La vieja izquierda y la asamblea de intelectuales (por Hernán Díaz)

En un texto desaforado, Sartelli propone algo que realmente no entiendo: pretende que (en 24 segundos de spot televisivo) se realice una campaña por el socialismo revolucionario puro, con clarificación programática y reivindicaciones combativas, porque así… sacaremos el 10% de los votos. Tengo la sensación de que vivimos en países diferentes.

Plantea que la votación del FIT en las primarias fue “magra”, “inexistente”, que sufrimos el “rechazo popular” y que fuimos proscriptos por la misma clase por la que luchamos. Yo creo que la evaluación de los votos tiene un componente objetivo y otro subjetivo: el primero nos indica que el FIT sacó más votos que las fuerzas que la componen, y triplicó votaciones recientes, como la de Buenos Aires. El componente subjetivo indica que teníamos una meta que lograr y se logró: eso alegra a cualquiera, salvo a los “revolucionarios” de los santos de los últimos días.

Sartelli no está de acuerdo en que el piso de 1,5% sea proscriptivo. Quien no saca esos votos, sencillamente “no existe”. Ese es el argumento del Estado. Ahora, ¿por qué el 1,5 y no el 1%? ¿Por qué no el 11%? En este último caso, Sartelli estaría de acuerdo en que hubiéramos sido proscriptos, porque supera su “piso de oro” del 10%. Es verdad que no se trata de una proscripción como la de Perón, sino de otra más sutil: se exigen requisitos ingentes (avales, afiliaciones, escribanos, certificaciones, etcétera) y luego se pone un piso ficticio, fuera del cual no se puede hablar. En la campaña televisiva (que es la única de la que habla Sartelli) no se habló de “proscripción” sino de “silenciamiento”.

Yo creo que efectivamente este piso proscriptivo nació del intento de silenciar a los partidos chicos y, en particular, a la izquierda. La jugada no salió bien por diversas cuestiones: la primera la unidad de la izquierda, la segunda la bancarrota de la centroizquierda. La postura de RyR lleva a pensar que Pino Solanas no fue proscripto y Sartelli no piensa reclamar por su derecho a participar en el debate electoral.

Sartelli cree que definirnos como “izquierda” es demasiado amplio. Y al final de su artículo dice que Solanas y Binner son también de izquierda. Por ser un término amplio, ambiguo, hemos hecho una buena operación de redefinición: hay que volver a plantear que la izquierda son los partidos obreros, socialistas, los de las banderas rojas. Pero justamente por la situación mundial y nacional, apropiarse del término “izquierda” es una operación saludable. ¿Qué propondría, si no, Sartelli? ¿Qué nos llamemos Frente Revolucionario del Proletariado Industrial Socialista? Ah, entonces sí, ahí sacaríamos un 10% de votos.

Tenemos que apropiarnos del término “izquierda” y denunciar a los que se disfrazan como tales, porque son cómplices de la crisis capitalista, y que tienen políticas levemente diferentes al actual gobierno (y en algunos casos, como Binner, peores).

Pero las peores críticas las descarga Sartelli contra la asamblea de intelectuales del FIT. No voy a reproducir sus insultos, pero sólo voy a decir que esa asamblea, desde un principio, se desarrolló con el método del acuerdo consensual, por una cuestión elemental: los acuerdos políticos estaban dados por el Frente de Izquierda y la asamblea quería actuar como un “comité de base” de ese frente. Las iniciativas debían partir (como señaló Sartelli en otro texto anterior, cuando todavía no se había enojado) del sector independiente, porque, evidentemente, el FIT no le había “asignado” una tarea a ese sector. Por eso fuimos avanzando con pies de plomo. El consenso no obedecía a una “conspiración” de partidos sino que era una necesidad por el mismo ámbito en el que nos encontrábamos. Supongo yo que habría muchos militantes, pero también se notaba que había participantes “independientes” e incluso grupos que dijeron alguna que otra cosa discordante, para quien lo quiera entender.

La asamblea de intelectuales debía partir del acuerdo del FIT, porque para eso se había reunido, y avanzar consensuadamente (aunque a Sartelli sólo le gusten las votaciones) en actividades conjuntas. Si hubiera surgido alguna diferencia política o ideológica fuerte, no dudo de que se habría hablado y se habría… votado. Creo que prevaleció la idea, en la mayoría de los integrantes, de avanzar y plantear las cosas “por la positiva” (como dijo un miembro de RyR en la última asamblea).

Según la paranoia de Sartelli, “el argumento del consenso tenía por función que las propuestas de RyR nunca fueran votadas”. En realidad, solamente en una asamblea un miembro de RyR pidió votar algo completamente secundario: la realización de una publicación en papel, y se lo llamó a no reclamar una votación porque se le había dado una solución de consenso, que era empezar con un foro virtual de debate. No hubiera estado mal votar, creo que prevalecía la idea de que no era una diferencia de principios y que se podía allanar dando pasos en ese sentido. La idea de marchar hacia una publicación fue retomada, por lo menos, dos veces por compañeros que no eran de RyR, y no para criticarla. Eso no es “censurar” a nadie. Las demás ideas, no se propuso que fueran “desconsensuadas”, porque se entendió que eran algunas de las muchas que circulan en la asamblea y fuera de ella.

