Carta Abierta a Carta Abierta (sobre Cristian Ferreyra y otras “anomalías”) (por Eduardo Gruner)

LEER EN FORMATO PDF

Eduardo Grüner
Integrante de la Asamblea de Intelectuales, Docentes y Artistas en apoyo al FI

Estimados amigos:

 

Acaban ustedes de hacer pública su Carta Abierta No. 10, centrada principalmente (aunque no exclusivamente) en el asesinato de Cristian Ferreyra. Lo consideramos un documento importante, por razones múltiples aunque a veces contradictorias. Es en respeto a esa importancia que juzgamos igualmente pertinente debatir con él con toda la seriedad y el rigor de que seamos capaces. Nos permitimos, pues, una serie de fraternales pero firmes puntualizaciones:

 

1. Los intelectuales solemos tener un problema, que proviene de las propias ventajas –y privilegios- de nuestra posición social y cultural: nos fascinamos fácilmente con nuestras propias palabras. La muy encomiable y defendible búsqueda de “nuevos lenguajes” que puedan dar cuenta de una realidad compleja, cambiante, dinámica y no siempre transparente, y a lo cual no podemos renunciar, corre el riesgo de diluir la tensión  con la propia realidad que intentamos indagar. Empezamos por decir que “en medio de las grandes esperanzas, sucede nuevamente el penoso acontecer de la sangre derramada”, o que “en cada una de estas muertes inocentes surge a bocanadas el signo de una historia irresuelta e injusta”,  y ya parece que hemos establecido el marco profundo de la crítica de lo real . Y lo hemos hecho, además, con expresiones bellamente poéticas (nos eximiremos aquí de recordar –muchos de ustedes son atentos lectores de Walter Benjamin- los peligros de la “estetización de la violencia”, que afortunadamente la CA 10 logra sortear). A veces creemos que eso nos exime de la confrontación  con la totalidad compleja  de la realidad que lamentamos, y que a menudo excede el alcance de las palabras, e incluso con las implicaciones de las propias palabras que usamos para aludirla. Por ejemplo: a continuación de esos enunciados, ¿no convendría discutir cuáles son  esas “grandes esperanzas” que aparecen sorprendidas por la “sangre derramada” (este último sintagma ya no suena tan nuevo ¿verdad?)? Dan ustedes por sentado que el contenido concreto  de las “esperanzas” fue el que salió ¿homogéneamente? ratificado de las urnas por una abrumadora mayoría que, justamente por ser tan grande, incluye necesariamente a todas  las clases sociales, sus distintas fracciones, sus intereses con frecuencia irreconciliablemente contrapuestos (de no ser así, ¿por qué haría falta asesinar militantes populares?). ¿Pueden ser las mismas  “esperanzas” las que han votado los propietarios de un ingenio gigantesco que utiliza fuerza de trabajo semi-esclava, y las que han votado las víctimas  de ese sistema? ¿Son comparables  las “esperanzas” del terrateniente que busca expandir a cualquier precio las fronteras sojeras con las del indígena o campesino que –como muy bien dicen ustedes- representa una resistencia de más de 500 años a la expoliación genocida del Capital mundializado? Si no es así, quiere decir que ese 54 % es un campo de batalla , también aunque no solamente “cultural”, en el cual el gobierno, y cada uno de nosotros,  deberá tomar partido. Del mismo modo, una vez que nuestra dolida crítica ha señalado “el signo de una historia irresuelta e injusta”, ¿no convendría poner en discusión qué se está haciendo realmente hoy , aquí y ahora –qué está haciendo nuestro Estado, para empezar-, para “resolver” esas injusticias históricas? ¿O es que el recurso a la “totalidad” histórica que nos ha determinado nos exime de analizar igualmente la “totalidad” de las responsabilidades que prolongan en nuestro presente  la injusticia? Pero no. Lo que encontramos inmediatamente es que “en esta época propicia” que “no ha sido esquiva en generar justas reparaciones”, “por ello mismo, debe ser propicia para mencionar estos hechos que le son extraños o anómalos”.  Pasaremos por alto la timidez del verbo “mencionar” (no “criticar”, “impugnar”, “cuestionar”, etcétera) para preguntarles: ¿de verdad piensan ustedes que, dentro de una lógica presidida por lo que ustedes mismos califican como “avidez” del capitalismo agroexportador, hechos de este tipo son tan extraños  y anómalos? Lo que parece algo extraño y anómalo, sí, es un razonamiento que apunta a mostrar el asesinato de Cristian Ferreyra como un acontecimiento inaudito , “extraño” frente a las grandes “esperanzas”, y al mismo  tiempo  recuerda el de otro Ferreyra, Mariano, y el de los quom , y los del Indoamericano, y los de Jujuy, y, y…, sin privarse por otra parte de apelar a la calificación –más policial que política, por cierto: es una elección de términos sugestiva- serial . Cómo es que una serie  puede ser una “anomalía”, se nos escapa. Porque, una serie de anomalías , ¿no empieza al menos a hacer conjeturar una cierta regularidad ?

 

2. Pero, retomemos el hilo. En la CA 10 conviven incómodamente dos lógicas discursivas: cuando se trata de analizar las “injusticias históricas” se trata de una “totalidad” compleja plena de matices y contradicciones. Por ejemplo: las víctimas no son “inocentes” en ningún sentido ingenuo del término, ya que estos luchadores  (la palabra es de ustedes, y la hacemos nuestra) han sabido sostener “hierros candentes” y cerrar sus puños sobre una piedra. No se ve bien a qué viene esta aclaración –descartamos absolutamente que se insinúe aquí una interpretación al estilo de los “dos demonios” que pudiera hasta cierto punto explicar que a las piedras se haya respondido con balas de plomo-, salvo como voluntad de mostrar las complejidades de este tipo de situaciones. Sin embargo, cuando se trata de analizar las responsabilidades actuales , esa complejidad “dialéctica” se transforma en binarismo de polos excluyentes, sin conexión entre sí: por un lado  están las grandes esperanzas despertadas por el “modelo” –así, en boque, sin discriminación de a qué diferentes y antagónicos proyecto(s) de clase(s) pertenecen-, y por el otro  están las “anomalías”. En el mejor de los casos las “anomalías” son rémoras , resabios de una época bien pretérita, incluso… ¡feudal!: “La avidez de un capitalismo depredador… vive su medioevo  de conquistas”, etc.. Otra vez no se entiende el razonamiento, sobre todo cuando a renglón seguido nos encontramos con que “El gran capitalismo agropecuario tiene su mirada en la Bolsa de Chicago, en las operaciones políticas de gran escala, en los secretos de los gabinetes químicos que perfeccionan la semilla transgénica”. No suena muy medieval que digamos, ¿verdad? Al contrario: es una excelente descripción de la plenamente moderna actualidad  de un capitalismo que es el nuestro . Sin embargo, el razonamiento da toda la impresión de querer separar  el capitalismo “realmente existente” en nuestro país de las “anomalías feudales” de algunos capitalistas desbordadamente “ávidos” (que saben hacer uso de recursos tan poco medievales como la Bolsa de Chicago y las semillas transgénicas), como si a todo lo largo de la historia del capitalismo no hubiera podido ser perfectamente compatible –y aún necesaria- la articulación entre la lógica dominante  de la (en este caso) más moderna expansión agroindustrial con las más variadas formas de esclavitud y semi-esclavitud, no en tanto rémoras “feudales” sino como producto  de esa misma lógica de aseguramiento de la rentabilidad y la ganancia: “Desarrollo desigual y combinado”, bautizó a esa “anomalía” un clásico del pensamiento marxista. No, no son “forajidos de frontera” ni “escapados de otra época”: son nuestros, son de aquí, y son de ahora. Y sigamos con los ejemplos: hacen ustedes muy bien en recordar la gran cantidad de etnias y culturas aborígenes que conforman la parte olvidada  (y superexplotada, cuando no masacrada) del pueblo argentino. Y lo hacen introduciendo toda la complejidad y contradictoriedad de su historia: recuerdan las guerras interétnicas, y las alianzas de algunas de esas etnias con los conquistadores contra  las etnias rivales resistentes, y así. Es cierto que una vez más no se ve bien a qué viene la erudita referencia (¿hay buenas y malas personas tanto entre víctimas como entre victimarios? Claro que sí, pero esa más que obvia generalidad no quita que haya víctimas  y victimarios no equivalentes en el “gran relato” histórico). Pero, en todo caso, es muy atinado que ustedes recuerden esa “lejanía indiscernible” y esa “heterogeneidad sorprendente” –menos indiscernible y sorprendente, desde ya, para los historiadores y antropólogos que han explicado exhaustivamente y desde hace mucho esos fenómenos- y afirmen que “no es necesario que nos imaginemos un pasado pulcro e incontaminado”. Gran verdad. Pero, perdón, el presente  sí? ¿Que –según el razonamiento discursivo de la CA 10- esos asesinatos “seriales” sean anomalías de otra época perpetrados por forajidos escapados de la barbarie feudal, no tiene como consecuencia necesaria  que vivimos en un mundo de esperanzas, “pulcro e incontaminado”, que de pronto –vaya a saberse por qué “retorno” de la barbarie encarnada en algunos (¿cuántos? ¿quiénes?)  “forajidos”- es asaltado  intempestivamente en su reino de la “cabal apuesta por la plena igualdad”? ¿Se ve entonces la aplicación de dos patrones de análisis radicalmente distintos, uno que toma en cuenta todas las complicaciones dialécticas del pasado, mientras el otro simplifica binariamente el presente, dividiéndolo en la “normalidad” de un tiempo “esperanzado” y las “anomalías” del capitalismo depredador?

