A la vuelta de la esquina (por Eduardo Sartelli)

A propósito del ataque personal de Hernán Díaz por mis críticas a la asamblea de intelectuales del FIT

Conocí a Hernán Díaz cuando yo militaba en el PO, en tiempos duros en los que muy pocos se mantenían en actividad y más de uno que ahora grita, en la época triste del menemismo se rascaba con argumentos filosóficos propios de un fundido. No habiéndolo visto demasiado activo en los últimos veinte años y recordando alguna conversación en la que asumía posiciones filo-autonomistas, me sorprendió su repentino ímpetu, incluso su voluntad crítica y su acercamiento a la izquierda partidaria. No es mi intención descalificar sus argumentos, pero siempre es bueno que el público sepa algo de quienes confrontan políticamente. Además, aunque valoro su vuelta a la actividad política, aunque más no sea bajo esta forma, quisiera dejar sentado desde el comienzo que la suya es una mala manera de debatir, porque se concentra en minucias con las que esconde el problema central, a saber: ¿puede la izquierda revolucionaria, en este contexto político y social, aspirar a una mayor presencia en la vida argentina, o tiene que conformarse con guarismos que no superan su experiencia histórica? Dicho de otra forma: ¿el Argentinazo pasó gratuitamente o, como creemos en RyR, dejó un sustrato militante y de simpatías sociales muy grande que espera ser organizado? De eso estamos discutiendo. Ese es el debate que la intervención poco seria de Hernán Díaz pretende esconderle a los militantes que intervinieron (intervinimos) en la lucha reciente.

Eso es lo primero que hay que señalar. RyR, a la altura de sus posibilidades, puso todo su esfuerzo en la campaña: además de organizar actividades con los candidatos y utilizar todas sus publicaciones y medios para agitarla, editó incluso un volante especial, cuatro páginas a color tamaño diario, que repartió por miles. Todo lo pagó de su bolsillo y no le reclamó por ello a nadie. No sé lo que hizo Hernán, además de ir a las asambleas y armar un blog. Tal vez me conteste que él no tiene una organización propia y que sus fuerzas son, entonces, limitadas. Efectivamente: cuando yo me fui del PO no me quedé en mi casa sólo para salir de vez en cuando al CEDINCI a revisar papeles viejos. Construí una organización. Y por eso tengo compañeros, no dependo de convocatorias ajenas. Hablo, hablamos, desde un lugar militante, no desde el púlpito de un fundido recauchutado a última hora.

Sobre la caracterización de la Asamblea, no hay más que escuchar a Hernán Díaz, que la compara con no se qué experiencia de Marx, quien, según él, también tuvo que convivir con “arribistas, vendelibros, figurones y gente que no bregaba por el socialismo”… Si se refiere a la I Internacional, lo primero que hizo Marx fue llevar adelante una gigantesca batalla interna para clarificar programa, separar a los arribistas y conquistar su dirección, no conciliar con ellos. Y cuando no pudo asegurarse su control frente a gente bastante más respetable que esos “arribistas y figurones”, es decir, frente al bakuninismo, la disolvió para evitar que degenerara y no pudiera servir, a futuro, ni siquiera como ejemplo moral. Cabe recordar que el final de la Internacional comenzó cuando Marx se empeñó en sacar un encomio de la Comuna de París, contra la voluntad de los miembros más renuentes, como los sindicalistas británicos. Mal ejemplo te buscaste…

