El debate por el partido. Respuesta a la intervención del PTS (por Eduardo Sartelli)

No es falta de cariño…
En el blog de debate del IPS, la compañera Ariane Díaz responde a mi intervención en El Aromo con una serie de argumentos que vale la pena examinar. Como siempre, antes de empezar conviene hacer algunas aclaraciones. La primera, a la moral hipócrita. Hernán Díaz hablaba de “moral de señoritas” al referirse a la necesidad de evitar los agravios personales, las chicanas, etc. Ariane retoma el argumento señalando que su corriente no acostumbra a debatir de la manera en que yo lo hago, deplorándolo. Alguien que habla de “un balance desorbitado”, que se refiere a mi texto como un “brulote”, me caracteriza como “Juan B. Justo”, hace alusión en forma socarrona al “tono modosito” que yo propondría para la política obrera, se pregunta todo el tiempo si sé de qué estoy hablando, me chicanea con mi ausencia en las asambleas (como si ella no supiera que hay gente que trabaja en horarios nocturnos y como si mis opiniones dependieran de mi presencia y no de la de mis compañeros) no puede seriamente pretender que cumple con las reglas que exige. Por otra parte, recorra el lector todos los debates que he tenido con el PTS y se encontrará con lo mismo. Ariane: somos grandes y nos conocemos desde hace mucho… Es cierto que Hernán Díaz fue bastante más lejos en el arte de tirar la piedra y esconder la mano: “desaforado”, “paranoico”, “santo de los últimos días”, fueron algunos de sus epítetos, lanzados hacia mí en forma personal sin que yo lo haya mencionado en ningún lado ni me haya referido ni a él ni a nadie en particular (salvo a Altamira por razones obvias). No sólo eso sino que hasta propuso nuestra marginación de la Asamblea simplemente porque no pensamos como él. Extraña “señorita” es ésta. Como ya dijimos en otra ocasión, es no sólo una moral hipócrita sino, peor, posmoderna. Presupone que las reglas del “buen discurso” nos precaven del stalinismo, rebajando una experiencia histórica a un simple problema de modales. Y después se ofenden cuando uno habla de mediocridad…
Como en otra muestra de “moral de señoritas” el mismo Hernán ha hecho rodar, maliciosamente, la especie de que yo considero a todos los miembros de la Asamblea como “arribistas, vendelibros, etc., etc.”, vale la pena aclarar también lo siguiente: frente al exitismo con el cual se caracterizó a la Asamblea, hice notar que la mayoría de los participantes eran en realidad militantes estudiantiles y docentes de las corrientes partidarias fundadoras del FIT, lo que achicaba notoriamente las cifras de “independientes” atraídos por el Frente. Hice notar, también, que había un conjunto de figurones y arribistas que firmó su adhesión junto con declaratorias de amor a Cristina. Esto es conocido y reconocido por todos, incluso por la “señorita”. También señalé que lo que “juntó” como “independientes”, son los mismos que en su momento estuvieron en el EDI, la COSODU, la revista Reunión, etc. En ningún momento califiqué a estos últimos de forma peyorativa, actitud limitada a los “figurones oportunistas”. Lo que quería remarcar es que si sacamos a los militantes del PTS, el PO e IS, y descontamos a los que están porque les conviene, la capacidad de atracción del FIT en relación a los intelectuales había sido bien limitada. Es cierto que estuvieron (y están todavía, supongo) gente de gran valía, como Hernán Camarero, Pablo Bonavena, Alberto Bonet, Carlos Mangone, Eduardo Gruner, Agustín Santella y otros por el estilo, pero esos están siempre y no necesitan que nadie los convoque, forman parte del activo militante usual de la izquierda. Si hacemos una cuenta estricta, los intelectuales “externos” atraídos por el Frente son realmente muy pocos, lo que no es sorprendente ni preocupante, sólo llama la atención a cualquier perspectiva exitista, por un lado, y cuestiona la política que el FIT tiene en este campo, por otro. Como señalamos, la Asamblea no dio a sus miembros ninguna tarea distinta de la agitación electoral, lo que se comprende bien cuando, por boca de Hernán Díaz, se nos aclara que en realidad era sólo un “comité de base”. Saludamos (y seguimos saludando) la conformación de la Asamblea de Intelectuales, pero no nos gusta mentir ni que nos vendan gato por liebre.