 

3. Hay, en la Carta, un párrafo altamente sugestivo, que por un lado refrenda lo que venimos diciendo, y por otro lo contradice contradiciéndose a sí mismo. Dicen ustedes: “Son nombres que reaparecen cuando actúan el capanga, la policía rural dominada por las peores lógicas de los empresarios, pequeños o grandes, de la tierra, vinculados a una irresponsable clase política”. Aquí hay un deslizamiento de la particularidad  del “capanga” malvado o incluso de la “policía rural” (nada sabemos de otras  policías bien “urbanas” que actuaron, o desactuaron, en el caso Mariano, Indoamericano, Ledesma y demás, que ustedes mismos “mencionan”), a la generalidad  ya más “sistémica”  de las peores  lógicas empresariales (las hay, evidentemente, mejores , que no matan gente, pero en fin, avancemos) a una irresponsable  (nosotros preferiríamos discutir su responsabilidad , pero en fin…) clase política (nosotros preferiríamos hablar de “políticas de clase” , pero en fin…). ¡Totalmente de acuerdo! Pero, perdón, ¿quiénes son  esos empresarios y esa “clase política”? ¿Están o no vinculados al Estado, a los gobiernos provinciales y al nacional, son o no aliados (¿tácticos?) de un gobierno que, lejos de denunciarlos y castigarlos, los arropa en el amplísimo manto del “modelo”? ¿o eran ellos, resulta, los “forajidos” salidos de algún arcaico estrato geológico de la prehistoria bárbara? ¿Forma o no parte, todo eso, del “modelo” de “capitalismo voraz y depredador” cuyas estructuras básicas  siguen siendo hoy  las de nuestra “historia irresuelta e injusta”? ¿Son “anomalías” que están enfrente o afuera  del “modelo” –y si es así, no entendemos por qué muchos de esos empresarios lo apoyan con creciente énfasis-, o son más bien efectos  de un “modelo” uno de cuyos componentes centrales es ese “capitalismo agroexportador” que produce  tales “anomalías”? Sería muy importante que ustedes intentaran responder estas preguntas. Ayudaría a aventar toda suspicacia respecto de los efectos “objetivos” del discurso de la CA 10. La suspicacia, por ejemplo, a propósito de que lo que aparece  -y sin duda honestamente es , pues desde Hegel sabemos que no hay ser  sin apariencia – como una crítica a las “anomalías”, pudiera servir al mismo tiempo  como operación que separa  al “sistema normal” de sus (ni siquiera “consecuencias no buscadas” sino) “extrañezas”, es decir ajenidades  al “modelo”. La lógica de la CA 10 se diría sustentada, en este sentido, por la típica operación ideológica “fetichizante” de sustitución del todo por la parte y de las causas por los efectos. Las “partes” y los “efectos” aparecen como “rarezas” externas, en todo caso sorpresivamente incrustadas  en el presente “pulcro e incontaminado” del “modelo”, cuando en verdad son partes y efectos inevitables  del componente agroexportador “voraz” del propio modelo. Razonando de esa manera, no es de extrañarse que ustedes se extrañen de que de pronto aparezca de la nada –“como rayo en día sereno”, hubiera dicho Marx- este reguero de sangre. Dice la CA 10: “Es un problema multisecular, que queda en penumbras hasta que un asesinato lo ilumina. Del mismo modo, el asesinato de Mariano Ferreyra iluminó como una chispa al costado de las vías, la realidad oscura de la tercerización”. Pero, metáforas lumínicas aparte, ¿ustedes no sabían  que existía esa “realidad oscura”? ¿Tuvo que ocurrir el asesinato, encenderse esa ominosa “chispa”, para que se decidieran a hablar del “problema”? Es difícil creer eso. Quizá creyeron, una vez más, que denunciar todo esto de antemano –es decir, antes de que fuera demasiado tarde para Mariano y para Cristian, para los qom  y los jujeños- era darle armas a la derecha. Pero, ¿a cuál? Porque a esta altura –después de los inequívocos apoyos que el “modelo” ha recibido por parte de todas  las principales fracciones de los “poderes fácticos” (nosotros preferiríamos hablar de clases dominantes , pero en fin…)- no hace falta argumentar demasiado que la derecha , la que realmente importa (no nos referimos a los medios de la “Corpo”, esa “vanguardia” del despiste ideológico que ha quedado pedaleando en el vacío) está plenamente consustanciada con el “modelo”, y lo estará cada vez más a medida que avance la crisis internacional. No solamente porque han hecho bien las cuentas y han concluido que en medio de la turbulencia es mejor “no cambiar de cabello en mitad del río” (ya canónico apotegma peronista), sino porque este  “modelo” –que incluye , aunque no pueda reducirse a él, el capitalismo agroexportador “voraz” que en el límite mata a quienes se le resisten- es el único  que, por ahora, puede salvarle la ropa, y alimentar las “esperanzas”, sí, de un “capitalismo en serio” (porque hasta ahora, parece, era todo un gran chiste).