Lo que no hizo la asamblea de intelectuales fue convertirse en “comparsa electoral”. Somos un núcleo que empezó a dar sus primeros pasos. Yo aspiro a que se sostenga por mucho tiempo. De a poco, en la medida en que cada uno pueda y quiera, iremos avanzando en nuestra tarea específica, que es conectar nuestros saberes parciales con lo que le pueda servir a la causa del socialismo. Pero eso lleva tiempo, conocerse, tenerse confianza y saber con qué bueyes aramos. Si para RyR la asamblea consta solamente de algunos arribistas, otro poco de vendelibros y una mayoría de militantes atravesados por las coerciones del centralismo democrático, bien haría en armarse otra asamblea para ellos solos, porque éste no es el lugar que parece adecuado para la propaganda por el socialismo revolucionario de los últimos días. Yo no estoy proponiendo echar a nadie, pero después de lo que han dicho no se entiende bien qué les interesaría hacer en esta asamblea con semejante gente.

Las palabras de Sartelli, que he llamado más arriba “desaforadas”, evidencian que hay gente que se quedó en una vieja izquierda, gritona, insultante, paranoica, que cree que ser “revolucionario” significa hablar de cualquier cosa en cualquier lugar. Yo creo más en lo que se propuso hacer Marx, en una situación semejante a ésta: ser firme en el fondo, pero blando en la forma. Y trabajó codo a codo en una organización llena de arribistas, vendelibros, figurones y gente que ni siquiera bregaba por el socialismo. Y ganó.

La vieja izquierda está acostumbrada a ser infinitesimal y a gritar para compensar su falta de altura. Esa izquierda es principista, porque no puede acceder a instancias de decisión (y no estoy hablando de cargos en el Estado). Piensan que ser “revolucionario” es  ser una especie de gladiador, siempre con la espada desenvainada para “desfacer entuertos”, pero hay dos cuestiones que este lenguaje descuida: uno, el tono beligerante es bueno descargarlo contra nuestro enemigo, el capitalismo, y no tanto contra nuestros amigos; dos, cada época y situación tiene su tono, y estamos hablando de campañas electorales. Estas propuestas que hago alguna vez fueron tildadas como “una moral de señoritas”, y me pareció bárbaro.

Es insensato pretender que un “revolucionario” habla siempre de la misma manera: el estilo recorta también un interlocutor, y los gestos del general, en la paz, se vuelven ridículos. Lo que en un momento parece un padecimiento necesario, al crecer puede transformarse en un defecto permanente. La izquierda, tarde o no, dio un paso adelante, y ahora tiene que, por ejemplo, decir algo en 24 segundos. ¿Qué hubiera hecho Sartelli en 24 segundos, fuera de la chicana del Chapulín Colorado? ¿Recitar con un acelerador el manifiesto comunista, o le alcanza para los cuatro primeros congresos de la IC?

Ya lo dijo Fabián, por RyR, en un mail que se dedicaba a criticar el consenso (pero sin embargo hablaba muy bien de los spots de campaña del FIT) y allí afirmaba que ser “revolucionarios” era confrontar ideas y hablar, como se dice popularmente, “sin pelos en la lengua”. Yo agregaría que hay que presentar las ideas en el momento y en el tono adecuados. De otra manera, no se es revolucionario, sino un confrontador profesional.

Sartelli, vos sabés muy bien que las “pocas ideas para muchos” tienen que tener necesariamente alguna ambigüedad. Al primero que se le ocurrió decir “gobierno obrero y campesino”, seguro le saltó un miembro de la vieja izquierda a reclamar por la vieja consigna “dictadura del proletariado”, cuando la primera era sólo la formulación popular de la segunda. Esa ambigüedad tiene anclajes para su significación fuera de esas pocas consignas: el programa votado por el FIT, las entrevistas en los medios, los periódicos y volantes, las explicaciones de los militantes en la calle cuando piquetean sus publicaciones, etcétera. ¿Alguien en la Argentina pensaba que los partidos del FIT eran otra cosa que lo que siempre fueron? No lo creo, se votó a tres partidos trotskistas. Lo que sí se vio (yo, por ejemplo, los apoyo por eso) es que maduraron una alianza que hace que las diferencias de opinión de todos (los votantes, los simpatizantes, los miembros de la asamblea) puedan ser contenidas, tamizadas, homogeneizadas, en el juego de las divergencias políticas originales de esos partidos. El frente disimula y, a la vez, potencia, las diferencias de sus integrantes, porque ni cada uno de ellos carga con la mochila de los otros dos, ni los independientes tenemos que rendir cuenta por todo lo que esos partidos hacen o harán. Y eso no significa que se deban evitar las discusiones o las diferencias: es la oportunidad de que esas diferencias no sean el eje, por primera vez en nuestra historia. Pero, claro, hay gente que fue mal enseñada y repite los viejos vicios: compañeros, cambiemos.

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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