Tras las elecciones de capital y de cara a la lucha contra la proscripción en agosto. Un balance desde la izquierda para la acción (por Grupo de Apoyo al FIT)

La gran elección de Mauricio Macri y la pobre elección de Daniel Filmus dejaron a más de uno con la boca abierta el 10 de julio. El perfil conservador del jefe de gobierno y su cuestionada gestión no impidieron que se mantuviera y hasta expandiera su nivel de adhesión en la Capital Federal, frente al candidato kirchnerista que contó con dos colectoras y la buena imagen de la Presidenta a su favor, según las polémicas encuestas.
La polarización impulsada por el Gobierno nacional terminó favoreciendo más al Macrismo que al kirchnerismo, quien después de ocho años de gobernar el país y sumando aliados “progresistas”, ganó apenas cuatro puntos más respecto de la elección del 2007. En este escenario, Filmus le quitó votos a Pino Solanas y a la Izquierda, pero Macri también le sacó a la UCR y a la Coalición Cívica.
Uno de los “grandes” ejes de campaña de Filmus fue la seguridad, marcado por la incorporación de mayor cantidad de fuerzas policiales y mayor represión a las manifestaciones, cosa que no sorprende a los luchadores por el historial del Gobierno, pero que agrega un nuevo elemento de acercamiento con la política de Macri, con la cual tienden a fundirse el kirchnerismo y el resto de las expresiones políticas patronales. En el caso de los K, fue más notorio por el rol asesino que jugó la Policía Federal en el Parque Indoamericano, la represión a los docentes de Santa Cruz en el microcentro y el envío de Prefectura y Gendarmería a la zona sur de la Ciudad en las semanas previas a la elección.
Por otro lado los sectores gremiales estatales que apoyaban a Filmus (la celeste en el conflicto estudiantil secundario, y estatales de SUTECBA, en los distintos hospitales) estuvieron ausentes en los procesos de lucha donde la disputa se daba en relación directa con el gobierno de Macri. No fueron, ni son, una fuerza que peleen de manera consecuente contra Macri.
Así, dos propuestas que se terminaron diferenciando muy poco en la campaña, sumaron el 75% de los votos. Un elemento que muestra la construcción de hegemonía de la clase dominante, ya que ambas propuestas representan de formas diferenciadas los mismos intereses de esta clase. La polarización logra crear entonces una alternativa ilusoria, que esconde que las dos propuestas en juego para los problemas de la población de la clase obrera y sectores medios de la ciudad, no son sino salidas de conciliación de clases, en el mismo marco de la dominación capitalista. Y simultáneamente vuelve inexistentes como alternativa a sectores políticos más minoritarios. Aparece entonces como si no existiera posición política alguna por fuera de estas dos “alternativas”.
Después de todo, la polarización y el “voto útil” que impone, no sólo contribuyó a la despolitización (con formulaciones como la de que “Macri ganó gracias a Pino”, o que “no conviene votar a la izquierda porque no tiene chances”), sino que además fue ineficaz ante la gran elección del PRO que ganó por fuerza propia, sin importar los votos de Filmus, creciendo respecto de los últimos comicios. Al fin y al cabo la polarización no solo creaba una ilusión de clase, sino que en términos electorales era falsa ya que votando a la izquierda o a Pino o a Filmus, Macri saco casi el 50 % de los votos.
El debate en los medios generado a partir de las declaraciones de funcionarios del gobierno y Fito Páez, en las que mostraban indignados y “asqueados” con la mitad de los porteños, da muestras de la impotencia e incapacidad de este espacio de presentarse como alternativa política al gobierno de Macri. Se trata de una salida facilista y autojustificatoria para lidiar con la derrota, más aún habiendo hecho una campaña tendiente a confundirte con tu oponente.
El propio Aníbal Ibarra, ex jefe de gobierno y responsable de la masacre de los 200 pibes de Cromagnon, reconoció el error de Fito (y de los K) en olvidar que ese 47% de votos a Macri probablemente sean los mismos que antes le dieron la victoria a Ibarra y su reelección en 2003.