Te quiero con el alma…
 
No es que no apreciemos el haber alcanzado el 2,5%, simplemente señalamos dos cosas: no es una gran elección midiendo a toda la izquierda; denota una marginalidad política importante: el 97,5% no nos votó. Si no sabemos hacer las cuentas, más vale que aprendamos, porque si no podemos reconocer la realidad no vamos a tener nunca una política revolucionaria seria. Que los compañeros armen un escándalo con esto, demuestra qué mentalidad de minoría minúscula campea en la izquierda revolucionaria. Basta con escuchar a Ariane: ¡Sartelli propone como meta sacar 2.000.000 de votos! Que para Ariane no podamos aspirar al volumen de Binner, es un síntoma claro de lo que digo. Que Ariane considere una tarea inconmensurable (y para nuestras fuerzas actuales lo es) juntar 75.000 firmas empuja en el mismo sentido. Que cada vez que Ariane trata de demostrar arraigo en las masas apele a los mismos ejemplos (Zanón, Zanón, Zanón…), sólo demuestra que no tenemos más que eso (y que la masa de los obreros de Neuquén votó por Sapag…).
Ariane pretende defender el 2,5% por su calidad, es decir, porque es el resultado del voto a tres partidos trotskistas. Se olvida de decir que el programa que exhibieron esos tres partidos trotskistas no fue trotskista, sino democrático-burgués. Quien me acusa a mí de juanbejustista defiende la participación en elecciones pero sólo para sacar el 1,5, porque pretender el 10% ya me transforma en parlamentarista… Es curioso que incluso me quiera pegar al MAS y su “socialismo con democracia”, porque el FIT hizo campaña sólo con la democracia. Zamora, por lo menos, hablaba de socialismo. El democratismo no casual de la compañera se evidencia cuando describe el papel de las elecciones en la lucha revolucionaria:
“Para nosotros la intervención en las elecciones es una táctica en función de la estrategia de conquistar un gobierno de los trabajadores mediante la movilización revolucionaria de las masas, expropiar a los expropiadores y desarrollar la revolución a nivel internacional.”
¿Cómo debe entenderse esta frase? Las elecciones son una “táctica” para conquistar un gobierno de trabajadores. ¿Trabajadores socialistas o macristas? ¿Con las elecciones se llega al gobierno y luego con la movilización revolucionaria se hace qué? Si esto es así, no entiendo por qué es un mejor uso de la “táctica” electoral aspirar al 2,5 en lugar de al 10%. Por otra parte, asumiendo una afirmación que nunca hice (la unidad asegura el desarrollo de la izquierda) y que en realidad siempre combatí en nombre del programa de esa unidad, se extrae un ejemplo que nada tiene que ver con la situación concreta en la que estamos, tomado de la experiencia trotskista francesa, para desestimar el argumento que se le presenta, al mismo tiempo que se exige que se haga un análisis concreto de la situación concreta… Ariane, a quien no voy a explicarle de nuevo que el problema es que las masas no nos votan, no que nos prohíben participar de las elecciones y que, por lo tanto, el desdichado asunto del “milagro para Altamira” muestra no sólo democratismo sino sobre todo derrotismo, me acusa de aceptar la imposición de la burguesía (el piso del 1,5). No parece comprender todas las imposiciones que ella y la dirección del FIT le han aceptado a la burguesía, por empezar, la rebaja del programa al punto de proscribir la palabra socialismo, una campaña puramente sindical y parlamentaria, y, sobre todo, la convicción de que la izquierda puede festejar si supera… el 1,5%. Se pueden adornar las cosas como se quiera, se puede pretender que rechazamos la “intromisión del Estado” en la vida interna de los partidos revolucionarios a través de las internas abiertas, etc., etc. Pero esto no es más que mentira autocomplaciente: esa intromisión no existió en ningún lado toda vez que cada partido y frente fue con candidato único y nadie lo obligó a hacer otra cosa. Dicho más directamente: erramos el sentido de la campaña y encolumnamos a toda la izquierda detrás de un objetivo falso porque nos desesperó la posibilidad de quedarnos afuera de todo sacando menos del 1,5. Lo conseguimos y festejamos. Mientras tanto, perdimos una elección (que habida cuenta del resultado, se transformó en la gran elección) para agitar un programa socialista. Superar el 1,5 con ese programa, conseguir diputados y consejales con ese programa hubiera sido un triunfo.