Con respecto al funcionamiento y el sentido de la asamblea, Díaz mismo pone sobre la mesa de qué se trató: la Asamblea de intelectuales no era cosa tal, sino un simple “comité de base” para las elecciones del FIT. Dicho de otra manera, no llega ni a Carta Abierta. Debieran haberlo dicho así y no hubiera habido mayor problema. Denominarlo “asamblea” es violentar su naturaleza: en una asamblea se vota, está para eso, no para consensuar. Lo que no se pudo votar, lo que no se quería votar, Díaz se hace el tonto aquí, no era simplemente la existencia de una publicación en papel. Lo que se quería bloquear era el desarrollo de iniciativas que autonomizaran la “asamblea” del control del PO, en particular, aquellas iniciativas que iban en el sentido de darle al FIT una vida más profunda y más larga que la del proceso electoral. Que el FIT no tiene más vida que eso, Altamira se ha cansado de decirlo. Eso es lo que se bloqueaba con el asunto del consenso. Si Hernán Díaz no se dio cuenta, afirmando ahora su vocación de continuidad del Frente, lamento decirle que hizo el papel de idiota útil y lo sigue haciendo. Despojada de su carácter asambleario, la asamblea no podía ser otra cosa que comparsa electoral. Si hubieran dicho que querían simplemente un “comité de base” hubiera sido algo más serio. Se transformó en una comparsa porque intentaron hacerlo pasar como otra cosa, como un lugar donde los “intelectuales” iban a poder sumarse como tales a la construcción del Frente. La intervención de Díaz nos ha permitido echar luz sobre este punto, demostrando que teníamos razón desde el comienzo, puesto que ahora nos enteramos que la “asamblea” no era “el lugar adecuado para la propaganda del socialismo de los últimos días”. Me queda claro…

Díaz pretende que el 1,5% es discriminatorio y que fue pensado contra la izquierda. Me imagino que Aníbal Fernández debe haber estado meses pensando en los votos que podía robarle a un FIT entonces inexistente y, luego de intensas discusiones con sesudos intelectuales y militantes kirchneristas, imaginó el piso mínimo para evitar que Altamira opacara a Cristina… Y después me adjudica el mote de mesiánico a mí… El piso del 1,5 fue pensado para la interna del PJ, para evitar las colectoras y la dispersión del voto frente a una oposición que amagaba con abroquelarse. El FIT, políticamente, nunca fue un problema electoral para el kirchnerismo, a tal punto que ahora sus militantes están alentando el voto a su fórmula para restarle a Binner.

Mientras por un lado defiende la idea de que censurar al 1,5 es violentar los derechos de las masas, se olvida que son esas mismas masas las que tienen en sus manos romper esa censura simplemente con votar a la izquierda, a quien nadie le prohíbe que se presente a elecciones, como se prohibió a Perón, al que ni siquiera podía mencionarse más que con el título de “tirano prófugo”; todo lo contrario, al FIT, como a cualquier otro partido, no sólo no se lo prohíbe sino que se le paga para participar de los comicios. La proscripción, entonces, no es “más sutil” ahora, simplemente no existe. Paradójicamente, quien me acusa de tener un discurso elitista y para pocos, se congratula de su lenguaje para las masas del … 2,5%. Dejando de lado que no se trata de una cuestión de “discursos” sino de su contenido político, si hay que adoptar una “moral de señoritas” para conquistar a esas “masas”, no quiero imaginarme qué genuflexiones está dispuesto a realizar Díaz para alcanzar, no digamos el 50, sino apenas el 10%…

Ese es el núcleo del problema: detrás del exitismo absurdo de gente como Díaz, que impide reflexionar acerca del grave problema en el que estamos metidos, problema que, sin embargo, tiene un principio de solución, lo que se esconde no es una “moral de señoritas”, sexismo impropio entre nosotros, sino una moral de la derrota. En efecto, quien me chicanea con el tarcusiano argumento de la “secta” (según el cual un revolucionario con principios a los que no renuncia por una elección de mierda, es un profeta autoproclamado que se solaza en su masturbatoria soledad), le inculca a sus compañeros que esto es todo lo que puede hacerse. Decir que esta marginalidad histórica (el 2,5%, se lo mire por donde se lo mire, es una mala elección después de todo lo que ha corrido bajo el puente, de 1983 para acá), es todo lo que podemos esperar, es lo mismo que decir que 30 años (treinta años, no una o dos elecciones atrás) de lucha no han servido para nada. Conseguir “triplicar” una elección miserable como la de Capital, no ya con una campaña lavada sino con una campaña vergonzosa (“un milagro para Altamira”) demuestra, además, la escasa sutileza, por decirlo sutilmente, del análisis de Hernán. El derrotismo profundo que expresa esta concepción de las posibilidades de la izquierda revolucionaria salta a la vista. Derrotismo que es la contracara del exitismo ridículo que campea en este tipo de personajes. Adoptando la moral del fundido, difícilmente podremos aspirar a otra cosa. Mientras tanto, los argumentos centrales de mi crítica no han sido rozados siquiera por el brulote al que respondemos.