Es que los sectores que votaron a Macri no solo fueron la gran burguesía de la ciudad o sectores conservadores de la pequeña burguesía, sino también sectores de clase media y trabajadores que también podrían votar al Gobierno de cara a las elecciones nacionales y cuyo error es ubicar a los partidos que representan a los patrones como aquellos que defienden sus intereses, confiados en la relativa estabilidad de la economía que alienta el consumo y el empleo.
Entonces, si bien el PRO es un espacio político conservador y de impronta neoliberal, lo cierto es que necesitó de los votos de todas las capas sociales. La totalidad de los votantes de Macri no representan un voto constitutivamente conservador-derechista (aunque si lo sea una parte sustancial de su electorado). La adhesión de sectores trabajadores y populares fue contradictoria. La conciencia no está directamente relacionada a la posición de clase.
Por más que muchos de los trabajadores de la Ciudad vivan en Provincia o sean inmigrantes sin derecho a votar, eso no alcanza para explicar la baja votación del Frente de Izquierda ni para refutar el hecho de que ambas opciones patronales (Macri y Filmus) recibieron votos de los trabajadores y sectores populares de la Capital.
Un elemento que faltaba en los balances ya realizados, es tratar de definir con mayor claridad que es lo que algunos presentan como una crisis del kirchnerismo, por ejemplo a partir de los escándalos Schoklender o Inadi. Luego de la desbandada que hizo la oposición antes de la presentación de candidatos en las presidenciales, el negocio para sectores del peronismo tradicional, vinculado a la década del noventa que tanto combate el FPV, era entrar detrás de la gran candidata a ganar la elección. Esta (re)incorporación también abre nuevas tensiones dentro de la coalición kirchnerista, al desatar negociaciones y pujas por espacios de poder, dentro de los cuales estos “escándalos” juegan como herramientas de presión. Estos hechos de corrupción desgastan de manera parcial al Kirchnerismo. Por ahora esta crisis no se expresó en políticas antagónicas dentro del propio FPV, aunque la potencialidad de ruptura existe, pero difícilmente se exprese en el periodo electoral de aquí a octubre.
Como balance general, se puede afirmar que entre la estabilidad económica, con sus contradicciones, la polarización entre el Gobierno K y el Macrista, la capacidad de la clase dominante de dar respuesta inmediatas a corto plazo a los sectores populares, conjuntamente con un reducido espacio en los medios, no podía esperarse una gran elección del Frente de Izquierda.
Igualmente no podemos quedar conformes con el resultado porque se podrían haber capitalizado más votos que otras listas ganaron. Zamora es un ejemplo de esto, ya que es parte de cierto imaginario de izquierda, aunque no este parado desde una clara perspectiva de clase. También podría haberse disputado parte del voto “progresista” que representa Pino Solanas, sobre todo cuando en los últimos tiempos desplegó más su oportunismo electoral (llegándole a endulzar los odios empresarios con promesas de control a la protesta social) y no su supuesto progresismo. De la misma forma existía cierta capacidad de poner en cuestión y disputar un sector del electorado que votó a Filmus, puesto que de manera contradictoria se presentaba simultáneamente como el candidato del orden y como “alternativa” progresista al Macrismo.
En este marco creemos que la poca visualización del Frente de Izquierda como opción no se debe a una falta de esfuerzos de sus militantes, sino que se vio dificultado por ciertos problemas en el desarrollo de la campaña, quizás comprensibles frente a una experiencia que es novedosa para la mayor parte de la militancia de izquierda.
La campaña del Frente de Izquierda y de los Trabajadores
Por primera vez en décadas, un sector importante de la izquierda pudo presentar un frente como alternativa electoral para los comicios del 2011. Esta política unitaria no sólo despertó adhesión de militantes no agrupados y de centenares de intelectuales, sino que también se tradujo en la realización de actos conjuntos, actividades de debate, afichadas permanentes, asamblea de intelectuales y artistas, y el impulso de comités de apoyo.
