Propagandismo, sectarismo y política revolucionaria (una polémica con Rolando Astarita) (por Diego Lotito y Demián Paredes)

Hace pocos días Rolando Astarita escribió un post en el cual critica duramente el comunicado de prensa del PTS publicado tras haberse desbaratado el montaje judicial que hizo el gobierno nacional para encarcelar al dirigente ferroviario “Pollo” Sobrero. En dicho comunicado nuestros compañeros Christian Castillo y José Montes, candidato a vicepresidente y a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires por el FIT, exigen la renuncia del ministro Aníbal Fernández, la destitución del juez Yalj, la apertura de los archivos de la SI (ex SIDE) y la formación de una comisión investigadora independiente que investigue quién y cómo armó la causa, y las relaciones del gobierno con la empresa concesionaria del ferrocarril Sarmiento. En este post queremos responder a sus principales argumentos.

1. Nos dice Astarita: en el mundo concreto en que vivimos, pienso que estas demandas no llevan a ningún lado; y son funcionales a la propaganda que tiende a presentar todo como producto de errores de personas. El sistema en sí no es el problema, lo que fallan son las personas. Aquí habrían actuado mal un juez y un jefe de gabinete, de manera que hay que reemplazarlos; por este camino, podría llegarse a un Estado más democrático, más tolerante, etc. El foco de la atención está puesto en los personajes”. Y agrega: “el ataque a Sobrero no es producto del odio personal de Aníbal Fernández a los ‘troskos’, sino el resultado de una orientación del Estado en defensa del capital”, para sentenciar más adelante: “Todos estos funcionarios no son más que fusibles del sistema (…) Es la vieja política de cambiar algo para que todo siga igual.”

¿Pero esto realmente sería así? Tras haberse desbaratado el escandaloso montaje judicial del gobierno de Cristina Kirchner para encarcelar al Pollo Sobrero y otros compañeros ferroviarios (y esa es la coyuntura concreta en la que estamos), nuestro planteo pasa en primer lugar por desarrollar la movilización en pos de la renuncia de Fernández y la destitución del juez Yajl, un juez (dicho sea de paso) que hizo sus primeras armas en la justicia durante la dictadura.

Decir que nuestra posición es que “por este camino, podría llegarse a un Estado más democrático, más tolerante, etc.” es un invento, porque este objetivo no está desligado de la denuncia y el enfrentamiento con el conjunto del gobierno y el régimen capitalista. Nuestra denuncia a Aníbal Fernandez es una denuncia contra su jefa, Cristina Fernández de Kirchner.

Ahora, le preguntamos a Astarita: imponer la renuncia, en esta coyuntura concreta, de nada menos que el Jefe de Gabinete de CFK, ¿no implicaría una dura derrota para el gobierno? O supongamos, si mediante la movilización obrera y popular se impusiera que el Congreso Nacional, el mismísimo parlamento burgués, destituyera a Fernández –atribución que el Congreso posee desde 1995, aunque no la hizo efectiva en ningún caso–, ¿seguiría todo igual? ¿No sería esto una victoria para el movimiento obrero y popular, y un escarmiento a la burguesía, en tanto y en cuanto su personal político (actual y futuro) quedaría condicionado por una relación de fuerzas más desfavorable respecto a nosotros? Después de haberse desarticulado la patraña contra Sobrero y haber sido derrotado el gobierno, ¿sería o no una nueva derrota la renuncia de Aníbal Fernandez, desprestigiado por esta derrota previa? Sí, lo sería. En este sentido, ¿mejoraría esto la posición de la clase obrera? Categóricamente.

Pero esto no es así para Astarita. Por el contrario, exigir la renuncia del ministro Fernández no sólo no le parece atinado, sino que le parece… ¡“perjudicial”! “Es que no sólo plantea un objetivo que no representa progreso alguno, sino también lleva agua al molino de los que quieren hacernos creer que hoy ‘la lucha por el cambio’ (vaya a saber uno qué es ese ‘cambio’) pasa por disputarle ‘a la derecha’ espacios de poder en el futuro gobierno K.”

El PTS está en oposición directa del oportunismo “de izquierda” que gusta hacer denuncias vacías para sembrar expectativas en las posibilidades de reforma del régimen democrático burgués. Pero también lo está de la posición opuesta, pero igualmente perniciosa: el propagandismo pasivo.