¿Dónde yace la fuente de la divergencia? En la divergente interpretación que tenemos sobre el 2001. Implícitamente, tanto para el PO como para el PTS, el 2001 no modificó la situación de los ’90, la izquierda revolucionaria no ha encarnado en las masas y hemos vuelto a una situación de marginalidad completa. Para nosotros, el 2001 dejó una enorme masa de militancia y de simpatizantes que supera lo que acaba de juntar el FIT. Buena parte de esos compañeros están con Binner, con Pino y con Cristina no porque amor sino por espanto, porque no quieren ser cabeza de ratón. Para capitalizar esas expectativas, primero hay que demostrar que se tiene un programa distinto de un gobierno que da aumentos de sueldo, que otorga subsidios, que reivindica en algún grado el 82% móvil, etc., etc. Después del 2008 el kirchnerismo salió por izquierda de la crisis del campo. Eso fue lo que desinfló a gente como Binner o Pino y arrinconó hacia la derecha a toda la oposición. Pretender correr a Cristina con más cristinismo no es una buena forma de crear un espacio socialista. No estoy diciendo que hay que eliminar las reivindicaciones parciales de la campaña, sino que un partido que se pretende revolucionario no puede construir una simple alternativa sindical a la izquierda del gobierno. En segundo lugar, esas expectativas generadas por el Argentinazo que el FIT convocó en buena medida sólo con el anuncio de su creación, requieren un continente más amplio que una alianza electoral de coyuntura, requieren un partido que resuma esas fuerzas sociales.
Un guarismo electoral del 10% significaría una victoria táctica (como quiere Ariane) que colocaría al FIT en la conciencia de las masas como una alternativa real. Todo el asunto es cómo llegamos a ese resultado y si es posible con nuestras fuerzas actuales. Lo que está claro es que, con esta mentalidad de chiquitaje no vamos a ningún lado, sólo hacemos evidente que la clase a la que adoramos no nos quiere.
Te juro que te adoro…
 
Ariane pretende que el PTS siempre ha tenido una voluntad unitaria. Mentira. Durante todo el 2002 el PTS se dedicó a boicotear a la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados, tratando de arrimar gente a su minúsculo agrupamiento de “obreros industriales” (que no eran otra que desocupados recientes que por eso tenían la posibilidad de ocupar la fábrica, como Brukman), por supuesto, con Zanón a la cabeza. El PTS dividió fuerzas cuando más se necesitaba la unidad que estaba siendo construida por el resto de las organizaciones de izquierda en la ANT y en el Bloque Piquetero Nacional. Todos sus llamados tienen esta perspectiva: conformar con declaraciones las expectativas de unidad que brotan cada dos por tres ante la obviedad de que la existencia de tres partidos e innumerables agrupamientos con el mismo programa no tiene mucho sentido.
El PO tiene una perspectiva diferente, quiere un PT a la brasileña pero no se considera a la altura para construirlo y está esperando a que algún otro se decida, o alguna circunstancia lo provoque. En ese agrupamiento el PO entraría como tendencia. Esa es la razón por la cual toda invitación proveniente de algún partido de izquierda no es siquiera considerada y todo lo que se dice en esa ocasión tiene el mismo contenido declaratorio que el PTS.
Las diferencias que enumera Ariane entre los tres agrupamientos principales del FIT son puras divergencias tácticas (con los “obreros industriales o con los desocupados”, etc.) que se zanjan en la práctica (ni el PO iba a dejar de ir a Zanón ni el PTS debiera haber dejado en banda a los desocupados) y que pueden ser cubiertas con un comportamiento de fracción (el PO acá, el PTS allá, etc.) Incluso IS no tuvo frente al conflicto del 2008 el mismo apasionamiento que el PCR o el MST, amén de que el propio PTS se colocó en el campo del “campo” en un comienzo y que luego, junto con el PO, simplemente hicieron un saludo a la bandera (“ni con el campo ni con el gobierno”, sin decir en dónde, punto en el que el Nuevo MAS tuvo al menos un inicio de acierto).
