Balance de las primarias del 14 de agosto (por Grupo de Apoyo al FIT)

Un  balance de las elecciones de agosto, de regreso a octubre.

El dato central que deja el resultado de las primarias del 14 de agosto, para los militantes y activistas de izquierda, es el apoyo recibido por más de medio millón de ciudadanos en un contexto que combinaba diversos elementos desfavorables para la difusión del programa y la posición política de la izquierda radical en argentina.

Las PASO (elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) llegan en el marco de una seguidilla de triunfos de los oficialismos en la casi totalidad de las elecciones provinciales. Estos triunfos expresan cierta cristalización política de un sentimiento conservador que hoy se repite en la abrumadora victoria del kirchnerismo, incluso en distritos donde había sido derrotado pocos días atrás.

Esta relativa estabilidad política, sostenida por una fuerte hegemonía del discurso y las prácticas de la clase dominante (la política del “país burgués normal”), que parecía apenas conmoverse frente a los conflictos sociales y las duramente represivas respuestas estatales que desatan, presentaba un desafío crucial para la política de la izquierda.

La izquierda revolucionaria no puede ser sino la voz crítica que denuncia y enfrenta las contradicciones y miserias del “modelo” exponiéndolas como parte de las miserias que invariablemente engendra del propio capitalismo, y anuncia que esa hegemonía y esa estabilidad no son eternas. Mucho menos en ante un mundo en convulsión.

Porque lo cierto es que más allá de la estabilidad, las PASO fueron leídas como una “gran encuesta nacional”, en la que un sector de la población sintió que se jugaba la necesidad de existencia de esa voz crítica. De ahí lo paradójico de una reforma electoral que intento ser proscriptiva y permitió la mejor elección de la izquierda en los últimos años. La lucha “contra la proscripción”, es decir contra la propia reforma, y la forma “plebiscitaria” de la misma, resultó en un apoyo de masas que la izquierda no había logrado en contextos quizás más favorables.

Pero este apoyo no es una respuesta mecánica, dada de antemano, a la reforma. Es por el contrario el resultado de una serie de acertadas respuestas políticas frente a la situación por parte de las organizaciones de izquierda, y simultáneamente expresión de esas grietas en la tan mentada estabilidad que efectivamente emergen en las luchas sociales,  aunque quieran ser tapadas por el permanente regodeo del discurso hegemónico existente (las luchas docentes en Santa Ccruz, la acción directa de las clases populares para conseguir su vivienda en Jujuy, la creciente camada de jóvenes trabajadores clasistas y antiburocráticos, etc.).
Apoyada sobre los conflictos y contradicciones reales, la izquierda respondió afirmando la unidad de sus principales organizaciones, organizando y acercando nuevos y viejos activistas. El FIT inició una experiencia de militancia conjunta y en frente único de la que carecíamos. Esta orientación se probó necesaria y efectiva, ya que otra seria la situación si hubiéramos decidido enfrentar la reforma de manera atomizada.
Frente a los peligros y posibilidades que abría el intento oficial de reordenar y normalizar el sistema político, todavía sacudido por la atomización y desorganización que dejó sobre el mismo, el cuestionamiento popular de las jornadas del 2001, la izquierda supo responder de forma eficaz.
No obstante, si bien se logro derrotar en gran parte, el peligro de la reforma y su carácter prescriptivo, no podemos dejar de señalar que este se mostró realmente operante, como denunciábamos. A pesar de la contundente elección del FIT no solo por su número total sino por su extensión en todo el país que permitió romper la proscripción en la enorme mayoría de los distritos, los requisitos exigidos para siquiera inscribirse, sumados al piso fijado, marcan que en algunas provincias y localidades no tendremos listas locales para octubre, lo que debilita nuestras candidaturas.

 

Al mismo tiempo y mas allá de las diferencias políticas existentes, no podemos dejar de denunciar que Proyecto Sur, con un escaso 0,9% quedo fuera de las elecciones, quizás pagando los costos de sus propios errores, pero no por eso dejan de ser “proscriptos” por la reforma kirchnerista que jamás enfrentaron consecuentemente. También el MAS que desistió de integrase al FIT quedo sin posibilidades de presentar candidatos. Por último, aunque hayamos superado el piso en esta elección, no elimina este obstáculo para futuros contiendas electorales, ni el antecedente nefasto que supone. Las proscripción solo estará realmente derrotada cuando sea derogada.
Haciendo uso de la fuerza militante acumulada en las luchas de los últimos años, el FIT desplego una campaña clara y fructífera, en un terreno en el que carecíamos prácticamente de experiencia. En los spots televisivos, se identificó como un sujeto con identidad y tradición propia (“nosotros, la izquierda”). El FIT explico la necesidad de su existencia en el escenario político: su capacidad esencial de nombrar y denunciar todo lo que queda silenciado en el juego de la política “normal”, en el enfrentamiento de las facciones de la clase dominante que expresan el gobierno y la oposición patronal.

 

A esa necesidad le dio un contenido claro que se resolvía en la denuncia al carácter antidemocrático/proscriptivo de las primarias que buscaba evitar que se nombrara eso que otros no pueden ni quieren decir: los salarios que no alcanzan, la desaparición de Julio López y el gatillo fácil, las tercerizaciones y contratos precarios, las jubilaciones de miseria. A lo que se suma también un interesante contraposición entre la forma de ejercicio político de la casta político-profesional de los partidos patronales, y las propuestas de salarios de trabajadores para los legisladores y funcionarios (así como la rotatividad, y en menor medida la revocabilidad que aparecían en otras declaraciones pero no en los spot) que sostiene el FIT.
Por eso, y aún cuando sirvió para amplificar la campaña, más que un milagro pergeñado por el dios Twitter, o el resultado de un “voto lástima” como intentan instalar los medios patronales de forma tan interesada como despectiva, lo que hubo el 14 fue una expresión de masas de apoyo a la necesidad de existencia de la izquierda radical y revolucionaria como actor político (sí, podemos decirlo, medio millón de personas califica como masas!). Así los trabajadores y sectores populares que luchan y que enfrentan las contradicciones y miserias del modelo kirchnerista se aseguraron su expresión política en las elecciones de octubre.
Los logros apuntados hasta ahora fortalecen la perspectiva política frentista.  El desafío presente por consolidar el voto de izquierda no es menor. La tarea de los comités de base, y la Asamblea de docentes e intelectuales es elaborar colectivamente -entre las organizaciones partidarias, los grupos de apoyo, y las agrupaciones de base – las tácticas más adecuadas para esta consolidación necesaria, tanto dentro como mas allá del plano electoral.

 

Llamamos a los simpatizantes del FIT que nos han dado su apoyo el 14 de agosto a sumarse a las asambleas y reuniones abiertas, a impulsarlas donde todavía no allá, y a colaborar intelectual y materialmente a la construcción de esta herramienta política.

Grupo de apoyo al frente de izquierda y los trabajadores

 

Agosto de 2011

 

grupodeapoyoalfit@gmail.com

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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