Aníbal Fernandez es el brazo político de Cristina Fernandez. Golpearlo políticamente, exigir y si lo permite la relación de fuerzas, imponer su renuncia, ¿debilita o fortalece al gobierno? No preguntarse esto es renunciar a la política. Al contrario del abstencionismo “principista” de Astarita, arremeter contra el gobierno que acaba de fracasar en un montaje judicial escandaloso contra un referente del sindicalismo combativo y la izquierda, denunciar a sus funcionarios y por ende “trabajar” sobre las divisiones que se insinuaron con la burocracia sindical y el ala “izquierda” del kirchnerismo, es una manera muy concreta de debilitar al gobierno a pocas semanas de las elecciones presidenciales en las que previsiblemente será reelegido por el 50% o más de los votos. No hacerlo, sólo lleva a sostener una posición abstracta de principios. Parafraseando a Rosa Luxemburg, la política de Astarita queda así reducida a “nichtsalspropagandismus” (nada más que propagandismo).

2. Para convencernos de su no-política, Astarita utiliza un fuerte recurso de autoridad: “la posición de Lenin en 1917” ante la filtración de informaciones sobre las “tratativas secretas con los aliados del Ministro de Relaciones Exteriores, Milyukov, para continuar la guerra”. Astarita nos recuerda que las manifestaciones populares lograron en ese momento la renuncia de Myliukov, pero no que los tratados secretos salieran a la luz y que entonces “Lenin argumentó que un cambio de personas no hacía ninguna diferencia, y solo alimentaba falsas ilusiones. Escribía: ‘Todo el gobierno provisional es un gobierno de la clase capitalista. Es un asunto de clases, no de personas. Atacar personalmente a Milyukov, demandar, directa o indirectamente, su renuncia, es una comedia estúpida, ya que ningún cambio de personalidades cambiará algo en la medida en que no cambien las clases que están en el poder” (Íconos contra cañones, frases contra el capital’ O. C. t. 24).”

Astarita se da cuenta de que la situación actual argentina tiene poco que ver con la rusa del siglo pasado y nos dice: “rescato el enfoque de Lenin, anclado en un criterio materialista. Lo central es retener que las orientaciones políticas fundamentales de los Estados y gobiernos no dependen de las personas a cargo, sino de las fuerzas políticas y sociales que los mismos expresan, y los sustentan. Son estas fuerzas las que establecen los escenarios en los que actúan los personajes”. Pero esta aclaración general con la que no podemos más que tener acuerdo, no le da el derecho a Astarita de descontextualizar tan groseramente el pensamiento político de Lenin.

Hay texto y contexto. La situación y los textos que cita Astarita son concretos. El caso Miliukov se da en un momento determinado de la revolución rusa, durante el mes de abril de 1917. Con la entrada de EEUU a la guerra en apoyo de la Entente contra Alemania, la burguesía rusa buscaba abiertamente ser parte del nuevo reparto imperialista. En ese marco, Miliukov, ministro de negocios extranjeros del Gobierno Provisional y principal dirigente del partido burgués Kadete, expone en una entrevista el programa imperial de la Rusia burguesa y terrateniente. Su objetivo era conseguir para Rusia los Estrechos de los Dardanelos, la ocupación de Constantinopla y Armenia, el reparto de Austria y Turquía, la ocupación de la Persia Septentrional, y luego de esta masiva invasión imperialista, como socia menor de la Entente, otorgar graciosamente el “libre” derecho de los pueblos soberanos. Así, por la provocación de exponer abiertamente la política imperialista de la burguesía rusa, comienza una difícil crisis política para el inestable “régimen del doble poder” surgido de la “Revolución de febrero”, con un gobierno en manos de representantes burgueses, terratenientes y socialrevolucionarios, pero con el apoyo del Comité Ejecutivo de los Soviets, hegemonizado en ese momento por los partidos “conciliadores” como los mencheviques.

El plan de Miliukov consistía en conspirar junto a la Entente y el General Kornilov para resolver la situación de doble poder a su favor, es decir, para enfrentar la revolución. La respuesta contra esta conspiración no vino de la cúpula de los “soviets” dirigidos por los conciliadores, sino de las masas, quienes el 18 de Abril protagonizaron una acción histórica independiente. Era un hecho que la figura del ministro concentraba todo el descontento de las masas y el movimiento iba dirigido contra él. En control de los soviets, los mencheviques sostendrán entonces la consigna de renuncia de Miliukov para evitar que se impusiera una salida verdaderamente revolucionaria, que se sintetizaba en la consigna bolchevique de “todo el poder a los soviets”. Solo Lenin luchaba por llevar las conclusiones políticas hacia la denuncia de la guerra como una  carnicería imperialista y el ataque al conjunto del Gobierno Provisional por representar los intereses de la burguesía, mientras los conciliadores buscaron contener el movimiento.