En efecto, el problema no es si podíamos sacar el 10% con un discurso “rabiosamente” socialista. Sólo un estúpido cree que la realidad es cuestión de discurso. Lo primero que se señala es que sólo alguien que no confiaba más que en la más terrible de las derrotas, puede alegrarse porque considera un triunfo el superar el 1,5%. Y lo que a renglón seguido se puntualiza, es que para conseguir el 2,5 no hacía falta lavar el programa con lejía democratizante, ni mucho menos apelar a Jorge Rial. Para Hernán Díaz no se podía decir “revolución” ni “socialismo” en spots de 24 segundos. Bonacci, en la misma cantidad de tiempo, hizo una crítica más profunda a la democracia que el FIT, que la reivindicó y llamó a su profundización rompiendo la “proscripción”. Cierto es que el candidato de ultraderecha sacó menos votos que el FIT. Cierto es también que, para la historia, la militancia y el conocimiento social que tenía, medido a la Díaz, hizo una elección espectacular…

¿A qué viene, entonces, el 10%? Se trata de fijarse un horizonte, de ponerse una meta no derrotista, una meta que demuestre que tenemos vocación de protagonismo social y no que simplemente tememos quedarnos fuera del cretinismo parlamentario. Y es aquí donde Díaz hace mutis por el foro, con el argumento propio de todos los revisionistas: hay que aggiornarse, hay que dejar de lado los principios, hay que crear una “Nueva Izquierda”, etc., etc. Porque lo que se dijo no es que un spot diferente hubiera dado otro resultado. Díaz no reconoce la principal virtud del FIT, que es su existencia misma. La conformación del FIT creó un cuadro de intervención y entusiasmo que el derrotismo de su dirigencia terminó cancelando, un entusiasmo que hasta despertó fundidos y los colocó en posición de lucha. La creación del FIT, una hazaña que hay que adjudicarle a Aníbal Fernández, pone sobre la mesa la cuestión central: en un momento en que las masas giran hacia la subordinación al régimen, ¿hay algo que podamos hacer para retener y potenciar la militancia y las simpatías que la izquierda revolucionaria ha cosechado desde fines de los ’90? No podemos crear una situación objetiva que provoque la crisis, pero sí podemos prepararnos subjetivamente para esa instancia que se asoma en un futuro no lejano. Por eso llamamos a la creación de un gran partido de la Izquierda Revolucionaria Socialista: un partido, tres fracciones, varias tendencias, muchas corrientes de opinión. Es una posibilidad planteada por la desaparición del democratismo de Izquierda Unida y el propio protagonismo social de la izquierda revolucionaria. Los tres partidos que conforman el FIT tienen el mismo programa político, no hay razón para que no confluyan como fracciones de una misma organización; muchos “partidos” con programas si no iguales, muy parecidos, podrían constituirse como tendencias en su interior; muchas organizaciones que no alcanzan el estatus formal de partido (como RyR, por ejemplo) podrían desarrollarse como corrientes de opinión en el seno de esa robusta estructura. El efecto que esa unificación organizativa produciría sería gigantesco. Esa estructura podría poner fin a la dispersión y plantearse objetivos que tuvieran impacto político real: con el 10%, Binner se perfila como el gran opositor de Cristina. Hernán Díaz, que me acusa de pensar para pocos, sobre esto no ha dicho nada, salvo que deba entenderse como tal vaguedades del estilo “cada uno, como pueda va haciendo un poquito, aportando nuestros saberes parciales, apropiándose de la palabra izquierda…”. Con esta mediocridad, con este asqueroso lenguaje posmoderno, no llegamos ni a ningún lado. Menos si a ella le adjudicamos la virtud de “renovar” la izquierda, porque resulta que ahora el PO ha cambiado 180º gracias a Tweeter. Menos si se pone como excusa que partidos que hace 30 años que confrontan por el mismo espacio “recién se están conociendo”… Hay que ser mediocre hasta para macanear…