Sin embargo, lo cierto es que la actividad política enfrentó ciertos obstáculos a la hora de la campaña. En primer lugar, el mayor déficit que se presentó durante nuestra campaña es que si bien se constituyó un Frente, no hubo una campaña unificada, requisito indispensable para desplegar el Frente en su plenitud.
Este aspecto es muy importante ya que para que sea atractiva la novedad del Frente es necesario que aparezca con una voz unificada. ¿Cómo explicar que Zamora casi sin militancia logra un mayor caudal de votos que tres organizaciones que tienen inserción social en barrios, colegios, fábricas y universidades? La diferencia cualitativa es que tuvo una referencia de masas, es decir más allá de los lugares donde está inserto. La idea de frente tiene la potencialidad de sumar más allá de la suma de las partes, pero falla en su puesta en acto, al no contar con una acción clara y unitaria.
Este aspecto que no es para nada menor, se reflejó en los afiches, pintadas, mesas, volantes, y la organización de los comités de apoyo. Y llamó la atención porque, entendiendo la trascendencia que tiene para la izquierda este año electoral por su carácter proscriptivo y la importante batalla que da el Frente al constituirse como tal, la campaña estuvo organizada en forma más caótica y descentralizada respecto de otras campañas políticas que las mismas fuerzas y militantes hemos llevado adelante en espacios y debates más acotados (aunque es cierto que existe en estos espacios una mayor experiencia de trabajo en frente único).
Así por ejemplo, mientras las otras fuerzas políticas llevaron acabo su campaña con un mensaje unificado, el Frente desplegó múltiples iniciativas sin un mensaje claro, preciso y unitario.
Si bien es cierto que la elección fue despolitizada y centrada en las personalidades más que en las propuestas, los afiches del Frente tampoco lograron dar un salto cualitativo ya que carecieron de consignas, solamente se enfocaron en instalar los candidatos y se trabajaron principalmente carteles en forma separada, con diseño diferente, pese a que existía un afiche colectivo que tuvo un lugar secundario y de menor tirada. En los casos en los que hubo alguna consigna, se trababa de un tema importante como la lucha por los derechos de las minorías sexuales, pero no existían afiches similares con consignas que abarcaran otros aspectos del programa del frente. Además se trataba de iniciativas de una organización y no del Frente en su conjunto.
En otros afiches, la consigna se reducía a que “la izquierda va de frente”, una idea que no explica mucho qué es lo que tiene para ofrecer la izquierda, más que la unidad, posición que si bien en esta elección se convirtió en un elemento crucial, también es cierto que fuerzas patronales formaron frentes, lo cual no termina de distinguirnos en ese aspecto. Y la “independencia de clase” o el posicionamiento “contra los sojeros” tampoco terminan de ser consignas programáticas para un afiche electoral sino más bien reivindicaciones más adecuadas para delimitarse o un material de propaganda y no para hacer conocer nuestras propuestas.
De hecho, propuestas había varias y figuraban en el programa acordado, como es el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar (5.000 pesos), el establecimiento inmediato del 82% móvil y las retroactividades correspondientes, el reparto de las horas de trabajo disponibles entre el conjunto de los trabajadores y la formación profesional a cargo de las patronales, para poner fin a la desocupación, el fin de la tercerización, ingreso a planta permanente, vigencia del convenio más favorable en todas las empresas, y el no pago de la deuda externa, entre otros puntos centrales.
Con los volantes sucedió algo similar. No hubo un material unificado y cada organización trabajó materiales diferentes. Así mientras algunos se centraron en el currículum de los candidatos, otros en las propuestas. Creemos que lo principal era dar a conocer nuestras propuestas, pero no se pudo hacer de manera unificada y clara, puesto que tampoco estaba acordado en qué ejes hacer foco (si bien algunos materiales eran muy buenos).