El objetivo estratégico de Lenin –estructurado a partir de sus Tesis de abril– fue desarrollar toda una serie de políticas tácticas, ateniéndose a los vaivenes y cambios bruscos de la situación, que permitieran desarrollar la lucha de clases y la organización independiente del proletariado hacia la conquista del poder político. Y esto lo hace incluso contra los viejos bolcheviques que como Stalin y Kamenev (que vale recordar en ese momento aún dirigían la Pravda), seguían repitiendo viejas formulas y planteando una orientación política conciliadora. Es en ese marco que Lenin se opone a la consigna por la caída de Miliukov. La política de Lenin en abril de 1917, su sentencia de que “ningún cambio de personalidades cambiará algo en la medida en que no cambien las clases que están en el poder”, tenía entonces un carácter manifiestamente educativo para la vanguardia obrera y las masas… A la vez que la actitud de Lenin era opuesta a cualquier aventura para pelear por el poder, combatía duramente cualquier ilusión de las masas en el gobierno provisional.

Todo esto Astarita lo sabe (o debería saberlo). Pero a pesar de ello cae en el despropósito de hacer una comparación entre dos situaciones enteramente distintas (la situación revolucionaria de 1917 en Rusia y la situación no revolucionaria –¿hace falta decirlo?– de 2011 en Argentina), por no hablar de las diferencias insalvables entre el régimen del doble poder y el Gobierno Provisional ruso de abril de 1917 en plena Primera Guerra Mundial…. ¡y el gobierno burgués de Cristina Kirchner!  ¿Cuál es el objetivo de esto? Nada mas que justificar su abstencionismo político.

Para “enfrentar al capital” no alcanza con sacar a relucir algunas citas de Lenin sacadas de contexto… lo que hace falta es orientar políticamente a la vanguardia obrera –y por su intermedio entablar un dialogo con las masas- en las luchas que debiliten y en perspectiva derroten los “centros de gravedad” de la burguesía. Para “enfrentar al sistema” es necesario hacer política revolucionaria.

3. Pero Astarita insiste con las definiciones abstractas: “El aparato de represión contra los socialistas y críticos del sistema, seguirá intacto, en tanto continúe vigente el dominio del capital”. Por ello se horroriza ante los planteos del PTS de formar una comisión investigadora independiente para esclarecer el montaje realizado contra Sobrero o exigir la apertura de los archivos de la SI. Para Astarita impulsar esto “equivale poco más o menos a establecer el control del pueblo y la izquierda sobre el Estado y la clase capitalista. ¿Qué sentido tiene esto?”.

Vayamos por partes: la exigencia de que se forme una comisión investigadora independiente, tiene el objetivo de plantear que la investigación de estos hechos debe llevarse a cabo y no puede quedar en manos de las instituciones judiciales del Estado burgués, totalmente incapaz de investigar seriamente porque la conspiración surgió de sus propias entrañas. De este modo se ayuda los trabajadores a desnaturalizar la idea de que “la justicia es imparcial”, sino que es una justicia de clase, por lo cual no es posible llegar a la verdad de los hechos si no es mediante la independencia absoluta del Estado burgués. Lejos de crear “ilusiones” en las instituciones de la burguesía, esta política las cuestiona abiertamente. ¿Se entiende?

¿Y la apertura de los archivos de la SI, de los cuales el propio Juez hizo referencia en la causa Sobrero? La posición de Astarita es que tenemos que soportar pasivamente que sigan espiando impunemente a los luchadores obreros y populares sin siquiera exigir la apertura de los archivos, porque esta política es vana y siembra confianza en la democracia burguesa. La nuestra, por el contrario, tiene el sentido de denunciar, demostrar, develar, descubrir, evidenciar… que el aparato judicial y los organismos de seguridad no sirven para velar por la “justicia para todos” y para “defender la patria”, sino para defender los intereses de los enemigos de clase y conspirar contra los trabajadores y el pueblo, y que por ello, por ser un arma del Estado contra cualquier (real o potencial) opositor o crítico del sistema, merecen ser disueltos.