 

4. Que se nos entienda bien: va de suyo que están ustedes en todo su derecho de defender el “modelo”, si creen que es lo mejor, o lo único, que se puede hacer en la Argentina de hoy. No es, desde luego, nuestra posición, pero precisamente lo que tiene sentido es discutir nuestras diferencias . No se trata de no reconocer esas medidas “reparadoras” que ustedes citan, y que parecen tanto más espectaculares cuanto más se las compara con menematos y delarruatos (aunque, ya van ocho años, y vamos por cuatro más, total doce; pero en fin…). Pero sí se trata de procurar discernir cuál es la lógica  de fondo en la que podríamos inscribir “lo que falta”.  Eso no se podrá  hacer si dividimos la realidad argentina actual en dos compartimientos mutuamente excluyentes: por un lado el “modelo” y todas sus bondades, por el otro las “anomalías” perversas que parecieran efecto de alguna invasión extraterrestre. Hay  una conexión “dialéctica” entre ambas: no necesitamos explicarle a los “frankfurtianos” que hay entre ustedes, que son muchas veces los “detalles” más extremos  y aparentemente insólitos los que permiten reconstruir la constelación  total a la que pertenecen. Los asesinatos de los que ustedes –con toda razón- se espantan e indignan, pertenecen  como tales “extremos” a la potencialidad siempre “actualizable” de la lógica “normal” de un modelo que pone férreos límites  a la “profundización” de sus aspectos más “progresistas” (si quieren llamarlos así) y al mismo tiempo vela por los intereses de sus aliados más poderosos. Nadie está diciendo que el “modelo” consista  en matar campesinos que defienden sus tierras, se entiende; pero sí que si ello, en algún momento –y esos “momentos”, en efecto, ya van constituyéndose en serie – se hace necesario, esa es siempre una posibilidad , y no una “anomalía”. ¿No es algo sobre lo que deberíamos pensar? Con mucha más razón cuando las medidas que el gobierno ya ha empezado a tomar en este breve período “transicional” indican claramente, para quien esté dispuesto a tomar en cuenta la totalidad de la “constelación”, el giro a la derecha  de que tanto se habla (y no nos dejaremos extorsionar con el argumento de que ese enunciado es utilizado cínicamente por la “Corpo”: otra cosa que no necesitamos explicar es que el sujeto de la enunciación  altera radicalmente, siempre, el sentido del enunciado).  Por sólo tomar un “pequeño” ejemplo:  hacia el final de la  CA 10 afirman ustedes estar a favor de las recientes decisiones a propósito de Aerolíneas Argentinas, incluyendo, es de suponer, la anulación de la personería gremial y práctica “militarización” de un sindicato. Como podrán imaginarse, no seremos nosotros quienes defendamos las presumibles corruptelas o “malas intenciones” de alguna fracción de la peor burocracia sindical. Pero, ¿no ven ustedes –dentro de la “constelación” global- que esto último se inscribe  en la cada vez más insistente “constelación” de discursos presidenciales que exhortan a desactivar  la protesta social, a silenciar los reclamos populares (incluidos los del casi 40 % de trabajadores aún “en negro”, los de los tercerizados súbitamente “iluminados” por el asesinato de Mariano, etcétera), a poner un techo rígido del 18 % a las demandas de unos aumentos salariales que por lo tanto seguirán estando muy por detrás  de la inflación? ¿No ven que desde hace ya tiempo se están “abriendo los paraguas” para prevenir un posible aumento de la conflictividad social que podría  -seamos prudentemente condicionales-  producirse en caso de que lo que se “profundizara” fuera la crisis mundial y sus (inevitables, dentro de la “constelación”) consecuencias de “ajuste” cada vez más duro? Y si eso ocurriera, ¿de qué lado creen ustedes, sinceramente, que se pondría el gobierno para defender este  “modelo” que, está visto, despierta crecientes “esperanzas” entre el porcentaje mínimo del 54 % que representa el poder real ? Y por supuesto, no se trata sólo de discursos sino también  de hechos : a las medidas que se han venido tomando hay que sumarles los cerca de cinco mil casos (cinco mil ya es algo más que una serie  de “anomalías” ¿no?) que siguen existiendo de “judicialización” de la protesta social, de los que el reciente y grotesco intento contra el “Pollo” Sobrero es apenas un botón  de muestra. ¿Entonces? ¿nada de eso es también  el “modelo”? ¿son solamente  sus “contradicciones internas”, las “tensiones” no buscadas que devienen de los sistemas de alianzas políticas y con los “poderes fácticos”, necesarios para una “acumulación de fuerzas” (¿hasta dónde? ¡ningún otro gobierno, incluidos los del mismísimo Perón, tuvo nunca tanta fuerza ni poder de legitimación!)? Entonces, acumuladas las fuerzas, ahora sí  vamos… ¿a dónde? ¿en qué dirección? ¿con cuál otro  “modelo” que sería tan radicalmente diferente al actual –que tendría  que serlo para poder incorporar aún todo lo que ustedes mismos dicen que “falta”-? Hacen ustedes una larga lista de cosas que todavía “faltan”. Aún cuando todas ellas sumadas, si se cumplieran, todavía no implicarían una transformación a fondo de las “estructuras básicas” de la sociedad (nadie les está pidiendo que se definan como radicalmente anticapitalistas: de ser así no estaríamos debatiendo todo esto), no podemos sino acordar plenamente con esa demanda. Pero, ¿a quién  se lo están demandando? En ningún momento de la CA 10 se insinúa que podría ser la movilización de las masas organizadas autónomamente (e incluso  si por el momento quieren seguir definiéndose como peronistas y / o “K”) la que obligara  (o, digamos, ayudara , concediendo la posibilidad de que el gobierno quiere hacerlo, pero está atado por su sistema de alianzas, o lo que fuere) al gobierno a “profundizar” en “lo que falta”. ¿Se lo piden, entonces, al Estado, a este  Estado? Créannos, por favor: sin que las masas lo empujen, no lo va a hacer. La movilización autónoma de las masas populares –salvo que se trate de asistir a los festejos bicentenarios o a las exequias del ex presidente- no es  parte de la “constelación”, más bien al contrario, lo es su desmovilización : para eso está –entre muchas otras cosas, pero como herramienta decisiva- la burocracia sindical. Y aún aquí es evidente el giro a la derecha, si resulta verificarse el desplazamiento de Moyano a favor de los “Gordos” y compañía. Insistimos: ¿no habría que analizar esta “constelación” entera , sin duda con sus vacilaciones, conflictos y fragmentaciones internas, pero no pretendiendo que el “modelo” y Cristian Ferreyra son fragmentos absolutamente externos  y ajenos uno al otro? Como dice un famoso postulado de la física, el todo sólo es igual a la suma de las partes cuando las partes se ignoran entre sí; cuando se relacionan entre sí, en cambio, esas relaciones se incorporan  al “todo” previo, y lo transforman en otra cosa . Como se puede ver, la física también puede ser, a veces, “pensamiento crítico” .

 

Los saludo fraternalmente,

Eduardo Grüner

Anuncios

Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
Esta entrada fue publicada en Debates, Declaraciones y Convocatorias, Intelectuales y discurso, Política nacional, Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

23 respuestas a Carta Abierta a Carta Abierta (sobre Cristian Ferreyra y otras “anomalías”) (por Eduardo Gruner)

  1. Comparto totalmente la Carta del Frente de Izquierda.
    Prof. Lic. Harald Moser.
    Director de la Escuela de Ajedrez “Los Ranqueles” de Mercedes, Prov. de B.Aires.

  2. Cuando se debe buscar un equilibrio entre lo intelectual y lo “factico”, cuando el “TODO” no se sienta representado en la VOLUNTAD DEMOCRÁTICA de una GRAN MAYORÍA, cuando un modelo se contrapone a un modelo “otro” por todos conocido y padecido, el pensamiento crítico tiene una cierta obligación ética y moral de entender que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.
    La calidad del texto es impecable. El pensamiento crítico también. Gobernar un país como la Argentina (examinemos los años de 1983 a 2001), no es cuestión fácil. Pero debe ser justo exigir lo máximo posible. ¿Aún a riesgo de volver a caer en antiguos errores?

  3. Laura Catelli dijo:

    Me parece un tanto reduccionista la concepción de “masas” como movilizadas únicamente por “festejos” o “exequias”, “La movilización autónoma de las masas populares –salvo que se trate de asistir a los festejos bicentenarios o a las exequias del ex presidente- no es parte de la “constelación”, más bien al contrario, lo es su desmovilización : para eso está –entre muchas otras cosas, pero como herramienta decisiva- la burocracia sindical.” Decir que no ha habido otras movilizaciones masivas autónomas (Ley de Medios, por citar un ejemplo contundente) es distorsionar la cosa. No caigamos en una caracterización abstracta–y elitista–de “las masas” como una cosa que se activa y desactiva según convenga a los poderes. Viejo vicio de los intelectuales, los de derecha y los de izquierda también.