Nosotros pensamos que sólo con juntar lo que la izquierda revolucionaria ha construido durante estos años alcanza para la masa crítica necesaria para la formación de un partido revolucionario con perspectivas serias de influir en las masas. Un partido de esa magnitud podría proponerse usar la “tactica” electoral para confirmar esa presencia, para sacarla a la luz y transformarse en un actor real. Es más, el eje de la campaña debiera ser ése: venga a las elecciones a construir el gran partido de la revolución, para enfrentar el circo de Cristina y la crisis que se avecina.
Pero por tu bien…
El eje del debate no tiene que ver con los modales, como si por cantarnos boleros nos va a ir mejor. Hay que ser superficial para quedarse en eso, más aún cuando lo que se nos achaca es compartido y no empezó por nosotros. Tampoco es el eje del debate la inexistente proscripción. El debate debe centrarse en cómo la izquierda revolucionaria puede superar su marginalidad. La propuesta no es llenando de “socialismo” los spots, como quiere alguien que no entiende lo que se está debatiendo. La propuesta consiste en aprovechar el cuadro creado por la aparición del FIT para la construcción de un gran partido de la izquierda revolucionaria. Si las próximas jornadas están llamadas a iniciar ese debate, vamos a participar en ellas con toda energía y buena voluntad. Si de lo que se trata es de entretener a los muchachos mientras llega la fecha de las urnas, mejor “te digo adiós”, al menos por ahora. Porque no precisamos que nos entretengan con engañapichangas para apoyar a una izquierda a la que hemos defendido y seguiremos defendiendo siempre y a la que llamaremos a votar de todos modos, sencillamente porque en ella anida lo mejor de la lucha social revolucionaria en la Argentina. Pero no puede ser que cada vez que querramos decir algo distinto de lo que quisieran escuchar, nos salgan con invitaciones de partida. ¿Queremos un gran partido de la izquierda revolucionaria o un frente que se agota en las elecciones? Eso es lo que hay que contestar primero.
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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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Una respuesta a El debate por el partido. Respuesta a la intervención del PTS (por Eduardo Sartelli)

  1. AP dijo:

    Compañero Eduardo. He seguido a través del blog de IPS su polémica sobre el balance y perspectivas del FIT. Coincido en que el problema de las formas del debate es secundario respecto de su contenido, pero no dejo de observar que con frecuencia la forma que se utiliza para debatir, se usa de ex profeso para encubrir la falta de solidez en los argumentos. Ultimamente se ha puesto de moda el método que yo llamo ‘Tangalanga’, es decir, primero se reputea de arriba a abajo al interlocutor y luego, cuando este reacciona con vehemencia y esgrime una palabra subida de tono, se le contesta, ‘Que boquita’ ‘Que barbaridad lo que me dice’ etc. y se arma todo un escándalo. Este método lo hemos experimentado todos en carne propia alguna vez. Son las perversiones del ‘estalinismo de baja intensidad’ que muchas veces se utiliza para denostar al adversario y fortalecerse frente a la propia base sectaria.