Por otro lado, la apertura de los archivos de la ex SIDE es un reclamo central de los organismos de Derechos Humanos con respecto a la dictadura. Aunque parezca mentira que tengamos que explicar esto, esta exigencia es clave hacer consciente a la vanguardia obrera y popular, que existe plena continuidad en el aparato de represión desde la época de la dictadura hasta el presente, que dichos archivos seguramente esconden invalorable información sobre el destino de miles de desaparecidos, que protegen a todos los genocidas participantes de la dictadura que hoy siguen vivos y cumpliendo funciones, que resguardan la identidad de de todos los cómplices civiles (empresarios, jueces, curas) que siguen haciendo negocios o son funcionarios de los tres poderes del Estado.

Este es un planteo estratégico, opuesto al maximalismo “infantil” de Astarita. En el marco de una orientación defensiva que se corresponde con la situación y las propias fuerzas de la vanguardia obrera y la izquierda, esta denuncia y esta exigencia es una política ofensiva contra el régimen, a la vez que educa a la vanguardia obrera.

Solo aquel que no tiene como propósito construir una organización política que luche contra el poder de los capitalistas, puede considerar que la educación de la vanguardia y sectores de las masas obreras no tiene sentido. Así, usando como excusa infantil que atacar a los personeros e instituciones del régimen burgués solo engendra “ilusiones”, Astarita queda preso de la impotencia, auto-inhibiéndose de enfrentar al régimen democrático burgués y los “poderes reales” de dominación del capital… más allá de las denuncias abstractas que haga desde las páginas de su blog.

4. La política de Astarita no sólo es abstracta y abstencionista, también es profundamente sectaria (valga recordar de paso que el sectarismo suele ser la triste contracara del oportunismo, como el que llevó a Astarita a confiar en las bombas de la OTAN para que Libia se “libere” del dictador Kadafi y obtenga “la democracia”, como discutimos acá y acá). Su posición está infinitamente por detrás de la ubicación de los socialistas europeos en el famoso “affaire Dreyfus”, un caso que tuvo un enorme impacto político internacional. Recordemos el contexto: el affaire Dreyfus fue un proceso judicial montado en 1894 por los círculos reaccionarios monárquicos del militarismo francés contra el oficial judío Alfred Dreyfus, miembro del Estado Mayor General francés, quien fue falsamente acusado de espionaje y traición al Estado. Dreyfus fue condenado por el Tribunal Militar a prisión perpetua, sin embargo, el extraordinario movimiento social que se desarrolló en Francia en favor de la revisión del caso, en medio de una lucha encarnizada entre los republicanos y los monárquicos, dio por resultado la absolución de Dreyfus en 1906. El caso dividió a la sociedad francesa a fines del siglo XIX y principios del XX entre dreyfusards (partidarios de Dreyfus) y antidreyfusards (opositores a Dreyfus), creando la crisis política y social más importante de Francia en mucho tiempo. Emile Zola y sus amigos  intelectuales (de diversos sectores pequeñoburgueses), tampoco tenían “poderes” para investigar ni meter preso a nadie como exige Astarita para que se plantee una política como la que levantamos, pero hicieron un inmenso aporte a la lucha contra la reacción clerical, el antisemitismo y el guerrerismo europeo.

Lenin sostiene que esos acontecimientos y la etapa que abren –en la que surge como gran tribuno Jean Jaurés (gran personalidad también reconocida por Trotsky)–, eran después de la durísima derrota de la Comuna de París, la primera vez que se desarrollaba una situación pre-revolucionaria en Francia.

El conformar hoy una comisión de investigación y denuncia independiente del gobierno y del Estado, con trabajadores y representantes del sindicalismo de base, e integrada también por organismos de DD.HH. y personalidades democráticas, que pudiera hacer un décimo, un céntimo, de lo que hizo Zola con el J’acusse (por no hablar de la Comisión Dewey frente al Caso León Trotsky), haría avanzar  enormemente la causa de los trabajadores y retroceder los intentos de represión bonapartista del gobierno de Cristina Kirchner, como se intentó en el caso Sobrero, que ahora, por orden del juez Yalj, pasa a ser investigado por la SI, un aparato que a la vez que hace esto, muy probablemente esté preparando nuevos “platos picantes” para la vanguardia obrera y la izquierda militante.

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Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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