Si evitamos la dupla derrotismo-triunfalismo, si pensamos que el 97,5% que no nos votó no es un territorio inalcanzable sino un continente por conquistar, la Izquierda Revolucionaria Socialista tiene un mundo entero por el cual luchar, un mundo que la espera, a poco que se anime, a la vuelta de la esquina.

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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7 respuestas a A la vuelta de la esquina (por Eduardo Sartelli)

  1. Martin Argo dijo:

    Sartelli pretende sostener un discurso desaforado con otro aún más desaforado. Sartelli se queja porque, según él, Díaz le dedica ataques personales. Pero Sartelli mismo acompaña con una agresividad inusitada una constelación de ¿argumentos? deshilvanados y una catarata de descalificaciones más o menos oblicuas. A su manera, Sartelli confirma los dichos de Díaz acerca de una vieja izquierda gritona, que se cree obligada a decir cualquier cosa (y especialmente las palabras mágicas “socialismo” y “revolución”) en cualquier parte y en todo momento, que no comprende la importancia del tono con que se manifiesta un mensaje, etc. Sobre los contenidos de la ¿respuesta? de Sartelli me resisto a hacer comentarios, en buena medida porque los veo irrelevantes o inconsistentes, sobre todo gratuitamente exagerados hasta la desfiguración, pero más que nada porque no sabría cómo -y ni siquiera para qué- sostener una discusión en un tono ensordecedor como el que emplea Sartelli, que entrelaza un temperamente provocador con una dinámica digresiva incontenible. En fin, soy de la opinión de que Sartelli se tiene a sí mismo -y a su microemprendimiento “vendelibros”, para usar una expresión suya- por mucho más de lo que realmente vale. Creo que Sartelli debería (con)descender al modesto nivel de los demás integrantes de la asamblea, y tratar de interesarse por el significado de palabras -no particularmente socialistas ni revolucionarias, pero de todas maneras importantes- como “respeto” y “fraternidad”.

  2. Joaquín dijo:

    Antes de pasar a mi pregunta en esta oportunidad, me gustaría primero señalar que denominar como hace Sartelli el voto al FIT como “magro” e “inexistente” me parece una falta de respeto tal y absoluto a todos los compañeros/as que han dejado el cuerpo, el tiempo y la paciencia en explicarle a la mayor cantidad de gente posible la necesidad del voto.

    Por otro lado, el último post de Sartelli habla del “ataque personal” de Diaz… ¿cómo puede el profesor hablar de ataque personal de Díaz diciendo de este…
    -No sé lo que hizo Hernán, además de ir a las asambleas y armar un blog
    fundido recauchutado a última hora
    -Díaz se hace el tonto aquí
    -hizo el papel de idiota útil y lo sigue haciendo
    -exitismo ridículo que campea en este tipo de personajes
    -Con esta mediocridad, con este asqueroso lenguaje posmoderno

    Sin ser intelectual ni docente, me atrevo a decir que palabras como las de Diaz y otros tantos compañeros en las asambleas me enorgullecen como alumno de dichos profesores, y palabras como las de Sartelli evidencian la nociva intervención de personajes similares que cuando la izquierda no se une, ¿por qué no se une?, cuando se une y consensua, ¿por qué no vota? cuando vota, ¿por qué no consensúa? y cuando saca el 2,5…. ¿por qué no sacó el 97,5 restante?