    Comparto varios de los argumentos que presenta y también tengo varias diferencias. Empiezo por lo primero. Hay que saber mirar la realidad cara a cara y no dejarse marear por fantasias exitistas. Hay que reconocer que el 97,5 % de los que fueron a votar no lo hicieron por el FIT y preguntarse por que, tratando de acercarse al asunto con la mayor objetividad posible. Hay que reconocer que el FIT se conformó como una tabla de salvación ante la amenaza de quedar afuera del juego electoral. Hay que reconocer que su programa y agitación electoral fueron enteramente democratizantes y sindicalistas, con el objetivo puesto en meter algún diputado de izquierda. No se puede negar que esto llevó a capitulaciones como el ‘milagro para Altamira’ o el llamado explícito (por boca del compañero antecitado) e implícito en la campaña, a los votantes de CFK para que voten a la capitana del modelo (El ‘capitalismo en serio’) cortando boleta por diputados de izquierda. En otras palabras, una ‘colectora’ informal. Por último, en lo que respecta a las coincidencias con su enfoque, lo que se necesita es la confluencia en un gran partido revolucionario y no un frente electoral (solamente) que solo en este caso podría potenciarse hacia objetivos más ambiciosos, incluido el terreno electoral. Ahora mis diferencias. En la concreta situación de Argentina, los resultados electorales se hallan condicionados por el escaso peso de la conciencia de clase. Puede decirse que cuanto más se radicaliza la agitación electoral el resultado en votos es inverso y se acerca a la real base de influencia de las ideas genuinamente revolucionarias. Este hecho (con independencia de los argumentos banales que se esgrimen para fundamentar que medio millón de personas votaron por un programa revolucionario¡) es perfectamente notorio para los dirigentes de los partidos que integran el FIT. Por ello, la campaña lavada destinada a la supervivencia electoral. Cuadruplicar la elección obtenida, implicaba una devaluación proporcional de la campaña, que por las razones que fuere, no se estaba dispuesto a consumar. Su argumento, Eduardo, de que había que ponerse una meta más ambiciosa, un 10%, y al mismo tiempo radicalizar la agitación electoral, por ejemplo, llamando a la formación de un gran partido revolucionario (cuestión que implica explicar a las masas, que es, que se propone, y con que medios) resulta contradictoria con la realidad que determinó (aún con una campaña lavada) el 2,5 de los votos. En este respecto, mi coincidencia es que en las elecciones se debe agitar un programa revolucionario, mi diferencia es que resultará en menos y no más votos, algo que resulta inaceptable para aparatos que, por un lado, nos dicen que las elecciones son asunto ‘ultratáctico’ y por otro no pueden desprenderse de la teta electoralista del estado burgués. En otro plano. Usted afirma que la raíz de las diferencias radica en una apreciación diferente de las consecuencias del 2001. Los partidos del frente habrían hecho una lectura ‘derrotista’ de la relación de fuerzas emergente y subvaluado la posibilidad de empalmar con una amplia franja de luchadores que se encuentran orgánica y electoralmente desperdigados. Yo, por el contrario, pienso que la evaluación de la lucha de clase que hacen los partidos de izquierda ha sido y es ultraizquierdista. Sugiere una especie de situación ‘prerevolucionaria’ agazapada donde las masas impusieron grandes cambios en la relación de fuerzas y que estallará en cualquier momento frente a una próxima crisis. Me parece que usted tiene puntos de contacto con este análisis, pese a que valore de modo diferente la forma de relacionarse con este acervo ‘potencial’ de la futura revolución. Lo que yo pienso es que, en realidad, la diferencia fundamental pasa por que su propuesta de un partido único de revolucionarios (con tendencias y fracciones en su seno) justificable por cierto respecto de la necesaria unidad defensiva de la clase y potencialmente ofensiva bajo otra situación (aunque habría que ver si el resultado sería un partido o una forma embrionaria de frente unido) no encaja para nada con la naturaleza de los aparatos burocráticos que hegemonizan la escena actual. Una propuesta semejante, que no es nueva, y por la que se ha peleado frente a diferentes instancias, choca de frente con la concepción instalada de partido único (y monolítico) de la revolución. Es esta concepción la que se debe combatir como precondición para la unidad del activismo, existente o por venir. Frente a ello, los aparatos siempre contestan con la citación de llamamientos esporádicos o distintos ‘saludos a la bandera’ , pero la realidad concreta es que en situaciones claves (Me viene a la mente el recuerdo de cuando sendos plenarios obreros sesionaban en Brukman y Grissinópoli y compañeros nuestros deambulaban de uno en otro tratando de gestionar la unidad o la convocatoria del 2004, que pretendía ser un acuerdo de cúpulas y fue rebasada por miles de compañeros autoconvocados que obligaron a sesionar a puertas abiertas) lo que se impuso fue la división en corralitos partidarios. Para terminar, dado que el tema da para mucho más. Parece que usted tiene dudas acerca de que el FIT se convertirá definitivamente en una cooperativa electoral, destinada a ‘activarse’ en vísperas de cada elección, para ‘meter diputados de izquierda en el Congreso’. Esta bien que ‘galanes’ y ‘señoritas’ se den sus oportunidades , pero, por las dudas, si me permite, vaya preparándose para ‘El último café’.

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