    • Martín Argo dijo:

      No creo que Gruner ni nadie de la izquierda tenga un concepto reduccionista de la movilización de las masas, o que piense que las masas son incapaces de movilizarse autónomamente ni cosas por el estilo. Creo que la posición más común entre la militancia de la izquierda es exactamente la contraria.
      Quizás lo que querés decir es que sería reduccionista considerar -como suele hacer la izquierda- que las movilizaciones que promueve el oficialismo carecen de autonomía y no expresan auténtica iniciativa popular, no vienen “de abajo”. En este último sentido, la entrelínea de tu mensaje es que la izquierda tendría una visión “reduccionista” del kirchnerismo.
      Pero, bueno… ésa es precisamente la muletilla constante de los progresistas o izquierdistas que apoyan al kirchnerismo: que no hay que reducirlo a su efectivo contenido de clase, que se trata de un fenómeno complejo, y todos los etcéteras que ya estamos tan acostumbrados a escuchar de boca de los apologistas progres del kirchnerismo. Precisamente esta es la muletilla que la izquierda pone en tela de juicio.
      Para defender tu idea de que existe una movilización autónoma de masas en favor del kirchnerismo, citás como ejemplo un caso más bien excepcional: la presencia de un número importante de concurrentes espontáneos a la movilización por la ley de medios.
      Más allá de lo que se pueda decir sobre el contenido político y social efectivos tanto de aquella movilización como de la ley de medios, su carácter excepcional constituye una confirmación de la regla: De conjunto han predominado las represiones oficialistas a la movilización popular autónoma, y me parece que Gruner hablaba, justamente, de la sangre derramada en estas represiones, que constituyen ya no le excepción o la anomalía, sino la norma, el sistema.
      Cabe señalar, por último, que la represión que el oficialismo ha dirigido contra las movilizaciones autónomas de las masas, no se aplicó en los casos en que, lejos de tratarse de expresiones autónomas, la derecha logró concitar adhesión popular (como sucedió en la pulseada en torno a la 125). Fue escandaloso el contraste entre los guantes de seda con que fue tratado el acampe ruralista, y la paliza brutal que sufrieron en aquél mismo período los miles de desocupados que intentaron acampar en Plaza de mayo con reclamos verdaderamente populares, índiscutiblemente legítimos, y expresando una decisión tomada desde abajo.

  4. marcelo dijo:

    Mientras la izquierda siga ignorando la cuestión nacional solamente le queda tener una actitud crítica hacia la política de los partidos burgueses. Desde la vanguardia de un grupo de intelectuales y desde sindicatos de base, desde ya valiosos en su existencia por su oposición a la burocracia sindical, no se interpela a identidades ni matrices culturales que este país tiene muy arraigadas. La carta de Eduardo Grüner desnuda por completo las partes oscuras del llamado movimiento nacional y popular, pero mientras la izquierda no se dé una política de subversión cultural no llegará la etapa de la subversión política para cambiar este sistema capitalista.

  5. daniel rico dijo:

    No he podido terminar de leerla. Me ha resultado casi tan insufrible como las “cartas abiertas”.

    Soy obrero y supongo que no escriben para gente como yo, sino para lucirse entre ustedes, asi que no tengo nada que reprochar.

    Saludos!

    • Pulga dijo:

      Daniel como trabajadores no podemos dejar en manos de los políticos “profesionales” el análisis político… en una sociedad de clases, hay intelectuales orgánicos de la burguesía, de los patrones, de su estado y sus instituciones…. en la vereda de enfrente los laburantes no podemos no contar con compañeros y compañeras intelectuales orgánicos de nuestra clase. Así como luchamos por nuestros derechos en el terreno sindical, tenemos que luchar en el terreno político por un estado de nuevo tipo, un estado obrero y socialista y eso requiere elevarnos en el plano intelectual… nos cuesta mucho más porque los medios no están a nuestro alcance pero en nuestra historia como clase hemos tenido no solo trabajadores de la cultura, del arte, del pensamiento provenientes del movimiento estudiantil, de sectores medios, sino también obreros que han escrito libros y pronunciado discursos e intervenciones de un gran nivel intelectual.
      Un abrazo

    • Federico dijo:

      Daniel, entiendo lo que planteas, pero creo que es justamente dificultosa de leer, o similar a las CA porque es un esfuerzo de Gruner para establecer un dialogo y tratar de exponer un punto de vista diferente expresado en las categorías de los integrantes de carta abierta. Por eso aclara una y otra vez las formas en que desde el Frente de Izquierda preferimos expresarnos.
      Creo que la carta es contundente y no he buscado si ha merecido respuesta por parte de alguno de los intelectuales k. Ojala respondan, pero la veo dificil,

  6. Pati dijo:

    Marcelo, creo que estas delirando.
    Que la izquierda no tiene en cuenta la “cuestión nacional”? Creo que si la tiene en cuenta, justamente por eso plantea lo que plantea.
    La burguesía nacional, históricamente, ha sido y es como esos pajaros parásitos que viven y molestan a los lobos de mar o los hipopótamos (el imperialismo, la “oligarquía”), por ejemplo. No pueden vivir sin ellos, pero para obtener mejores condiciones en la reproducción de sus ganancias, se hacen los malos con el monstruo, convirtiendose en la encarnación de las “reivindicaciones nacionales”. Cuando las cosas se empiezan a poner duras, y los obreros comienzan a correr para adelante, los parásitos “nacionales”, saludan a la bandera, la guardan prolijamente, hacen mutis por el foro y van a esconderse bajo las axilas del imperio, del hipopótamo, en un espectáculo ridículo, que daría mucha gracia si no fuera porque la contrapartida, hasta ahora, ha sido la represión hacia los trabajadores, que terminan quedando solos.
    ESO HIZO EL PERONISMO, Y ES LO QUE LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA “INTERPELA”, desde la producción intelectual, desde los sindicatos, desde su prensa, y sobre todo en la práctica política de todos los días.
    ¿Subversión cultural?, (que olor a “posmodernidad”). ¿Como se desarrollaría una “subversión” de ese tipo?, contame, nunca vi algo así (a no ser por ejemplo, “Tucumanarde”, ¿sería correcto el ejemplo?, durante la década del 60, pero se vió precedido por grandes luchas en Tucumán y otros lugares- o sea, subversión de los trabajadores en los lugares de trabajo que afectaba la propiedad capitalista, no “cultural”)
    Explicame porque en esta página se estan poniendo en debate cosas en serio, concretas, definitivas para el futuro. Si vamos a delirar, escribamos en otras páginas, me parece.