    Adelante compañeros. Viva el Frente de izquierda y los trabajadores.

  3. fde dijo:

    sartelli si queres inventá una nueva teoría revolucionaria, una nueva forma de organizacion, un mundo nuevo, pero deja de decir boludeces, vos, tus intelectuales, tu espacio revolucionario de intervención , acotado solo a los q les interesa esta discusion absurda, inutil y sin nada significativo que proponer. tienen sentido acaso las preguntas que te hacés? yo creo que no…1,5 +8 dividido 2 por 36. de qué estás hablando? hacete panadero y pone en la balanza medio de miñones en un lado y del otro biscochitos de grasa, es un buen ejercicio intelectual para vos…
    pd: sartelli qué es un régimen político? quién establece las reglas de ese regimen? pueden existir regímenes proscriptivos? ejemplos?

  4. Diego dijo:

    Dejando de lado el tono excesivamente agresivo de la respuesta de Sartelli, hay que reconocer algunos puntos de su análisis son correctos. En primer lugar el problema de la proscripción de la izquierda. ¿Realmente hay una proscripción? Es difícil responder afirmativamente está pregunta si tenemos en cuenta las distintas proscripciones políticas que afectaron al peronismo, o a la misma izquierda décadas atrás: ¿Algo nos impide votar al FIT? ¿Algo impide militar? Sinceramente, NO. Como indica Sartelli, y en su momento tambien se indicó en la Prensa Obrera, la intención del kirchnerismo con su reforma política, nunca estuvo dirigida al ahogo de la voz socialista, sino más bien, a reordenar el espacio dentro del propio PJ. En ese sentido, esta bien decir que los que proscriben a la izquierda, son los propios votantes, sea por el motivo que sea. A fin de cuentas, si estiramos un poco más el argumento que suele darse en torno a la proscripción, tendríamos que concluir que el kirchnerismo y la propia Constitución, estarían proscribiendo a la izquierda de la presidencia, al exigirle que supere electoralmente a los demás competidores. ¿Alguien estaría dispuesto a salir y gritar “LA CONSTITUCIÓN ES REACCIONARIA, EXIGIENDO MAYORÍAS ELECTORALES, ESTÁ PROHIBIENDO QUE LA IZQUIERDA SEA GOBIERNO!” Yo creo que no, porque sería un papelón antológico. Hablar de proscripción ahora es un papelón (en grado menor), siendo que la izquierda está teniendo la difusión que nunca tuvo anteriormente, siendo que “El milagro por Altamira” fue fomentado por los mismos medios oficialistas, y el FIT en las internas se nutrió de un voto lastimoso, que provino desde sectores que sienten simpatías por el kirchnerismo.
    El problema no es la proscripción (que realmente no existe), sino el poco caudal electoral de la izquierda. Ahora, ¿Es posible que a la izquierda le vaya mejor? Eso da para pensarlo muchas veces. ¿La difusión de un programa combativo, clasista, la conformación de una estructura frentista más democrática, aseguraría que más gente se interesara y votara por el FIT? Yo no estoy tan seguro de eso. Yo dudo que los sectores realmente combativos del movimiento obrero, o de la sociedad, de aquellos sectores comprometidos con la transformación del sistema, no sepan de la existencia del FIT, y si existieran más, nada les impidió votarlo en agosto, ni nada les impide votarlo en octubre. La izquierda para crecer más tendría que aggiornarse verdaderamente, tendría que perder mucho más que la vergüenza. ¿Acaso es un problema de aparatos? ¿La izquierda nunca podrá competir con el justicialismo, y el radicalismo, porque estos tienen un aparato partidario y recursos mucho más cuantiosos que los partidos que conforman el FIT? Sin dudas que esto es así, ¿Pero que se puede hacer al respecto? ¿Tendriamos que pedirle al kirchnerismo que milite por nosotros? ¿Tendriamos que “tranzar” con el capitalismo, con el empresariado, para que financien un espacio que se pretende revolucionario, que pretende abolir el capital? Nada les impide a los partidos del FIT tener cientos de miles de afiliados, y aún así, gente que conoce a la izquierda, gente que sabe sus propuestas, sigue siendo reacio a ella.
    El resultado de la izquierda no es para exaltarse, pero es incierto que pueda irle mejor de otra manera.