En cuanto a los comités de apoyo, los mismos enfrentaron ciertas dificultades en su desarrollo. Pese a la expectativa que los mismos despertaron en activistas simpatizantes del Frente, como quienes escribimos, en varios casos fue difícil mantenerlos en el tiempo por malos entendidos o falta de acuerdo entre los impulsores. El comité del Joaquín V. González es un ejemplo de uno de los comités que sí pudo funcionar, pero no representa la experiencia del resto de los comités por lo que pudimos observar y conversar, debido a que en algunos casos se reunieron una sola vez y no llegaron a desprender tareas. La proliferación de estos comités no debería estar ligada solamente a la participación activa de agrupaciones externas al Frente, sino que es una experiencia que puede permitir dentro del acuerdo político y la descentralización, la unidad en la acción del conjunto de los militantes y simpatizantes del Frente, y que las masas tengan una visualización general de ésta. Los participantes pueden ser solamente los miembros de las fuerzas que tomen iniciativas conjuntas para sumar nuevos compañeros, así como también para organizar parte de las tareas de campaña (pegatina afiches, volanteadas) en común. En este sentido la iniciativa de los comités de sacar sus propios materiales conjuntos es saludable para tener la una llegada de masas mayor.
El caso de la Asamblea de Intelectuales es para destacar porque significó un paso muy importante, pero su convocatoria posterior, como lo reconocen las propias fuerzas, fue menguando y su principal tarea se limitó a alcanzar una solicitada y recaudar financiamiento, cuando el espacio tiene todavía la potencialidad para llevar a cabo muchas más tareas y de mayor envergadura como puede ser la organización de una gran jornada de debate que convoque a un amplio público para dar a conocer las posiciones del Frente.
La experiencia de la Asamblea de Intelectuales se puede aprovechar también en otro sentido, puesto que esta misma política podría perfectamente emplearse para nuclear a los diversos frentes políticos (obrero/estudiantil/barrial/género/intelectual) en Asambleas o Comités del Frente de Izquierda a nivel regional, que permita organizar la toda la militancia y al activismo no agrupado por zona geográfica, dando un salto cualitativo sin desconocer el rol protagónico que tienen necesariamente las organizaciones que formaron el Frente.
Estos espacios, servirían para atraer un sector de activistas y simpatizantes que buscan espacios de militancia en el Frente y llevar a cabo balances colectivos de las últimas elecciones para debatir cuáles son los próximos pasos ante las primarias proscriptivas y la elección nacional que tenemos por delante. Esto es fundamental para fortalecer los puntos débiles que tuvo hasta ahora nuestra campaña, en la cual si bien llenamos de afiches la Ciudad, se mostró como insuficiente para expandir nuestras ideas entre el electorado, más aún en un escenario donde la disputa será nacional.
Evidentemente, todavía tenemos que redoblar la presencia como Frente en las calles, los barrios, las facultades y los espacios de trabajo para discutir nuestro programa con los vecinos, los trabajadores y los estudiantes. Y para ello, es fundamental tener un material común del FIT, que atendiendo a las particularidades de cada frente, pueda expresarlo en base a los acuerdos existentes y que no son pocos.
De cara a las primarias es importante poder salir a dar el debate fuera de la polarización existente, capitalizar los votos de las opciones que no tienen candidatos para las nacionales, visualizando en cada caso desde una perspectiva de clase como presentar el frente como una alternativa consecuente de izquierda, de lucha, y de crítica profunda al régimen.

Grupo de Apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
Julio del 2011

Matías (revista Contribución a la crítica), Agustín (revista Nuevo topo), Guillermo P. (Contribución a la crítica), Johny (estudiante Comunicación BA), Juan Pablo, (estudiante Política, UBA), Javier (estudiante Política), Facundo R. (estudiante Política), Facundo B., (Contribución a la crítica).

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Acerca de asambleafit

Blog de la Asamblea de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al Frente de Izquierda y de los Trabajadores
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