    • marcelo dijo:

      Mirá no creo que sea un delirio, no hablo de la cuestión nacional en el sentido de la base material, si lo querés en términos marxistas, hablo de los sustratos culturales que
      este país posee. No se puede establecer un cambio radical de una sociedad con las marcas cristianas y occidentales, que gran parte de esta sociedad posee ,si antes no se consideran algunas cuestiones. Cuando el país estuvo más a la izquierda fue cuando un sector importante de la clase media, que nos guste o no, a mí particularmente no, pero ese es otro tema milito en la JP. ¿Qué diferencia había entre los cuadros de la llamada izquierda peronista y la izquierda dura por ejemplo? La izquierda radicalizada no tiende puentes significativos ni siquiera con sectores cristianos llamados curas del tercer mundo o como se los llama ahora opción por los pobres. ¿No te parece una práctica subversiva resignificar el cristianismo desde el marxismo? ¿La mayoría de los argentinos son ateos? Las prácticas políticas que buscan radicalizar a la sociedad,por sí solas no cambian subjetividades para un proyecto colectivo.
      El marxismo no discute con el psicoanálisis o con el existencialismo por ejemplo. Grüner tiene interesantes artículos al respecto.
      Me pregunto porque la izquierda desde 1930 hasta 1946 no conquisto a las masas trabajadoras y sí lo hizo un coronel occidental y cristiano. No es solamente el poder del aparato estatal el que modela las subjetividades para proyectos colectivos.
      Lo que te planteo es un debate desde la totalidad y como las praxis actúan en un medio que los condiciona y a su vez recrean. Desde la lógica economicista del marxismo puro todo se soluciona rapidamente. Por supuesto, que las burguesías locales son parte de la lógica del gran capital transnacional, pero de lo que se trata es de poner en conflictividad las identidades que traban un cambio de raíz. O todavía pensamos que la política pasa por un grupo de iluminados de vanguardia o foquistas, como se decía en los 70 que hacen política al margen de las masas. Porque vamos a estar de acuerdo que las masas no son solamente un grupo de obreros. ¿La conservadora y en algunos casos facista clase media no la integran?¿ O el 2001 fueron los piqueteros solos los que radicalizaron la protesta?

  7. Pati dijo:

    Aha, vos decís que en el impulso y desarrollo de una revolución socialista, se deben tener en cuenta los “sustratos culturales” que hacen a una nación. O sea que hay que empezar por las alturas, “entrar” en las masas por el lado de las ideas, y mimetizarnos con ellas?, es decir: hagámosnos católicos, peronistas, “revisionistas”, un poco fachos, o ecologistas y bien individualistas (que tanto le gusta a la clase media). Para eso, demos de baja cualquier partido y programa revolucionario.

    ¿No te parece que nos terminaríamos perdiendo en esa maraña de mentiras?, ¿no te parece que es más apropiado tener un programa político coherente, mantenerlo (delineando las consignas según el momento histórico, si) y tratar de esclarecerle el panorama político a las mayorías, de a poco, cotidianamente, aunque cueste y tome tiempo? A mi si.
    Rusia era ultracatólica, y mirá lo que pasó en el 17. El marxismo no tuvo que mutar para adaptarse al “sustrato cultural”. En España también tenía mucho peso la Iglesia.

    Es rara la división que estableces en la Izquierda de los años setenta: peronista o “dura”.
    ¿Cual era la “dura”?, ¿el PRT que terminó haciendo un frente (FAS)?, ¿el que dirigió junto a algunos peronistas las grandes luchas de fábricas de mediados de 1975?, ¿los Montoneros eran “blandos”?, ¿vos decís porque no se dieron cuenta de que Perón los mandaba a matar y aún así lo seguían reivindicando como el líder a seguir engañando y mandando al muere a os trabajadores y la pequeña burguesía?La “resignificación del Cristianismo desde el marxismo no me parece subversivo, me parece una basofia.

    “Me pregunto porque la izquierda desde 1930 hasta 1946 no conquisto a las masas trabajadoras y sí lo hizo un coronel occidental y cristiano. No es solamente el poder del aparato estatal el que modela las subjetividades para proyectos colectivos”: Será porque no estaba desarrollada una conciencia de clase, será porque el reformismo siempre otorga inmediateces y hace que muchos viren hacia el, será porque el único partido de clase en gérmen (Laborista) fue destruido por el coronel occidental y cristiano.

  8. asambleafit dijo:

    Marcelo, lo que planteás es un viejo debate entre lo que podríamos llamar una “solución cultural” y una “solución política” a los problemas sociales. Yo no creo que el socialismo triunfe porque es “mejor” hipotéticamente que el capitalismo (que lo es), porque “argumenta” mejor o porque tiene una alternativa cultural más humana. El socialismo triunfará, si triunfa, porque el capitalismo se cae. Si el capitalismo marchara sobre rieles, si la gente se desarrollara trabajando, el socialismo hace rato habría entrado en la bolsa de trastos viejos de las ideologías. Como decía un economista marxista hace unos años, el factor más dinámico de la lucha de clases mundial es, hoy por hoy, la crisis económica. Eso es lo que va a despertar a la gente de las falsas soluciones intermedias, parciales o falsas, como el nacionalismo, el cristianismo, el ecologismo.
    Es falso que los socialistas no discutamos con esas corrientes. Al revés, este blog, nuestra asamblea, los miles de libros y periódicos que el marxismo publica, son una demostración de que nos interesan todos los debates ideológicos y culturales del presente y del pasado. Otra cosa muy diferente es tratar de “subvertir” el cristianismo desde adentro, porque entonces, como te señalaron recién, tendríamos que “infiltrar” todas las ideologías que no responden al socialismo, pero a las que la gente le da cierta bolilla.
    Esas ideologías alternativas han crecido en las últimas décadas por las derrotas de los movimientos socialistas, por el desastre que fue la experiencia de la URSS y satélites en los últimos años. La gente busca justamente eso, alternativas, a un pensamiento claro, diferente y con una perspectiva concreta, como es el socialismo, que no se cansa de denunciar que el capitalismo nunca va a suprimir ni la pobreza ni las guerras, y por eso es una perspectiva de catástrofe para la humanidad. Pero esas “alternativas” tienen una vida muy relativa.
    Las épocas de revolución son muy poco frecuentes en los países. Nosotros tuvimos una época como esa entre 1900 y 1910 y entre 1969 y 1975. En esas épocas, todas las ideologías previas se modifican día a día por la vertiginosidad de los acontecimientos. La gente no puede seguir soportando la situación que le toca vivir y busca nuevas alternativas. En esas épocas, los católicos, los ecologistas, los peronistas, buscan un horizonte nuevo. En ese momento, el socialismo tiene que estar preparado para marcar un nuevo rumbo. Para eso nos preparamos y para eso discutimos hoy y tratamos de que los mejores elementos del movimiento popular se pasen a nuestras filas.
    Hace 200 años que venimos batallando por todos los explotados por el capital. No nos vencieron nunca ideológicamente, no nos van a vencer ahora, que el capitalismo parece un pan de manteca en el horno. Sumate a nosotros.
    Hernán Díaz

  9. marcelo dijo:

    Está interesante el debate, me parece que bazofia no es una categoría teórica, el dilema cristianismo/marxismo no lo plantea quien esto escribe, existe muchísima literatura al respecto. Si la argumentación se convierte en juicios de valor no llegamos a ningún lado. Primero, no hablo de mimetizarnos con las masas, sí de resignificar lo que ellas son. “Esclarecerle el panorama político a las masas”. “No estaba formada una conciencia de clase”.De la categoría a las conciencias, me parece que se pasan por alto las contradicciones y las opacidades de toda conciencia que está sumergida en el campo de lo objetivo. Por supuesto que la izquierda debe tener un programa y un partido revolucionario, lo que no sé si tiene es una pedagogía de lo social para que la política sea política de las masas no de una vanguardia iluminada. El hecho de que el capitalismo sea una manteca como lo dice Hernán y vaya si lo es, no significa que las masas vayan a adoptar el programa de un partido revolucionario si el capitalismo estalla. Una cosa es la izquierda social y crítica y otra tener un reales posibilidades de constituir un poder político constituyente.