  5. Martin Argo dijo:

    Es verdaderamente curioso (por decirlo suavemente) el argumento de Diego para sostener que la reforma electoral kirchnerista no tiene carácter proscriptivo. Su argumento consiste en compararla con la proscripción de Perón, o del yrigoyenismo, etc. Es como si nos dijeran que no hay que armar tanto escándalo por el asesinato de Mariano Ferreyra, que no sería nada -no sería un asesinato político, ni un crimen contra la clase obrera- comparado con las decenas de miles de desaparecidos que causó la dictadura de Videla & Cia.
    Francamente, me parece un argumento vergonzoso. Si las dictaduras de Videla, Uriburu o Aramburu, pudieron llevar su voluntad proscritiva tan lejos fue por las condiciones en que ejercieron el poder. El kirchnerismo (que no es una dictadura, al menos no en el mismo sentido que las mencionadas) muestra una voluntad análoga, pero en condiciones radicalmente diferentes, originadas en el Argentinazo (algo diametralmente opuesto a condiciones originadas en un golpe militar contrarrevolucionario!).
    El argumento de Diego, así, se convierte en una apología del kirchnerismo, que no sería proscriptivo ni nada que se le parezca.
    Se podría conceder a Diego, quizás, que una intención proscriptiva y una proscripción no son lo mismo, en el sentido de que no es lo mismo tender a algo (como es el caso de la reforma electoral kirchnerista) que consumarlo (como sería una proscripción de las que Diego reconoce como tales), pero en política las intenciones, es decir los intereses y objetivos estratégicos, son lo esencial y, en ese sentido, fue más que correcta la denuncia del frente de izquierda contra la intención proscriptiva de la reforma K. Gracias a esa denuncia la izquierda logró superar la intención proscriptiva del gobierno (y gracias a que la superó, Diego puede ahora decir que la proscripción no existió).
    Como sea ¿Diego no registra como una “debilidad” de su “argumento”, el hecho de que proyecto Sur, que cuenta con un bloque legislativo y una reconocida influencia, haya quedado fuera de la elección presidencial, contra su voluntad? ¿No cabe ver en ello siquiera un matiz de proscripción?
    Un último comentario sobre este tema: Dice Diego que la izquierda misma ya había señalado que un propósito original de la reforma kirchnerista era homogeneizar los bloques político-electorales en su propio beneficio. Es verdad, pero no menos cierto es que, después de anular la prohibición de colectoras, el proyecto de reforma electoral quedó reducido a sus características proscriptivas. Lo justo sería que si Diego quiere enrostrar a la izquierda sus propias posiciones (las de la izquierda, digo), al menos tenga la honestidad de considerarlas en su totalidad, y no recortadas a su propia conveniencia (la de Diego, quiero decir).

