacía de contenido, las “palabras” mismas se han vuelto un problema. Mientras la última Carta Abierta 11 recordaba actos de soberanía frente al ALCA, apenas esbozaron críticas “terminológicas” a la Ley Antiterrorista. Si la carta pretendía mostrar como horizonte del gobierno la “igualdad”, el encuentro de Lucas 57 horas después del crimen de Once sólo provoca inquietudes lingüísticas y a lo sumo, una pregunta sobre la responsabilidad de las “estructuras” que nos sobrevuelan. ¿Tendrá algo que ver con esas estructuras que se trata de uno de los trenes donde viajan los sectores más empobrecidos del conurbano bonaerense y no el medio de transporte de los directivos de TBA y Schiavi? ¿Habrá que recordarles, como lo hicieran los estudiantes del 68 a Althusser, que no son las “estructuras” sino los sujetos los que cortan las calles o arman barricadas, o como en este caso, negocian con los empresarios, desinvierten y se quedan con las ganancias? Sin embargo, a veces las palabras, de tan problemáticas, faltan. Mientras la página web de Carta Abierta tiene como encabezado la foto de Néstor bajando el cuadro de Videla, nada han dicho del Proyecto X que hasta en los términos utilizados y su ubicación geográfica (Campo de Mayo), remiten a las prácticas de inteligencia de la dictadura. Para un agrupamiento que según su propia definición, se proponía como “expresión de un tipo de militancia que consistía en tomar la palabra colectivamente, procurar interpretaciones y asumir un compromiso público”, efectivamente, pretender presentar por izquierda las políticas de la sintonía fina cristinista, sólo puede dejarlos con juegos lingüísticos o con esquivas palabras que faltan a la cita. Sin duda, más difícil que “dar nombre” a la sociedad que desean, es denominar de izquierda al gobierno que defienden.

Los intelectuales que conforman Carta Abierta son cultores del género ensayo, al que uno de sus principales representantes ha caracterizado como “escritura de la disconformidad”, no sólo con el tema abordado, sino incluso con el ensayista mismo. La propia vacilación que le sería intrínseca, lo volvería incómodo para los pronunciamientos políticos tajantes, pero a cambio, le permitiría ahondar aspectos que la urgencia militante puede pasar por alto. Los últimos ensayos del grupo deberían dejar al género mismo hacer su trabajo e iluminar por qué, cuando las políticas del gobierno son cada vez más claras hacia la derecha, los aspectos abordados pasan tan fácilmente por alto las responsabilidades políticas, y la vacilación tan habitualmente se resuelve pronto hacia la defensa de lo actuado por el gobierno y no hacia los “disconformes”. La teoría del ensayo que defienden podría quizá complementarse bien con el análisis que un ensayista ruso clásico defendió hace tiempo: el lenguaje y los géneros discursivos, diría Bajtín, son terreno de disputa, también, entre las clases. En esa disputa, otra máquina, la estatal (que también utiliza su propio apéndice mediático), ha capturado no pocas palabras y la ha vaciado de contenido. Entre ellas, la definición del Estado mismo, que en el discurso de la intelectualidad K sería el encargado de controlar y regular las relaciones entre las clases, un Estado cuya participación en la política pública garantizaría, a los menos poderosos, resguardarse de los exabruptos de los “poderes reales”. Pero es mejor evitar las palabras, aún vaciadas, cuando las “injusticias reales” demuestran palmariamente que contenidos como “la existencia misma del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables”, al decir de otro ruso, no pueden sencillamente borrarse discursivamente.

La politización del debate intelectual, que Carta Abierta gustan atribuir al modelo, responde no a un rasgo de izquierda del mismo, sino a su crisis. Así como las ilusiones en dar salida a los problemas de fondo de la sociedad argentina, chocan cada vez más evidentemente con el modelo K, el conformismo que impregna el debate intelectual nacional se encuentra, cada vez más temprano que tarde, justificando las políticas derechistas del gobierno.

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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