  10. asambleafit dijo:

    Marcelo, cuando decís “a la izquierda le falta una pedagogía de lo social”, “no ser vanguardia iluminada sino hacer política de masas”, te reconozco que muchas veces la izquierda puede dar esa impresión. Pero fijate la campaña del FIT en las últimas elecciones: partía de explicar con sencillez las reivindicaciones más elementales de la gente, porque esas reivindicaciones (salario, jubilación, educación, salud) nadie las va a llevar adelante, salvo “nosotros, la izquierda”. Eso es lo que la izquierda llama un programa transicional: pasar de las consignas más pequeñas y elementales, a la resolución de los grandes problemas políticos y económicos del país. Si vamos a juzgar a la izquierda por su “discurso” en una época en que estaba aislada, fragmentada, resumida a grupúsculos, erramos. En ese momento, los pequeños fragmentos de la izquierda estaban más preocupados por saber cuál era la “perspectiva correcta” que por elaborar un discurso de masas. No creo que la izquierda “ya sepa todo”, al menos es mi apreciación, creo que la “pedagogía social” la va a ir elaborando en la medida en que se le presenten nuevos desafíos políticos, que no son desafíos que se puedan considerar a priori, sino que los impone el propio capitalismo.
    Lo más importante, a mi entender, es que la izquierda marxista y revolucionaria es la única que realizó transformaciones radicales en algunas partes del mundo: Rusia, China, Cuba, España. Que luego abortaron, es otro problema. Cómo ir elaborando una “pedagogía social”, cómo encarar la “opacidad de los discursos”, cómo hablarle a la gente para ser entendido, es un problema amplio, pero hasta cierto punto secundario. Si nos considerás parte de las masas, te darás cuenta que el problema se resuelve en la misma práctica. Si pensás que estamos afuera, vas a pensar que nos quedaremos afuera por toda la eternidad. No dudo que la izquierda (lo digo sin pertenecer a ninguno de los partidos del FIT) está buscando y está encontrando un lenguaje. No soy yo ni nadie el que lo va a encontrar. Es una práctica, y allí todos tenemos nuestra parte.
    Ahora bien, no es verdad que la izquierda no piense en estas cosas. Pero de manera general piensa que será la realidad objetiva, sobre todo, la que va a barrer con los “discursos” falsamente transformadores. Tenemos que ayudar a derribarlos, con inteligencia.
    Abrazo
    Hernán Díaz

  11. Martín Argo dijo:

    Creo que Marcelo se inscribe dentro de una tendencia intelectual muy vigente, cuya importancia en el plano académico -y hasta mediático- remite a una doble causa: por un lado el hundimiento histórico de la izquierda que se reclamaba marxista debido a su prolongada hegemonización por el stalinismo y, por otro lado, la inevitable “pendiente natural” del campo académico, de la intelectualidad (incluidos los especialistas sociales, económicos, políticos y culturales) a adaptarse al régimen social en que deben subsistir. Me refiero a lo que podríamos llamar “culturalismo”, la tendencia a diluir la política en la cultura, con las excusas de la complejidad, la multicausalidad, etc. etc.. Como se sabe, prestigiosos referentes de esta tendencia procedieron del marxismo (o, más exactamente, de una ruptura ambigua con los partidos comunistas).

    Creo también que Marcelo se equivoca al hablar tan a la ligera de un constante fracaso de la izquierda para captar a las masas (algo que “un coronel católico y nacionalista” habría logrado, al parecer, sin mayores dificultades). Al hacerlo se hace cómplice no sólo de un operativo apologético y mistificador respecto del peronismo, sino de un operativo de ocultación histórica sobre las alternativas y las luchas obreras antes de 1943.
    En el primer sentido, Marcelo no consigue ver que la aparente unanimidad cultural alcanzada por el peronismo, que tanto lo impresiona, contiene prácticas -y virtualmente programas- contradictorios en su interior, y que esta contradicción no es una mera circunstancia sino que es la verdad última de la unanimidad ideológica o cultural conquistada por el peronismo entre las masas.
    En el sengundo aspecto, Marcelo pretende medir con la misma bara las identificaciones u orientaciones políticas que las masas desarrollan autónomamente con las que les fueron aportadas desde arriba. Para ilustrarlo mediante una analogía, es como pretender comparar la influencia de las peñas culturales con la alcanzada los grandes medios de comunicación (como si, por otra parte, lo cuantitativo necesariamente diera cuenta de lo cualitativo, como si toda influencia tuviera el mismo “peso específico”, cuando no es así). Lo cierto es que hasta bien avanzada la década del ’30 hubo importantes desarrollos de la clase trabajadora de Argentina -y de otros países- en torno a ideas vinculadas al socialismo, la lucha de clases, la independencia de los trabajadores respecto a las alternativas políticas del capital, etc.
    Es cierto que esa influencia -la lograda por corrientes de izquierda- no se pareció -no fue “parecida”- a la que alcanzó el peronismo, pero no veo por qué esta falta de “parecido” debe verse como un “menos” y no, por ejemplo, como un “más”. Hacer lo primero habla no tanto del valor o la importancia de cada una de esas influencias, sino de la clave culturalista con que Marcelo lee la política.

    Por último, Marcelo pone en duda que la crisis capitalista deba inducir a las masas a adoptar un programa socialista revolucionario.
    Creo que existen sobrados ejemplos históricos en sentido contrario (alguno mencionó el caso de la cristiana Rusia y se podrían agregar unos cuantos más) pero esta apreciación de Marcelo pone en evidencia el gran contraste conceptual que aquí está en juego: Precisamente lo que no cabría esperar, en mi opinión, es que ante una situación de crisis capitalista las masas simple o directamente adopten la ideología socialista, pero sí que adopten el programa socialista (o, más específicamente, el programa de transición).
    Por eso mismo es un callejón sin salida la perspectiva culturalista -que vaya uno a saber por qué Marcelo considera “pedagógica”- en un contexto donde lo que lo que naturalmente tiende a ponerse en primer plano no son la ideología o la cultura sino la política entendida en su especificidad (que, obviamente, no es la especificidad “institucional” que le atribuye el personal político-ideológico al servicio del capital).
    Según el modo de pensar de Marcelo y, en general, de quienes buscan diluir la política en la vida cultural (o la ideología e, incluso, la ética o la moral) pareciera que el “citoyen” francés, con su cultura y su ideología republicanas y democráticas, hubiera sido la causa de la revolución francesa, y no su consecuencia.

  12. marcelo dijo:

    Acuerdo con la idea de que el peronismo tiene tendencias contradictorias en su interior, el tema es si la izquierda va a tender puentes con los sectores más a la izquierda, valga la redundancia, del peronismo o los va a despreciar tildándolos de pequeños burgueses o de máscaras de proa del gran capital. Porque si deciden hacerlo, allí sí,se van a encontrar con formas de construcción política e identidades que la izquierda siempre ha tratado con desprecio. Por otra parte ,no es mi intención diluir lo político en lo cultural, si de tener en cuenta que la práctica política se inscribe en ciertas matrices que están presentes en las praxis y que me parece que es un exceso de voluntarismo creer que se modifican solamente con la construcción de una estructura política.
    Si vamos a dejar de lado la fenomenal construcción de sentido que realizan los medios y los aparatos ideológicos del estado para que el pueblo elija a quienes lo someten no van ni siquiera a adoptar el famoso programa de transición. No me parece apológetico y mistificador que una gran parte de la sociedad haya virado, si se me permite a la expresión, a la izquierda de la mano del peronismo en 1973, es un hecho histórico y un dato político y cultural que se debe considerar, no reemplacemos a la historia con juicios de valor como que el peronismo por ese dato “impresiona” a quien esto escribe.
    Es cierto que se llevaron adelante muchas experiencias de izquierda en Argentina antes de la llegada del peronismo, nadie niega lo específico y lo cualitativo, lo que sí lo cuantitativo te da el poder constituyente porque si no vivimos de recuerdos y de lamentos y al sujeto histórico siempre te lo roban.
    El hecho de que las masas hayan sido construidas en exterioridad por el poder del primer peronismo no significa que no hayan creado identidades que es preciso indagar porque sino siempre las masas van a hacer consideradas “alienadas” y poco esclarecidas y la izquierda sería el relato desmitificador de la engañifa burguesa. La construcciones de sentido que estructura el poder pueden ser eso que la izquierda lee en la realidad y también una opacidad que no se deja someter a ninguna categoría teórica.
    Creo que un análisis de la totalidad es más fructífero que estar separando a la política de la cultura. Pensar que la política se diluye en la cultura es ver a esta nada más como una construcción de sentido que la niega y de lo que se trata es de ver que marcas deja en las praxis políticas que parten de ella.
    Por último Hernán, a mí también me resultó muy gratificante la unidad de la izquierda, y concuerdo con lo que decís sobre las acciones y la estrategia política de la última campaña, es un paso adelante muy significativo, este hecho trasciende las opiniones que he manifestado en este foro.
    Saludos