    Otro aspecto de la “argumentación” de Diego es su caracterización (sartelliana, por cierto) de que los trabajadores, incluso aquellos combativos, rechazan a la izquierda y que ésta debería ser la correcta interpretación de los “magros” resultados electorales del frente de izquierda. Como mínimo es extraño encontrar personas que se consideran de izquierda y usen, sin embargo, argumentos característicos de los enemigos de la izquierda.
    Duda Diego de que “los sectores realmente combativos del movimiento obrero, o de la sociedad, aquellos sectores comprometidos con la transformación del sistema, no sepan de la existencia del FIT”, y opina que “nada les impidió votarlo en agosto, ni nada les impide votarlo en octubre”. Agrega que “nada les impide a los partidos del FIT tener cientos de miles de afiliados, y aún así, gente que conoce a la izquierda, gente que sabe sus propuestas, sigue siendo reacio a ella”.
    Un argumento “profundo” el de Diego: “Si no te votan es porque no te quieren”.
    Pero si así fuera ¿cómo explica Diego, por ejemplo, los casos en que la votación de la izquierda se ha duplicado o triplicado en plazos tan breves como dos semanas o un mes? Estoy pensando en el caso de Cap. Bermúdez, donde las expectativas de éxito suscitadas por los relativamente “magros” resultados de las primarias decidieron a virtuales simpatizantes de la izquierda a efectivizar electoralmente esa simpatía quince días después, duplicando la votación y metiendo así una concejal de izquierda. O la quintuplicación del voto porteño en las PASO, u otros ejemplos por el estilo. ¿Hay una franja electoral bipolar, que pasa repentina o intermitentemente del rechazo al amor?
    Algunos pensamos, al contrario que Diego, que la izquierda no está recibiendo los votos de todos sus simpatizantes, precisamente a causa de los constreñimientos impuestos al proceso electoral por los representantes políticos de la clase capitalista (y entre estas constricciones se incluye la reforma proscriptiva, además del voto útil, el voto clientelar, el fraude, la inmensa superioridad de recursos económicos, etc.).
    En su argumentación, Diego evoca a las personas que luchan por el cambio social, conocen al frente de izquierda y, sin embargo, no lo votan.
    Debería ser obvio, incluso para Diego, que la escala electoral es mucho más basta que la escala del activismo social: Una cosa es hablar de decenas o, en el mejor de los casos, centenares de miles, y otra cosa es hablar de millones y decenas de millones.
    La izquierda ha reconocido ya que su influencia entre los que luchan por el cambio social -o sea, el activismo combativo- se diluye entre los grandes números de la contienda electoral, lo que deja claro que la cuestión no es por qué no nos vota en las elecciones la fracción del activismo que aún se encolumna política y electoralmente detrás del kirchnerismo o proyecto Sur, o de corrientes de izquierda que tributan a uno u otro. La cuestión es por qué la influencia de la izquierda en el activismo no se traduce fácilmente en lo electoral, por qué los trabajadores que nos apoyan en las luchas sociales no tienen éxito en traspasar ese apoyo a otros planos, en este caso el plano electoral.
    En relación a esta pregunta, los últimos resultados del frente de izquierda en las PASO, lejos de ser simplemente “magros”, dan una respuesta alentadora, nos dan indicios de cómo, por qué caminos y con qué métodos, la influencia que la izquierda conquistó en el terreno de las luchas reivindicativas puede traspasarse a una expresión electoral.

  6. Diego dijo:

    OK. Bueno, sinceramente no me parece utilizar argumentos que son propios de los que están en contra de la izquierda. Pero bueno, vayamos por puntos. Es un poco injusto que pretendas igualar lo que dije sobre la proscripción actual, en relación con las proscripciones de antaño, con el asesinato de Mariano Ferreyra y las persecuciones y desapariciones de los sesenta-setenta. En todo caso, la indignación que produce el asesinato de Mariano Ferreyra se deriva del hecho de que fue un ASESINATO, es un crimen y no hace falta discutir mucho sobre eso. Es más justo que lo compares con el ejemplo que te dí: estirando tu argumento, se puede decir que la Constitución te proscribe de la presidencia porque te obliga a sacar más votos que los demás. Después, sí, vuelvo a decirlo: el Kirchnerismo no es proscriptivo ni nada parecido, y no hace falta ser kirchnerista para reconocerlo. No hay nada que impida que la gente vote a la izquierda, tampoco hubo nada que impidiera que la gente votara a Proyecto Sur, y si el FIT no lograba pasar, la reforma electoral, tampoco hubiera sido proscriptiva (¿Dónde fueron a parar los votos de Proyecto Sur?¿Dónde fueron a parar esos votos que le daban esa reconocida influencia? Porque, a fin de cuentas, la influencia te la dan los votos, y si los perdes, también perdes tu influencia). La izquierda no está prohibida, no es considerada enemiga pública (del oficialismo) como sí en su momento fue el peronismo, el yrigoyenismo, o hasta el mismo comunismo. Si las palabras tienen todavía algún sentido, no se puede decir que Proyecto Sur fue proscrito, porque en realidad, lo que ocurrió fue que muy poca gente voto esa alternativa. De hecho, mirá lo poco proscriptiva que es la reforma electoral, que en Neuquen el FIT logró una banca, siendo que las fuerzas por separado en años anteriores había logrado obtener más votos. Con esta reforma, la izquierda sacó menos votos, y aún así consiguió un diputado. Milagros de la “proscripción”. Ni hablar de la publicidad que tiene ahora el FIT, y que precisamente se deriva de esta reforma electoral.

