Más apreciaciones sobre el “discurso de la izquierda” (por Jorge Warley)

No me parece a mí que el problema sea “terminar hablando búlgaro en Rumania”; creo que, en todo caso, este peligro ya ha sido sorteado globalmente por la izquierda. La afirmación no quiere decir, por supuesto, que eso garantice una escucha inmediata y de masas para la palabra socialista. No me parece tampoco que el problema sea un cierto desprecio por las formas discursivas; al revés, creo que lo que demuestra la práctica de izquierda del último período es un creciente interés y más o menos rápida asimilación (en las medidas de sus posibilidades, claro) de las nuevas tecnologías y géneros resultantes: el uso del documental, el formato del videoclip, los sitios web y blogs, etcéteras, se han convertido en herramientas de uso cotidiano no sólo para los partidos pensados centralmente, sino incluso para las listas clasistas en los sindicatos, las agrupaciones estudiantiles, los maestros de huelga en Santa Cruz, la convocatoria puntual para la marcha de la Noche de los lápices.

El uso de esos nuevos recursos obliga a pensar que  los “viejos” alguna vez también fueron nuevos, y me parece que, si se hace un poco de historia, la izquierda revolucionaria siempre fue sensible a las novedades tecnológico-comunicativas que posibilitaran la propaganda e influencia de masas. Desde mejores imprentas que posibilitaran la rápida impresión de miles de periódicos, folletos y volantes hasta las rudimentos fundacionales sobre el diseño que desarrollaron los constructivistas para que se confeccionaran afiches “atractivos”, las posibilidades de la radiofonía y el cine, la fotografía, etcétera; la bibliografía muestra preocupados y reflexivos aportes sobre estas cuestiones de Lenin y Walter Benjamin; Antonio Gramsci, Bertolt Brecht y León Trotski, para citar unos pocos nombres célebres. La importancia sobre los “contenidos” y el desprecio por las “formas” y la novedad comunicativa en realidad, vistas desde hoy, fueron una fórmula del estalinismo y los gobiernos burgueses para conjurar las “desviaciones” e imponer un control estricto sobre “aquello que valía la pena tratar” (algo particularmente marcado en el territorio del arte). La paradoja es que estos sectores insistían en la exaltación, vigilancia y predominio de los “contenidos” mientras incorporaban de hecho las nuevas formas discursivas; lo cual demuestra la raíz ideológica y política de la “cárcel expresiva” que el estalinismo y el nacionalismo burgués forjaron y nos dejaron en herencia.

Es en ese contexto que muchos jóvenes y amplios sectores de la población reconocen el “discurso de la izquierda”, algo que los medios comerciales y los comunicadores estándar han convertido en un estereotipo pesado y facilista, no por ello poco eficaz y carente -al menos de una pizca de- verdad. Vivimos en un período en el cual, más allá de la propaganda de la burguesía o además de ella, el marxismo y el leninismo están soldados en la cabeza de millones a las imágenes de las estatuas de Lenin que son derrumbadas a martillazos junto a los ladrillos del Gran Muro, a millones de desesperados hambrientos que huyen de los “estados obreros” de Albania, Rumania y Alemania del Este y a burócratas “comunistas” y mafiosos de la ex URSS y de China que tienen tantos  millones como los magnates estadounidenses, y la ciclópea tarea de los marxistas actuales que siempre han denunciado esa barbarie que poco tiene que ver con la transformación económica, política, cultural y social que se persigue; del mismo modo, el objetivo es  demostrar en los hechos que el “discurso de la izquierda” no es ése que el estereotipo dice que es. El desafío es exhibir y desplegar un discurso libre y creativo, no temeroso de poner el pie sobre aquellos contenidos y formas que no tienen un olor conocido sino de avanzar sobre ellos seguro y ambicioso, para dejar huella.

Una vez más la práctica se le ha adelantado al intelecto, y los dirigentes y militantes del Frente de Izquierda han comenzado este camino comunicativo antes que los intelectuales (los universitarios que, por definición, somos “especialistas en discursos”). Así, estimo que el mejor aporte que podemos hacer, el que de hecho ya cumplimos muchas veces aunque no de manera sistemática ni organizados en un frente común, es el de mirar y analizar lo hecho, y ayudar a que empiecen a sedimentar conclusiones generales que sirven para avanzar sobre lo hecho con mayor firmeza. Quizás más que especular en torno a un discurso convenga disolver tal unicidad en un conjunto más humilde de estrategias discursivas más humildes pero, al fin y al cabo, más útiles e inmediatas.

 

Por ejemplo, me parece que un punto de partida es tomar la noción de aceptabilidad, para ver si puede ser útil para ir mensurar también la “velocidad” con que nuestro discurso puede ir interesando a una población creciente.

 

Posdata: tengo en mi cabeza y mi memoria próxima una serie de ejemplos de apariciones en radio y televisión de dirigentes del Frente de Izquierda, muchas de ellas seguramente serán compartidas por varios, que me parece que sería interesante discutir desde la perspectiva del análisis del discurso, en cuanto a temas y formas, para ir ordenando algunas conclusiones generales.

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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