  13. Pati dijo:

    Marcelo. Estas confundido en varias cosas, te señalo una: En 1973 la sociedad no viró a la izquierda de la mano del peronismo. Lo hizo desde mucho antes, cuando Perón se había rajado a España (ya se que “rajado” y “bazofia” no son términos académicos, perdón). La clase obrera pasa por la experiencia de la “resistencia”, por la lucha en contra de la privatización del frigorifico L. de la Torre, y otras. La pequeña burguesía “vira” hacia la izquierda desde el gobierno de Onganía, que comenzó a atacar sus espacios (universidades). La radicalización de las luchas va mucho más allá del peronismo, me atrevería a decir que es lo opuesto. Las luchas en todo el país en el año 1969, no tuvieron nada que ver con el peronismo. Cuando éste volvió al gobierno en 1973 en alianza con Lanusse, lo hizo para frenar la etapa revolucionaria abierta, y lo hizo. Primero intentó reconducir a las masas por la vía de la democracia burguesa y sus instituciones, no pudo, y propició lo que se vino después.
    Asique no es un hecho histórico, ni un dato político ni cultural.
    Te lo señalo porque si nos equivocamos en el análisis de lo que pasó en los sesenta y setenta, estamos perdidos. Sin evaluar seriamente esa experiencia, vamos a volver a perder.

  14. marcelo dijo:

    Es cierto lo que decís Patti, pero el aparato del control del estado se lo quedó el peronismo, a eso es lo que me refiero. Más allá del estado de radicalización, si lo querés ,del resto de la sociedad. No se deben realizar enunciados absolutos porque todo enunciado es una forma de construcción de la realidad y lo que expresas son los análisis históricos que realiza la izquierda y que entran en pugna con otras construcciones. Nadie ignora la radicalización de las masas por izquierda, si se debe tratar de ver las distintas tendencias que confluían en ese proceso. Dentro de la movilización hacia la izquierda de las masas había un llamado socialismo nacional, que podría ser el de la JP y los Montoneros y otro sector marxista/leninista/trotskista/guevarista. ¿Me equivoco? Esto sin ironía, si es así, corregime. Ese es el conflicto que me interesa analizar con su rupturas, conflictos y continuidades. También como estas dos tendencias dividieron al sindicalismo.

    Te dejo un saludo.

  15. asambleafit dijo:

    Marcelo, primero dijiste que la izquierda “no interpela a identidades ni matrices culturales que este país tiene muy arraigadas”. Después que hay que “poner en conflictividad las identidades que traban un cambio de raíz”. Como señala Martín Argo, en tu planteo las diferentes ideologías que circulan en las masas te parecen como cristalizaciones, situaciones que no se pueden modificar, a las que hay que subvertir desde adentro porque son casi determinantes absolutos.
    Y lo que la izquierda plantea es que esas “identidades” son, primero, creadas por el mismo capitalismo y, luego, barridas por la triste realidad de la economía capitalista. Como dijo Marx, y repitió Marshall Berman, “todo lo sólido se deshace en el aire”, incluso esas ideologías que parecen servir para una defensa del statu quo o para un conformismo conservador.
    La gente es cristiana y se identifica como tal, pero mientras la Iglesia reprueba las relaciones sexuales, el preservativo y la homosexualidad, la gente hace lo que quiere, por más que la Iglesia esté en contra. La gente (la mitad del país) vota a Cristina, pero muchos de ellos también votan delegados combativos en sus sindicatos o en sus facultades, y otros, los de más arriba, compran dólares, desconfiando de lo que pueda hacer el gobierno con la moneda. Es decir que las identidades, así como la economía mundial, también son manteca en el horno.
    Quizá cuando uno discute lo muestra fácil. Ya lo creo que no es fácil, las ideologías conservadoras, reformistas, adaptacionistas, es el pan diario contra el que pelea la izquierda. Pero la confianza en las ideas del socialismo debe provenir de que todo eso tiende a ser barrido por la propia realidad. Tenemos que ser los artífices de esa ruptura, explicando a la gente que la perspectiva hoy es mayor pobreza y más guerras. Que la única perspectiva humana es el socialismo. No podemos adaptarnos a esas identidades, tenemos que buscar, con inteligencia, la manera de quebrarlas.
    Hernán Díaz

  16. Martín Argo dijo:

    Me llamó la atención una frase de Marcelo: “nadie niega lo específico y lo cualitativo, lo que sí lo cuantitativo te da el poder constituyente porque si no vivimos de recuerdos y de lamentos y al sujeto histórico siempre te lo roban”.
    Que lo cuantitativo da poder constituyente me parece una idea insostenible, pero la frase de Marcelo contiene lo que yo considero una clave de la actitud básica del militante peronista, incluso (o especialmente) cuando es (peronista) de izquierda.

    Todo este juego de palabras con lo constituyente, lo destituyente, lo instituyente, etc. se evidencian como puras gárgaras cuando se enfoca la pregunta del millón: De dónde procede el poder en la sociedad capitalista.
    No es necesario abundar, por demasiado sabida, sobre la respuesta que los marxistas damos a esta cuestión. En todo caso, si algo está claro es que el poder no viene de la mera amalgama de las masas detrás de una ideología política o un líder, y los propios peronistas deberían saberlo bien: La carrera de Perón no se inició con una mayoría sino con una política, y no una política “para todos” sino centrada en un “target” muy específico: el de la clase obrera sindicalizada.
    Cuando se empezó a organizar la salida electoral al gobierno Farrell, parecía dudoso que Perón pudiera conquistar la mayoría. La Unión Democrática realizó, por ejemplo, manifestaciones más masivas que el peronismo. El propio 17 de octubre del ’45 tampoco fue tan masivo como llegó a serlo ulteriormente, cuando ya sólo tenía carácter litúrgico. Finalmente, el margen electoral que llevó a Perón a la presidencia fue bastante estrecho, y procedía de un espectro que incluía a la derecha. O sea que lo cuantitativo-electoral -que según Marcelo daría a Perón “poder constituyente”- se mostraba como un factor contradictorio con el la verdadera causa del poder ganado por Perón: la movilización y las conquistas de los trabajadores sindicalizados.
    En resumen: Las mayorías -lo cuantitativo- son el resultado -más o menos efímero, depende el caso- de una política, y no a la inversa.