    Despues lo del Consejal de Capitan Bermudez, nada que decir, bueno, que se yo. Un partido vecinalista de Tigre, con menos campaña que el FIT, te saca 5. No sé si da para festejarlo. De todas formas, reconozco que el FIT fue obteniendo mejores resultados después de las internas. En parte, por la lastima que fueron sintiendo algunos votantes en torno a la campaña “Un milagro para Altamira”, y la ayuda de TN, Rial, Pergolini, y Chiche Gelblung, y por supuesto, desde el mismo oficialismo ¿Pero ese crecimiento proviene de sectores realmente combativos? No estaría tan seguro de eso. En todo caso, como huelga decir, los votos no tienen dueño. Habría que ver como le va al FIT en Octubre. Y nuevamente, no entiendo como la Reforma electoral, que te obliga a sacar muchos votos, limite tu capacidad, precisamente de sacar muchos votos. No hay nada que prohiba a la gente que quiere votar al FIT, que lo haga. Dentro del cuarto oscuro cualquier persona puede expresar su parecer. Vos me dirás que existe la extorsión, “si tal no vota al kirchnerismo, los planes sociales se pueden acabar”. Si gana la centro derecha es muy posible que eso ocurra (¿vos te animas a decir que eso es falso?). En todo caso, la gente piensa antes en un plan, o en lo que realmente le conviene (ahí esta su verdadera simpatia, y no en el FIT). Lo importante es lo siguiente: el kirchnerismo no inauguró nada nuevo en cuanto a la limitación del voto de la izquierda. El problema no es del kirchnerismo, el problema está en otro lado. Sí, la izquierda no tiene un mango, ¿eso es culpa del kirchnerismo?

  7. Joaquín dijo:

    Ahora yo me hago una sencilla pregunta…
    Si hay un voto lastimoso, si el FIT “no prende” en las masas obreras, si pasa todo lo que Diego,Sartelli y los ideólogos de la charlatanería dicen…

    ¿por qué CFK se dedica por cadena nacional a la lucha de los laburantes del subte? Es idiota? No se da cuenta que somos un 2,5% y ellos más del 50%? ¿por qué interviene con su aparato y sus figuras más representativas de la juventud K (aparatos también) en la UBA para regimentar la lucha de los jóvenes socialistas? ¿por qué dice “cierta izquierda me acusa de bonapartista…”? Es decir, ¿por qué se preocupa por responderle a la izquierda teniendo tanta gente “más representada” de acuerdo al criterio dudosamente matemático que aquí se está exponiendo?

    Como dice Martín Argo, una cosa es la proscripción realmente consumada (que existió) que una tendencia proscriptiva (que también existió). En este caso lo mismo, la izquierda pone en crisis un discurso kirchnerista que sobrevuela entre elementos contradictorios sin síntesis posible, y eso molesta al gobierno, seamos 2,5%, seamos 2 gatos locos… o seamos todo lo que podríamos ser si el Estado no se encargara co-ti-dia-na-men-te de cercenar nuestras libertades y posibilidades de desarrollo político.

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