Balance de las primarias del 14 de agosto (por Eduardo Grüner)

Estimados compañeros / as:
Los milagros existen. Dios es trotskista. Me saco el gusto de empezar con estos chistes tontos y obvios, disculpables por la excitación. Sabemos que este triunfo (modesto en número, fundamental en calidad) es producto de algunos aciertos estratégicos, y en ese marco, y sobre todo, de la militancia y la constancia de una gran cantidad de compañeros / as en fábricas, barrios, calles, universidades. Eso -sin duda combinado con una campaña inteligente y honesta que el pueblo entendió perfectamente- hizo que, en lo inmediato, duplicáramos casi el piso restrictivo que nos quisieron imponer, y en algunos casos (como Salta, si no me equivoco) lo más que triplicáramos. Estoy plenamente de acuerdo con lo que dice Hernán Díaz, aunque personalmente no usaría la expresión “voto lástima”. No hubo tal cosa. Tampoco estoy diciendo, irresponsablemente, que todos nuestros votos fueron conscientes adhesiones a un programa revolucionario que, en esta coyuntura de las PASO, no fue en modo alguno el centro de la campaña, como no podía serlo. Tuvimos, seguramente, una cantidad importante de votos sencillamente “democráticos” (me consta, aunque no sea una “muestra representativa”, por mi propio entorno familiar; en la mesa del almuerzo dominguero había ganado el FIT por el 90 %, si bien en octubre saldrá de allí un solo voto, el mío). Pero esto significa que, aunque todavía no pueda ser una opción mayoritaria, la izquierda revolucionaria ya se vive como una opción política perfectamente “normal”, en el buen sentido del término. Hemos logrado quebrar, o al menos erosionar fuertemente, la inercia de un prejuicio ideológico. Fué, sí, un voto “democrático”, pero un voto democrático a la izquierda radical. Porque el “voto puramente democrático” podía haber ido también a Argumedo. Es cierto que ellos, torpemente, no levantaron esa consigna. Nadie ignoraba, sin embargo, que corrían el mismo riesgo que nosotros y que eran una “izquierda” mucho menos problemática y dura. Pero no: se le dio el voto democrático a una izquierda nítida, clara, franca y frontal. Se castigó hasta ponerla en estado de disolución a una falsa “izquierda” brumosamente progre, blandengue, oportunista, personalista e inoperante que pretendía correr por izquierda al gobierno cuando en muchas y decisivas ocasiones estuvo incluso a su derecha (en todo caso, para eso ya estaba Binner). Se prefirió premiar la consistencia y consecuencia de los que no sólo “corren” sino que están, y piensan, por izquierda, aunque no siempre se esté -como no siempre lo he estado yo- totalmente de acuerdo con alguna de sus posiciones. Esto es un cambio del cual, si merece un análisis sobrio exento de triunfalismos fáciles, por otro lado no se puede minimizar su enorme importancia.
En cuanto al contundente triunfo “K”, es harto complejo (vaya a saber cuántos, y cuáles, de los actuales “cruces” permanecerán en octubre) y tendremos que ir analizando la situación muy cuidadosamente. Pero, aquí y ahora, no se puede disimular que es un triunfo arrollador, que expresa al menos dos cosas que muchos veníamos diciendo: a) la oposición de “más a la derecha” es sin duda imbécil, pero sobre todo es innecesaria: prácticamente todas las fracciones de la clase dominante -quizá con la excepción (que veremos cuánto dura como tal excepción) puramente ideológica de los medios monopólicos- han entendido que en medio de las turbulencias mundiales del capitalismo este gobierno dibuja (también veremos por cuánto tiempo) el mejor de los mundos posibles para ellos; b) amplios sectores de la clase obrera, los sectores populares y la pequeña burguesía urbana prefirieron seguir apostando a “lo que hay”: cierto crecimiento económico que produce una ilusión incluyente en el plano del consumo, etcétera. Sabemos que todo eso tiene patas cada vez más cortas, pero por el momento ha logrado producir un fuerte efecto “disciplinador”, ayudado por la simbología (falsaria pero eficaz) de lo “nacional-popular”, el “desacople económico” o los DDHH, todo lo cual no permite aún que se perciba claramente la brecha entre esas pretensiones y ciertas realidades bien menos ilusorias (la inflación, la persistencia y crecimiento de bolsones de indigencia y desocupación disfrazada, la durísima represión a luchas populares como la de Jujuy, etc.). Habrá que tener paciencia, al mismo tiempo empujando todo lo posible para ayudar a una realidad que, me parece, irá cerrando cada vez más claramente esa “brecha” ideológica. El haber podido superar el “peaje” electoral es un gran paso en ese sentido. Siendo, como no nos cansamos de repetir, tan sólo un “momento” de la praxis transformadora, nos va a permitir profundizar lo que ya hemos instalado con nuestra campaña para las PASO: el debate público -sobre el cual debemos obligar a todos los sectores políticos a pronunciarse- sobre si aquí se trata tan sólo de discutir qué capitalismo queremos, o de discutir si queremos el capitalismo. La crisis mundial (con todo lo que podemos lamentar que va a acarrear en lo inmediato en términos de sufrimientos para los pueblos) va a aportar su montaña de arena a ese debate. Entramos en una etapa apasionante.
Este contexto le da a la Asamblea una gran responsabilidad y por lo tanto una gran oportunidad, dentro de los límites de su ámbito. Para empezar, como dice Hernán, se trataría de procurar romper esos límites puramente “intelectuales” o “académicos”. Pero al mismo tiempo, no menospreciar lo mucho que podemos hacer aún dentro de ellos. De aquí a octubre (y por supuesto mucho más allá: hablo de la etapa inmediata) la “batalla cultural” va a adquirir una dimensión fundamental. Los amigos de Carta Abierta hoy están desde luego exultantes, pero en “la mañana después” de la fiesta volverán la resaca y las contradicciones. Durante un tiempo, no va a ser nada fácil: con un triunfo tan contundente, los K nos van a patotear con que somos “gorilas”, estamos a espaldas del pueblo, nunca vamos a entender al peronismo, bla, bla. Bien: a aguantar. Iremos tranquila pero firmemente exponiendo nuestras razones y sus falacias. Tenemos argumentos superiores. Deberemos discutir mucho entre nosotros, elaborar teoría crítica de la mejor que podamos. Y, como ya lo dijimos en alguna asamblea, salir más a la calle.
En fin, el 1ro de septiembre tenemos asamblea, será la oportunidad para discutir todo esto, esperemos que multitudinariamente. Hay dos semanas para trabajar esa reunión a fondo. Después de nuestros resultados, debería ser un éxito. Mientras tanto, y sin por ello cejar en el esfuerzo, festejemos. Nos lo merecemos. Un fraternal abrazo,

Eduardo Grüner

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Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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