    Volviendo al principio, la frase de Marcelo me llamó la atención porque envuelve una idea o una actitud muy frecuente en los militantes peronistas, especialmente los de izquierda.
    Lo ilustro con una anécdota: Tuve un amigo -ya fallecido- que había sido peronista revolucionario y que, cada vez que quería lanzar alguna iniciativa ya no política sino cultural (era editor y escritor) sacaba a relucir el siguiente axioma: primero tenés que conseguir los espacios, y después ves qué hacés. Primero conseguimos lo cuantitativo (ya sea la plata para alquilar locales, los subsidios para erigir la orga, los votos asegurados por una u otra fracción del aparato, etc. etc. etc.) y después vemos cómo a ese punto de partida cuantitativo le imprimimos el contenido -lo cualitativo- que decidamos.
    Creo que se ha recorrido una larga experiencia con este modo de pensar y obrar -no sólo el activismo, sino las propias masas- y hoy está mucho más claro que genera antes debilidad que fuerza. De hecho, la abrumadora mayoría de los emprendimientos solventados de este modo son efímeros (de ahí el incesante reagrupamiento de líneas al interior del peronismo en general y del kirchnerismo en particular).
    Hace un par de semanas en un reportaje periodístico escuché a Altamira decir que, cuando un círculo del PO o de la UJS se proponen abrir un local partidario, antes deben hacer una campaña financiera que garantice no me acuerdo si tres o seis meses de alquiler, y Altamira lo comparaba con el modo de operar de los jóvenes kirchneristas: ¿Vos con tres amigos del palo querés poner un local? OK, tomá la plata y ponelo, siempre y cuando te subordines a las directivas superiores de Cristina. Primero lo cuantitativo, después lo demás. Es bastante claro que esos locales en su inmensa mayoría no son sostenidos por la propia actividad y conciencia políticas de las masas -lo cualitativo- sino por fondos que, además de que tan pronto como aparecieron pueden desaparecer (¿o no?) condicionan el desarrollo social y político, la autonomía, de la “orga popular” en cuestión.
    Ejemplos no faltan. Fue aleccionador el brutal planchazo del kirchnerismo el la UBA después de meter “lo cuantitativo” por todas partes para desplazar a la izquierda, sin lograrlo. Es bastante evidente que si se produce un parate en el aflujo de fondos, las aparentemente sólidas orgas kirchneristas -como el propio aparato punteril pejotista- se desvanecerán en el aire, algo que no sucedió con las orgas piqueteras a pesar del sistemático estrangulamiento que sufrieron por parte del oficialismo nacional y de los gobiernos provinciales. ¿Cómo explica esto lo “cuantitativo” del Marcelo? De ninguna manera, no puede explicarlo, como tampoco puede explicar los sucesivos fracasos históricos del peronismo para “conservar el sujeto histórico”.

    Ni hablar de que, como ocurre actualmente con Cristina, “lo cuantitativo” no garantiza “per se” ningún poder. A semanas de ganar el 54% la debilidad del gobierno es visible, y la causa es clara: lo aparentemente mayoritario, cuantitativamente mayoritario, está surcado por contradicciones que son sustanciales, que anulan la capacidad de movimiento del gobierno. Sumar fuerzas divergentes es como si dos caballos tiraran de una misma carreta pero en direcciones opuestas: Puede parecer un aumento cuantitativo (dos caballos son más que uno), pero la realidad es que la resultante es menor a las partes, porque en términos de movimiento estas partes se restan, no se suman.
    Termino con un ejemplo histórico: En el ’55 Perón tenía de su lado “lo cuantitativo” y, sin embargo, no conservó el poder sino que lo perdió. Incluso dentro de las FFAA Perón podía contar con una mayoría adicta. ¿Entonces, qué pasó? Pasó la política, la calidad de una política. La unanimidad del pueblo peronista consistía en mantener satisfechas las necesidades económicas de los trabajadores al mismo tiempo que se los mantenía regimentados, subordinados al respeto de la propiedad capitalista, etc. (algo materialmente factible en ese momento, pero no ahora). Perón podía haber hecho valer su mayoría cuantitativa, pero se abstuvo de hacerlo porque no estaba dispuesto bajo ningún concepto a transgredir los límites que circunscriben, cualitativamente, al régimen capitalista. Su aparente fuerza se mostró como la debilidad que realmente era.

    En fin: Creo que es hora de que los compañeros peronistas que se sienten de alguna manera cercanos a la izquierda, a la militancia socialista/clasista, reflexionen seriamente sobre ejemplos y cuestiones como las que acabo de hilvanar.
    Perdón por la extensión. Saludos.

  17. Hernán Díaz dijo:

    Totalmente de acuerdo con las reflexiones de Martín Argo, y es verdad que esa frase resume buena parte del pensamiento de los peronistas de izquierda. Y ya que estamos con recuerdos personales, cuando yo tenía 13 años tenía un amigo peronista, entusiasmado con Cámpora y Perón. Yo ya era de izquierda y discutíamos interminablemente. Pero ante mi “lógica cualitativa”, por usar el lenguaje que estamos analizando, él se defendía: “Cuando las masas dejen de ser peronistas, yo voy a considerar la posibilidad de cambiar de ideología”.
    Es decir, cuando el militante peronista es sincero, ve las contradicciones del peronismo pero se deja seducir por la “fuerza mayoritaria”. Se pone en lo que yo llamo “posición subjetiva”, que no lo lleva a otra cosa que a una postura conservadora. Todos los argumentos de Marcelo consisten en decir que no sabemos “meternos” en las ideologías “populares” para subvertirlas desde adentro. Y que nos quedamos afuera, con argumentos “lógicos” y aparentemente correctos, pero que no tienen asidero en la política de masas. Creo que de eso estuvimos discutiendo.
    Ahora bien, doy vuelta el argumento y tenemos que aclarar que la izquierda no hace un altar al aislamiento, a la crítica minoritaria, ni a estar “contra la corriente”, por más que un texto famoso de Trotsky se titule así, e incluso una publicación más actual. Creo que no hay que tenerle miedo a estar contra la corriente, pero eternamente me pregunto si TODA la izquierda, en TODO momento, es lo suficientemente sagaz como para saber hablarle a la gente que no tiene su misma idea. Y por eso dije en un mensaje anterior que eso formará parte de una práctica y un aprendizaje, donde la izquierda tendrá que parar más la oreja en la medida en que tenga más responsabilidades políticas.
    Para mí, lo más importante es ubicarse en una postura internacional (y, por ende, internacionalista). ¿Es posible un “capitalismo serio”, como dijo Cristina? ¿El neoliberalismo es un “error” malévolo de los centros financieros, pero será superado por el capitalismo industrialista, que no es del todo bueno, pero no es tan malo como esto? ¿Debemos apoyar los intentos cautelosos por darle un rostro humano al capitalismo? Yo creo que ahí está la clave. Ahí los nacionalismos van a exhibir toda su impotencia por hacer algo diferente a lo que está sucediendo en Europa. Más temprano que tarde, el peronismo de izquierda se va a tener que dar cuenta que el capitalismo es crisis, es expropiación, es mantenimiento de la pobreza, es catástrofe. Otra discusión es cómo nos movemos en referencia a eso, cuánto decimos, cómo lo decimos, qué privilegiamos. Esa discusión es algo así como “la interna” de la izquierda, eternamente. Pero son esos problemas “estructurales” los que van a barrer con todas las ideologías que no sepan adecuarse a la crisis que se va a profundizar cada día más.
    Hernán Díaz

  18. marcelo dijo:

    Lo que todavía veo en los planteos expuestos por los compañeros de izquierda,lo de compañeros no es porque yo sea peronista,como se apuran en etiquetar,lo que no deja de ser sintómatico es la preponderancia que se le da a la base material, frases como que” la realidad barrera con todo” siguen demostrando una conceptualización muy esquemática de la realidad.La materia determina la conciencia es positivismo puro por donde se lo mire.Y que tal si la base material ya está atravesada por lo político-cultural. Creo que mi posición es clara, me interesan los condicionantes de las praxis, no el posibilismo ni el resguardo en ideologías conservadoras o que buscan racionalizar el funcionamiento del capital,como lo es la política del gobierno actual.Pero si ignoramos la relación dialéctica entre el sentido y la materia caemos en el voluntarismo político de pensar que el factor de crisis económica del capital establecerá de raíz una subjetividad nueva con un único modelo universal. Me parece que ha pasado mucha agua bajo el puente para que la izquierda siga analizando la realidad desde la totalidad de las categorías marxistas clásicas.No se llega ni al programa de transición con la idea materialista, simplemente porque se van a abortar las condiciones de posibilidad de una praxis-libre que resignifique lo que han hecho de ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s